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Eduardo Schuldt

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"Nuestros presupuestos son de entre 50 y 120 menos que una superproducción"
 

 

En la cartelera venezolana hay una película de animación peruana distribuida por la 20th Century Fox: El delfín: la historia de un soñador. Es el tercer largometraje animado que hace el director Eduardo Schuldt en Perú, después de Piratas en El Callao (2005) y Dragones: destino de fuego (2006). Esas dos películas estuvieron basadas en libros de Hernán Garrido Lecca, y la tercera lleva al cine el best seller homónimo de otro escritor peruano, Sergio Bambarén, que ha sido traducido a más de 40 lenguas.

El delfín relata la historia de un joven ejemplar de esa especie que decide abandonar las aguas seguras en las que se ha criado para buscar su destino en mar abierto, que es correr una enorme ola. Hay similitud en ello con Buscando a Nemo de Disney-Pixar (2003), dirigida por Andrew Stanton, el realizador de Wall-E (2008). También con Surf’s Up de Ash Brannon y Chris Buck, de Sony (2007). Pero si bien las diferencias en la calidad de la animación podrían pasar inadvertidas para el ojo del público general, hay otras distinciones más marcadas en la historia: se prescinde, por ejemplo, de las analogías entre la vida de los animales y la clase media cinematográfica, que es el patrón con el que Hollywood mide a toda la humanidad, y se opta por un discurso más cercano a las obras sobre crecimiento personal, con un gran reto que el protagonista debe asumir en solitario. Es, como dice el subtítulo, una película sobre un soñador que se encuentra eso su yo interior, siguiendo una misteriosa voz. 

Vértigo aprovechó la ocasión del estreno de la película, que fue entre el 8 y el 9 de octubre en Perú, Venezuela, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México y Panamá, según Internet Movie Database, y que del 30 de octubre al 3 de diciembre llegará a nueve países más de América, incluidos Jamaica y Trinidad.

 

El delfín se subtitula La historia de un soñador. ¿Es cosa de soñadores hacer cine de animación en Perú?

 

—En Perú totalmente, y creo que en cualquier parte del mundo. En Latinoamérica es mucho más complicado por una cuestión de presupuestos y todo eso. Definitivamente uno tiene que soñar con la animación. Te tiene que gustar mucho, además; tienes que ser apasionado en eso. Hacer cine de animación en el Perú es para soñadores.

 

—¿Qué le llamó la atención del libro de Sergio Bambarén?

 

—Me identifiqué inmediatamente con el personaje. El libro te dice que debes seguir tus sueños y luchar por ellos. Yo, a los 12 años de edad, hacía con mis primos y amigos películas de terror con una cámara de video antiquísima que teníamos. En el colegio hacía comics. Fue algo que siempre me gustó, y poco a poco me empezó a gustar muchísimo la animación. Fui entrando a ese mundo y me di cuenta de que eso era lo que quería hacer: películas de animación. Muchos de los amigos y primos con los que hacía esos comics y esas películas de pequeño tal vez hubieran querido hacer lo que les gustaba hacer, pero las familias o los padres les decían que no, que debían estudiar una carrera tradicional, tal vez derecho o administración. Muchos de ellos hoy en día me dicen: “Me hubiera encantado seguir eso que nosotros hacíamos en el colegio y que era maravilloso”. Yo creo que nunca es tarde. Puedes empezar a cualquier edad a hacer lo que soñabas.

 

El delfín relata una historia más universal que las de sus películas anteriores. ¿Qué le atrajo trabajar antes con elementos peruanos, como la historia de El Callao y los cóndores, y por qué buscó algo diferente ahora?

 

—Mis dos películas anteriores están basadas también en libros. Básicamente hacía la adaptación de obras que eran bastante localistas. Pero normalmente no me fijo mucho si es localista o no; básicamente me gusta hacer cine y lo que me importa es que la historia me guste. Con El delfín me quedé enganchado inmediatamente. Me gustó mucho Piratas en El Callao, me gustó la historia de John John, el dragón del lago Titicaca, que es el título del libro en el que se basó Dragones: destino de fuego. En este caso nos parecía lo más adecuado hacer una película que todo el mundo pueda ver. Nos dimos cuenta de que, cuando era una cinta tan localista, es mucho más difícil para públicos de otros países aceptarla. Entonces tomamos la decisión de no poner ningún elemento peruano. El libro es un best seller en varios países europeos y latinoamericanos, y me parecía que debíamos respetarlo. Los personajes y la historia son universales.   

 

—Hábleme un poco de la evolución técnica de su trabajo de animación desde Piratas en El Callao hasta El delfín. ¿Qué ha cambiado?

 

—Muchísimo. Hablando de cantidad de gente, por ejemplo, éramos 11 personas que en 12 o 14 meses tuvimos que hacer Piratas en El Callao. Acá estamos hablando de un equipo mínimo de 40 personas con unas máquinas muy avanzadas, que no venden aquí. Técnicamente, por ejemplo, el agua en Piratas… no era dinámica. Era muy dura. Uno de los retos principales en El delfín era crear un agua dinámica. A lo que me refiero con eso es que, si el delfín se mueve por la superficie, el agua tiene que reaccionar. Si emerge, tiene que chorrear agua. Aquí hay una ola. Era uno de los retos más complejos y se ha visto en muy pocas películas. Una de ellas es Surf’s Up. Era un reto muy complejo para un país latinoamericano crear un efecto así. Sólo para crear la primera ola fueron 6 meses de investigación de un equipo de 8 personas. Cuando se logró teníamos el know how y comenzamos a trabajar en las diversas olas de la película, donde hay varias. Otro tema complicadísimo es que hay varios bancos de peces, cardúmenes. ¿Cómo íbamos a animar 4.000 peces, 37.000 peces? Desarrollamos nuestra propia técnica de inteligencia artificial. Así haces que el personaje tenga voluntad propia. En este caso se le programó un pequeño cerebro al pez para que no se cruce con los otros y mantenga cierta formación. Si una criatura se les acerca, los peces se abren para esquivarla, y luego, cuando se va, regresan a la formación. Toda esa tecnología la desarrollamos acá.

 

Trailer de El delfín

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—Tuvimos, además, mucho más tiempo y más experiencia. Cuando empecé a hacer Piratas… lo único que había hecho eran comerciales de televisión. En cambio, esta es mi tercera película, con un presupuesto mucho más holgado. La corrección de color fue mucho más compleja. Trabajamos desde los brillos hasta las reflexiones. En un programa de composición podíamos tener más o menos reflexión. En Piratas en El Callao no pudimos hacer nada de eso. Era el render que salía era la imagen final que iba a la película. Ni siquiera podíamos corregir un poco los colores con software, o retocar cualquier detalle. En El delfín fueron 3 años de trabajo. Tuvimos más tiempo para trabajar en los personajes y, si veía algo que no me gustaba en la animación, teníamos tiempo para cambiarlo. En Piratas… había que volar. ¿Te imaginas 11 o 12 personas en 12 o 14 meses? Es una locura. La diferencia es realmente abismal.

 

—¿Hubo aporte técnico de los coproductores europeos?

 

—No hubo ningún aporte tecnológico. La película fue hecha cien por ciento en Perú, salvo lo que se hace en toda película peruana, que es el transfer de imagen digital a película y la mezcla Dolby, que se hizo en México. Todo el resto se desarrolló acá. Los directores técnicos son los que teníamos antes. Las diferencias son una el tiempo y otra la experiencia. Y obviamente el presupuesto, que básicamente se traduce en equipos y cantidad de manos. Habíamos desarrollado técnicas que nunca habíamos podido utilizar en películas por una cuestión de tiempo y de hardware. Las máquinas no daban para eso. El aporte europeo no fue absolutamente para nada de lo que respecta a imagen de película.

 

—Hubo un guionista alemán, Michael Wogh. ¿Por qué recurrieron a él?

 

—Él escribió la primera versión del guión. Llegó a mis manos, y yo escribí una segunda versión, con la base de lo que él había escrito. Esa fue la que se hizo. Primero se había planificado hacer esto en Alemania. Pero, cuando se vio que había la tecnología, el talento y la gente para hacer la película en Perú, se decidió hacerla acá.

 

—¿Cómo hace un animador para afrontar el modelo de Pixar y la competencia que representa?

 

—Una de las grandes ventajas es que las películas que se hacen en Latinoamérica son de muy bajo presupuesto. Nuestros presupuestos son de entre 50 y 120 veces menos que una superproducción. Entonces es mucho más fácil el retorno del capital. Hay películas de Dreamworks, de Pixar, desde 80 millones de dólares hasta pasados los 200 millones de dólares y tienen que hacer una taquilla abismal para que recuperen y sigan trabajando. En nuestro caso no es necesario eso. Estamos con muy buena taquilla en varios países latinoamericanos. En Perú es la película peruana más taquillera de la historia en su primer fin de semana. Para nosotros es una taquilla muy significativa, porque no hemos invertido 80 millones, 100 millones ni 200 millones de dólares.

 

—Usted mencionó Surf’s Up en el caso de la ola. ¿Cómo lidió con Buscando a Nemo?

 

—Cuando dije Surf’s Up me refería a que había muchas olas. Es una de las pocas películas en Hollywood, entre las superproducciones, que ha generado olas en 3D. Mis referencias son muchísimas, desde El señor de los anillos, en el monstruo que creamos, pero nunca acogemos una película como referencia de que tenemos que hacer eso o superarlo, porque uno termina haciendo algo que no quiere hacer. Sería extraño; tal vez salgan elementos de otras películas. Eso no lo quisiera. Cuando me pongo a pensar en lo que quiero hacer, y soy uno de los escritores, es mucho más fácil pensar en qué es lo que quiero. Nunca tengo una referencia. Simplemente tengo la película en la cabeza y empiezo a escribirla.  

 

—¿Cuál es la animación que le llevó a hacer animación?

 

—Diría que Aladino de Disney. Fue una de las películas que me encantó y me influenciaron muchísimo. Jurassic Park, que fue la primera que puso efectos de criaturas reales en una película. Soy fanático de todo lo que es cine comercial, realmente. Me encanta, y es un poco lo que espero estar haciendo. Me encanta El señor de los anillos, toda mi vida he sido fan número uno de la Guerra de las galaxias y todas las de Pixar me gustan, me gusta Shrek. Mis gustos son bastante comerciales.

 

—Tengo entendido que recientemente se hizo otro largometraje de animación peruano importante, Valentino y el clan del clan. ¿Cómo ve la situación del cine de animación actualmente en Perú y la de los largometrajes en particular?

 

—Realmente El clan del clan fue un fracaso de taquilla, y eso nos choca a todos, porque normalmente el público piensa que lo que viene va a ser algo similar. Hizo 120.000 espectadores en Perú, lo cual es muy bajo. Mis películas anteriores hicieron el doble: Piratas… 282.000 y Dragones… 272.000. Estoy convencido de que el cine de animación en Perú va a seguir creciendo, y va a haber más gente que se anime a hacerlo. Un ejemplo muy simple: antes de Piratas en El Callao no existían institutos de animación en Perú; hoy en día hay 7 y hasta tenemos sistemas de captura de movimiento con equipos avanzados. Enseñan cursos muy avanzados y hay mucha gente en el medio que tiene mucho conocimiento de animación 3D. Antes de Piratas… era una locura. Yo era profesor de un instituto y lo que tuve que hacer es que a los mejores alumnos los metí a trabajar en la película. Hoy en día hay un mercado de animadores y te envían currículos. Y no sólo somos nosotros los que estamos animando. Sé que hay dos proyectos por ahí que se están trabajando. Eso es maravilloso porque va a crecer, y crecer y crecer la industria. Todo el mundo apunta a ser la mejor empresa de animación en el país y cada vez se esfuerzan más y la valla está cada vez más alta. Después de El delfín está bastante alta, y lo que viene tiene que superarlo.

 

—¿Qué viene después de El delfín?

 

—Primero, relajarme un poco, porque han sido tres años. Simplemente descansar. Sigue toda la promoción de la película, y lo más probable es que en dos meses o en tres empiece a trabajar en otro proyecto. Sobre todo por el éxito que representa una película de animación. En este momento no tengo mucha cabeza para pensar en un proyecto a futuro, pero de que va a venir otra película, sí. 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

 
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