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"Eric Rohmer era tan
ahorrativo que con 50 minutos de película hizo un filme de 56
minutos"
El deseo de ser intimista y transparente marcó el estilo de Eric Rohmer, pero también razones económicas. “Su estilo particular surge
de una experiencia pragmática: al comienzo de su carrera profesional
tuvo muy poco dinero. Godard le regalaba película. Eric Rohmer era
tan ahorrativo que con 50 minutos de película hizo un filme de 56
minutos”, dijo Diane Baratier, la directora de fotografía de sus
últimas nueve cintas, incluidos dos de los filmes de la serie
Cuentos de las cuatro estaciones: Cuento de verano (Conte
d'été,1996) y Cuento
de otoño (Conte
d'automme,1998).
“Cuando
hicimos los exteriores de Cuento de verano
vivimos todos en la misma casa.
Tenía nueve habitaciones: una para el ingeniero de sonido, otra para
su asistente, una para la productora, otra para él, un cuarto para
su asistente, uno para mí, uno para la script y dos para los
actores. Siempre había dos actores en la pantalla. Esa era un poco
la idea rohmeriana de la logística, que tiene que ver con su
estética”, contó en un foro que se realizó en el Centro Cultural
Chacao, como parte de una programación en homenaje al cineasta de la
Nouvelle Vague
francesa fallecido el 11 de enero. Agregó que para Rohmer era
importante también la ligereza del equipo, que le permitió en ese
filme rodar en una playa llena de gente, sin que nadie se detuviera
a verlos. Por eso utilizaba cámaras de 16 mm y más recientemente de
video también, además de 35 mm.
Baratier era una asistente de cámara que envió su currículo con una
foto a Rohmer, quien había tenido entre sus directores de fotografía
a Néstor Almendros, ganador de un Oscar, pero se hizo célebre por su
apoyo a los jóvenes. “Nadie confiaba en mí y él me contrató a los 29
años de edad, y eso cambió mi vida profesional.
Ahora, cuando ha fallecido se reconoce su grandeza. Pero cuando
estaba vivo había dificultades para reconocer el valor de su cine”,
dijo.
En
cuanto al estilo de Rohmer, ella lo caracteriza de la siguiente
manera, luego de confesar que no es muy buena para lo teórico: “Se
reconoce en la dicción de los actores. Él escribía siempre sus
propios textos y exigía a los actores que los dijeran con buena
articulación. En cuanto al encuadre, prefería la ventanilla 1,33:1.
Lo demás es atmósfera... Es como los filmes de Almodóvar: siempre se
reconoce que es un filme de Rohmer. Podría hablar con más detalle
del montaje y de la música, pero en todo caso es un cine que se
reconoce por lo personal. La suya es una estética muy simple,
elegante. Y siempre tiene más o menos el mismo estilo de fotografía.
Sea cual sea el director de fotografía, inmediatamente se reconoce
que es una película de Eric Rohmer”.
En
ese estilo no tenía mucha cabida la libertad. Los actores podían
decir el texto como quisieran, pero tenía que ser exactamente lo
escrito en el guión. Al director de fotografía le decía: la imagen
debe ser bella y no debe haber sombras. “No debía destacarse más que
el texto, para no ser un filtro entre el espectador y la historia
misma”, dijo Baratier, y agregó: “Tenía libertad sobre todo en
la preparación, cuando se tomaban las decisiones. Cuando empezaba el
rodaje no había nada que cambiar”.
Pablo
Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve
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