10/09
.    portada    .    quiénes somos    .    escriba en Vértigo    .    contáctenos    .
 
entrevistas

Erich Wildpret en Un lugar lejano
(foto: Nicolás Pineda)

Ver más entrevistas
"Hay veces que te encuentras con personajes que son más una función dramática
que un personaje"

 

 

Las actuaciones de Erich Wildpret y Marcela Kloosterboer en Un lugar lejano son de esas que no se ven con la frecuencia que muchos desearían. El venezolano interpreta el papel del protagonista, Julián, un fotógrafo de éxito que parece tenerlo todo en la vida hasta que una enfermedad mortal le lleva a lanzarse a la búsqueda de lugar en que cree haber tomado una foto que nadie encuentra, y que está en la Patagonia profunda. La actriz argentina hace el personaje de María, una mujer huérfana, que vive sola en el frío sur, en una montaña, rodeada de nieve, un perro, un caballo y ovejas, con cuya vida ha de cruzarse Julián en el filme de José Ramón Novoa, coescrito por él y el uruguayo Fernando Butazzoni, que se estrena el viernes. Uno es un personaje de una compleja interioridad, enrarecida por el deterioro físico, a la búsqueda de la trascendencia al borde de la muere; el alma de la mujer ha sido forjada por la rudeza simple de la vida, en la ausencia de todo lo que podría ser superfluo.

Vértigo tuvo la oportunidad de conversar con Wildpret sobre su trabajo con el personaje. Es un actor que ha trabajado básicamente en teatro, y ha sido miembro, entre otros, del Grupo Rajatabla. En segundo lugar ha actuado en cine, no en televisión. Ha trabajado también en las películas venezolanas Un sueño en el abismo de Oscar Lucién (1991), Manuela Sáenz de Diego Rísquez (2000), Amor en concreto de Franco de Peña (2003), Elipsis de Eduardo Arias-Nath (2006), Puras joyitas de César Oropeza y Henry Rivero (2007), y en el corto El café de Lupe de Mariana Fuentes (2007), así como en Desautorizados de Elia Schneider y El día del pobre de Diego Velasco, que están por estrenarse.

 

—¿Cómo trabajó la construcción del personaje?

 

—Con mucha ayuda. Tuve la fortuna de tener un proceso de ensayo que fue extenso. No es común que en nuestro cine se otorguen tantos meses para el ensayo de una película. Por lo general, y un poco por la estructura cinematográfica, una vez que salen los fondos, la praxis te lleva casi que a rodar inmediatamente. Nosotros pudimos trabajar con seis meses de anticipación el personaje, y eso a mí me permitió hurgar en la propuesta de Fernando Butazzoni y la de José Ramón Novoa, y hacer un trabajo de preparación con Elia Schneider para el acercamiento a Julián. A la vez tuve muchísima ayuda de personas que padecen la enfermedad en la vida real. Gracias a amistades se establecieron esos lazos y pude entrevistar a cuatro personas en particular. No te doy los nombres porque me dijeron que no lo hiciera. Eso, para entender el contexto en el cual está inserto Julián, fue invalorable. Hay una mezcla de rabia por lo que está sucediendo con la búsqueda de una alternativa que es casi una especie de esperanza. Están muy amalgamadas todas las emociones en el tránsito que se vive, porque la situación es muy álgida en lo que respecta a la integridad física. Varía mucho el estado anímico por los impulsos del cuerpo. Hay mañanas en las cuales puedes ser muy sociable porque te sientes bien, pero hay otras en las cuales no, por más que trates. Incluso con tus personas más allegadas, con tus afectos inmediatos, por más que intentes que eso esté presente, el cuerpo no te lo permite. Es más un ejercicio sintomático de la enfermedad que realmente expresión de tu persona.

 

—Dice que tuvo mucha ayuda pero, más allá de eso, ¿cómo vio usted a Julián?

 

—Julián es muy complejo. El momento en el cual se inicia la historia en la película, ya es consciente de lo que tiene. Sin embargo, está en un proceso reflexivo que tiene que ver con las decisiones que siente que de alguna manera han condicionado la persona que es. Es un fotógrafo al cual le ha ido realmente muy bien. No es un fotógrafo de crónica, que no ha tenido ningún tipo de exposición. Es un fotógrafo que, en lo laboral, ha logrado alcanzar cierto nivel. Su situación económica también está bastante resuelta. Está casado; no se siente carente de afecto. Sin embargo, al recibir la noticia empieza a revisitar todo ese pasado, y se da cuenta de que realmente las exposiciones de fotografía que ha hecho no son él. Hay algo de trascendente allí: él está dejando algo. La casa que tiene, las posesiones materiales, ¿eso realmente le satisface? No. Su relación matrimonial, ¿está bien planteada? No digo que carezca de amor, pero está en una crisis, y su matrimonio, ¿va a sobrevivir a la crisis? No. Entonces empieza a obsesionarse con esa fotografía, y ella es un poco esa búsqueda interior de sí. Tratar de unificar esa circunstancia particular desde donde se inicia Julián, con el contexto de la enfermedad, para mí fue interesantísimo porque hay mucho material de trabajo. Son muchas las decisiones que puedes tomar desde lo actoral.

 

—No siempre los personajes tiene esa riqueza. Hay veces que te encuentras con personajes que son más una función dramática, el móvil para contar una historia, que un personaje en sí. Julián es un personaje complejo, que viene de una novela y, obviamente, al hacer la traspolación de ese género, con la participación de José Ramón y Fernando, mucha de la profundidad que tenía se logró trasladar al guión. Yo, como actor, lo único que traté es de serle fiel a eso y no desvirtuar el personaje, que se entendiera y llegara un poco a nosotros esa inquietud, que siento que es el sentido de la vida. Rara vez nos detenemos a pensar qué estamos haciendo y por qué; casi siempre es dejarnos llevar por la corriente. Un poco las decisiones vienen supeditadas más al entorno que a ti. Son pocas las personas que le dan un stop a su vida y se preguntan: “¿Realmente soy feliz? ¿Estoy haciendo lo que quiero? Y si es lo que quiero, ¿lo estoy haciendo como quiero?”. Son muy pocos, y yo no me incluyo. Uno de los retos actorales fue llegar a esa conciencia de lo limitada que es nuestra existencia, de lo efímera, y a la vez también de la capacidad de trascendencia que tiene la vida de todos. Digo un poco esto hilvanado con el personaje de María, que hace Marcela Kloosteboer, que vive en una montaña, que nadie la conoce. Pareciera que es un personaje que no tiene trascendencia y justamente ahí es donde está todo.

 

—Eso es lo que nace del interior del personaje. Pero Julián también interactúa con la naturaleza. ¿Cómo incorporó la experiencia de estar en medio de la nada y en medio de la nieve?

 

—La verdad es que, a pesar de que pareciera una dificultad, es una gran ayuda porque es un estímulo constante. Obviamente no es muy agradable trabajar con tanto frío pero es funcional para la historia. No hay manera de que no te condicione; simplemente no la hay. Cuando estábamos rodando la película, la locación estaba muy arriba en una montaña, entre Esquel y un pueblito que se llama El Maitén, en la Patagonia. Las condiciones en la cabaña son las condiciones que se ven en la película. Ahí no había ningún calentador. Era perfecto porque lo que se ve en pantalla es lo que recibíamos constantemente. También tienes mucho tiempo para pensar. Estás en medio de la montaña, solo. No se oye nada. Mientras están montando cámara estás haciendo tu trabajo. Al afrontar la escena, estás tú con tu compañera y no hay ninguna distracción de ningún estudio que tengas al lado, ninguna persona que esté haciendo otra cosa por allá. Toda la gente que está a tu alrededor está en función de lo que estás haciendo porque el espacio es muy pequeño y nadie puede hablar, porque cualquier cosa que se hable queda registrada en el sonido. Entonces toda la energía se focaliza.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

 
.    portada    .    noticias    .    artículos    .    criticas    .    videos    .    imágenes en línea    .
Copyright © 2007. REVISTA VERTIGO. Caracas. Venezuela. Producido por: Seventeen Design