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entrevista
"Vivir en una lengua
implica entender todo"
Majayut (Señorita),
dirigida por Elizabeth Pirela y escrita por ella y Luis Misael
Socarrás, ganó una mención especial en el Festival de Cortometraje
Manuel Trujillo Durán que terminó el 28 de enero, Día del Cine
Nacional, en Maracaibo. Es una cinta de una realizadora wayuu,
hablada en wayuunaiki, que relata cómo se da en una comunidad de ese
pueblo la formación de una señorita, y cómo se acostumbra que un
muchacho la pida para sí. Fue distinguida como documental, pero es
un filme narrativo, que cuenta una historia que tiene como
protagonistas a un niño, una niña, y los respectivos padres y
parientes. Pirela trabajó con Yanilú Ojeda, en la fotografía y
cámara, y Leiqui Uriana, en el sonido, y utilizó algunos planos que
fueron tomados por Xavier Larroque. El resto del equipo es wayuu.
Elizabeth Pirela es licenciada en Letras por la Universidad del
Zulia y en Educación por la Universidad Católica Cecilia Acosta. Se
desempeña como maestra en una escuela para niños wayuu que trabajan
junto con sus padres clasificando desechos en un relleno sanitario,
en el municipio Jesús Enrique Lossada, en el Zulia. Se involucró con
el audiovisual a partir de un trabajo de Vive TV sobre un problema
con el gobierno municipal por la construcción de una sede para la
escuela. En Letras vio la materia Literatura y Cine, y cuenta que lo
demás básicamente lo aprendió viendo, documentándose con libros e
imaginando cómo hacer cine, ayudada por su conocimiento de la
escritura. “He leído muchos libros, como Crónicas de caña y
muerte de Orlando Araujo,
Historias de cronopios y de famas
de Julio Cortázar... Tengo
una base literaria buena para saber cómo se tiene que contar una
historia”, dice.
Antes de rodar Señorita hizo
una serie sobre los juegos wayuu, por un proyecto que le aprobó
Vive. “Nadie me quería apoyar porque decían que yo en tres días no
podía hacer esos trabajos. Pero eso es como una clase. Tiene que
tener una estructura narrativa, como contar un cuento”, explica
Pirela. En cuanto a su forma de filmar, agrega: “No ando detrás del
camarógrafo: '¡No me gusta el plano!'. Yo siempre hablo desde la
conciencia, desde el amor a lo que uno hace. Y le digo: 'No sé nada
de encuadres, ni de cámara ni de colores... Haz tú tu trabajo porque
eres libre y tienes el conocimiento, y tienes que hacerlo bien. Pero
yo sé lo que quiero decir y qué es lo que quiero que tú grabes. Tú
te encargas de grabar eso con mi visión'”. Vértigo
conversó con ella en el Festival Manuel Trujillo Durán.
―Hábleme
un poco del género de la película. La han clasificado como
documental. ¿Lo es?
―Yo no sé si es
documental o si es ficción. La definiría como ficción porque todo
allí es un montaje premeditado. No he usado, como para hacer un
documental, 30 cintas, y después veo qué hago. Ya yo sé lo que vamos
a hacer, todo está preparado. Lo que no se sabe es hasta dónde llega
la ficción y hasta dónde el documental. Porque yo trabajo con
guiones, pero a los ancianos no les digo lo que van a decir. No
tienen un diálogo. Yo les digo cómo van a empezar y ellos, como lo
conocen, empiezan a dialogar en relación con el tema, y busco
siempre que no se salgan de ese punto. No hay ninguna alteración en
cuanto a lo que es uno, a verse como es uno. Es un compromiso por
conocer la lengua, la cultura, la visión de mundo no equivocarse.
Hay que ser muy cuidadoso en eso, y con el respeto en todo. Creo que
es un género que es experimental, y es único. Todo siempre es una
voz en off, desde Michel Perrin hasta ahorita, lo último. Y no
logran congeniar eso porque el lenguaje es otro. Vivir en una lengua
implica entender todo. Ahí está la clave de todo.
―¿Cómo
fue el proceso de la serie sobre los juegos a Señorita?
―Decidí
tratar el tema de la mujer porque soy mujer y quería hablar de la
mujer wayuu. He querido siempre quitar muchas trabas y contar eso,
porque tergiversan la cultura, lo que uno es. Hay gente que no
conoce la cultura, no tiene ningún respeto y graba a lo loco. Eso es
un registro audiovisual para las nuevas generaciones, y si está mal,
¿qué podrán pensar los que vengan detrás de nosotros? Van a tener un
concepto totalmente diferente de lo que nosotros somos. De la mujer
nace todo, y de la formación, ese proceso de ser señorita, es que
nace la altura de la mujer.
―¿Cómo
fue la filmación?
―Fue
una fiesta a la que todos venían. Eran chivos que se mataban todos
los días, vacas. Lo que más se gastó fue en la alimentación. Era
todo lo que pedían. A veces parábamos la producción por un sueño.
Alguien tenía un mal sueño, y teníamos que parar y bañarnos, porque
nos podía ir mal, podía haber un accidente. Entonces todo el día se
paraba, se mataba un chivo y no sé qué más. Se iban todas las cosas
malas y al otro día empezábamos, desde las cuatro, con los niños.
Ese es un día que para uno no es pérdida; es ganancia. Otro director
querría seguir y seguir. Yo no: “Paren todo”. Todos nos relajábamos,
y después empezábamos. Me gustan mucho los planos abiertos porque
uno mira desde el respeto. Que sean así y se vayan acercando para
que nunca se pierda lo general. Cada detalle era muy importante. Hay
que fijarse mucho en los gestos.
―¿Qué
proyectos tiene después de Señorita?
―Voy
a hacer una ficción sobre los niños del relleno sanitario, que es
donde yo tengo mi vida, 10 años trabajando allí. Creo que estoy
preparada para hacer una ficción a la altura del compromiso que
requiere una situación tan vulnerable como esa, pero también tan
especial, tan llena de vida, de alegría, desde la visión que es:
desde dentro de la gente. Porque un niño ahí es feliz. Todos los
días son muchas historias. Por ahí las tengo anotadas en un libro de
registros que he ido llevando desde hace 10 años. Siempre quise
escribir algo de eso. Mi tesis es de ahí. Yo aprendí todo de la
experiencia con ellos. Todo lo que soy se lo debo a ellos. Ellos me
han enseñado a vivir, a hacer ficción con la realidad, a reír, a
inventar cosas. Son expertos ellos en eso. Vi una película que se
llama ¿Dónde está la casa de mi amigo?
y quiero hacer algo
así. Quiero contar varias historias, a partir de varios niños,
recorrer un mundo a partir de allí, y probar la ficción desde el
español, no desde el wayuunaiki, para ver si igual funciona el
método. Porque estoy experimentando con un método de trabajo que yo
misma he creado.
―¿Por
qué el español?
―Porque
es con niños criollos y con niños wayuu. Es para ver cómo actúa un
niño criollo, si lo hace con la misma espontaneidad, de la misma
manera, si dice lo mismo... qué es lo que funciona ahí.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve
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