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entrevista


José Vásquez en el rodaje de Istoria sin h

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En Apure nace un cine marcado por la diversidad
 

Dos películas de Apure se vieron en la temporada de festivales de cortometrajes venezolanos de finales del año pasado y de comienzos de 2010: Istoria sin h de José Vásquez y En los zapatos de un niño de María Alejandra Marchena, que ganó una mención honorífica en el Festival de Barquisimeto. Un tercer corto de esa región está por estrenarse, Gracias, negrito de Laffit Monasterios, y se halla en preproducción otra película de Vásquez, La bala muda. Hay también cintas amateur, que graban sobre todo los universitarios, pero esos dos son los trabajos que han trascendido. Vásquez los califica de profesionales para distinguirlos, por la formación, de los que trabajaron en la realización. Entre ellos están Josué Saavedra, en el sonido del corto de Marchena, y el profesor de actores Karl Hoffmann, que actuó y colaboró en la película de José Vásquez, que tuvo como sonidista a Carlos Bolívar.

También hay gente de la región que se está formando desde que la Cinemateca Nacional instaló una sala en San Fernando y comenzaron a realizarse también actividades para enseñar a hacer cine en Apure. María Alejandra Marchena dictó un taller de producción y varios de los que lo cursaron se incorporaron a En los zapatos de un niño en esa área. También como asistentes de cámara e iluminación. Otros han aprendido a hacer haciendo: hay un boom-man que trabajó con los profesionales que vinieron de Caracas, y ha seguido por su cuenta. También ocurre que el director de un corto hace la fotografía de otro, y viceversa. Pasó en el caso de José Vásquez y Laffit Monasterios.

Miradas diferentes en un mismo lugar

Haber sido realizados de forma independiente, o con apoyo de empresas e instituciones regionales, en un estado que es rural por antonomasia y lejano de Caracas, sin una tradición de cine conocida en el país, es el único rasgo común de ambos cortos. La película de Vásquez, quien hizo cine Súper 8 en los años ochenta y publica el semanario Semana Hoy en Apure, trata de la relación de un escritor con sus personajes. Juega son la ficción dentro de la ficción. Un niño campesino que anhela tener un par de zapatos nuevos es el protagonista del corto de Marchena. Pero ambos tuvieron que encarar los clichés consagrados por una tradición de representación de la realidad de Apure que se remonta a la novela Doña Bárbara (1929): el llanero como hombre a caballo y la vaca como indicador económico.

La imagen que tengo de mi tierra es la de la sencillez. Se ve mucho también en lo plano: puedes ver a kilómetros a la redonda. Eso me da una sensación de sencillez, y de pureza y de transparencia, porque puedes ver más allá de lo que puedes ver en una ciudad. Más allá de los edificios e incluso de las montañas. Si tienes una montaña al frente no puedes ver más allá, a menos que estés en la cima. Eso era lo que yo quería que en algunas imágenes se plasmara: la inmensidad”, dice la realizadora, que trabajó en la producción de Huelepega (1999) y Punto y raya (2004) de Elia Schneider, entre otras películas, y que está radicada desde hace ocho años en España, donde cursó estudios de posgrado.

En el rodaje de En los zapatos de un niño Marchena descubrió un elemento característico del paisajede la zona que no figura en la iconografía apureña oficializada. Se trata de un árbol. “El samán fue para mí una sorpresa. En el guión tenía un árbol, que tenía que ser cinematográfico de alguna manera, pero no tenía claro que fuera un samán. Cuando llegué me lo encontré como un símbolo de allí, de Apure, sobre todo de donde estuve rodando, que no es muy lejos de San Fernando, la capital. Incluso hay una escena en la que hay muchos samanes. No me pareció un cliché utilizarlo porque no lo había visto mucho, por lo menos en documentales”, dice.

José Vásquez, en cambio, se decanta por un cine apureño con aspiración universal: “Desde el principio no quise hacer una película de una zona. Puede pasar en San Fernando, o en Caracas, o en Nueva York o en Francia. Quiero que se vea que Apure puede ser escenario de cualquier historia que no sea de un llanero a caballo detrás de una vaca. Tampoco los personajes tienen un rasgo definido de ser de alguna parte del mundo. Les pedí a los actores un acento neutral”.

La diferencia con respecto a ese último detalle es significativa en el corto de María Alejandra Marchena. Ella trabajó con no profesionales. El que hace el papel del niño protagonista es un estudiante de una escuelita rural, el padre es peón del fundo en el que filmaron y el abuelo, el dueño del fundo. Captar la forma de hablar característica de la zona era importante para ella.

Como me crié en el llano sé muy bien cómo habla la gente. Sobre todo en el campo, porque en San Fernando, la capital, no se habla tan así. Que tengamos tantos acentos en el mismo país es para mí algo muy valioso que hay que rescatar para que la gente lo oiga. En las películas venezolanas que he visto no he escuchado mucho cómo habla el llanero. En el guión escribí como yo sabía que pronunciaban. Sin embargo, aunque quería afincarlo más en la interpretación, a veces se me escapaban. Decían una cosa por otra, y yo dejaba que hablaran como ellos lo hacen”, cuenta.

Negocio independiente

Hay un aspecto de la Ley de Cine de Venezuela que todavía no ha sido llevado a la práctica: la creación de los fondos regionales de cinematografía, que descentralizaría la gestión y el financiamiento. ¿Qué opina un cineasta apureño de eso? “Todos los fondos que se creen para darle apoyo al cine son necesarios. Hay que intentar que haya un abanico enorme de posibilidades”, responde José Vásquez.

Pero él se decanta por otra forma de hacer cine: “Lo que tenemos que hacer es ir a las salas y ver qué es lo que quiere el espectador. No puede exigirse al gobierno que te dé 2 millardos de bolívares para recuperar 500 millones. No podemos seguir pensando que esto no es un negocio. El quiere hacer cine, y quiere que se le proyecte en la gran pantalla, debe pensar pensar un poco como comerciante. Hacer un cine algo taquillero no quita que te metas en las entrañas de lo que quieres hacer. También tenemos que pensar un poco en la independencia. Hay que meter a los actores como productores; ellos tienen que empezar a mojarse. Si el guión es bueno, todos pueden ser productores . Si no, nos vamos a quedar esperando cuatro o cinco películas bien pagadas, y más nada”.

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve



 


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