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entrevistas
"Hay veces que uno siente
que lo que escribe no está terminado"
—Sólo
una cultura tan unida y tan diversa como la latinoamericana puede hacer
productos como éste. Un producto en el que, con naturalidad, diversas
inflexiones, diversos tonos, diversas miradas del mundo, se armonizan y
se suman en un resultado que, de alguna manera, trata de decir cosas
sobre nosotros mismos. Esa es, por lo menos, la lectura que hago del
trabajo de toda esta gente, de tantos lugares distintos que coincidimos
en la película.
—¿Por qué mandar el personaje a un lugar tan lejano?
—En
realidad no es una intención. La vida de Julián Palacios lo lleva a ese
lugar. Debo decir que tanto el director como la productora me increparon
duramente durante varios años que el personaje tuviera que irse a la
Patagonia en invierno. Pero, bueno, la foto que soñó la soñó en la
Patagonia en invierno, y no en Aruba. Creo que la historia fluye en gran
medida porque naturalmente genera sus propias necesidades dramáticas. No
es una historia impuesta en función de estructuras de producción previa
sino que fluye a partir de lo que los personajes van generando en la
producción del mundo que tiene cada ser humano. ¿Por qué soñó esa foto
en la Patagonia yo no lo sé? Capaz que Erich lo sabe. Yo no.
—¿Cómo se relacionan el cuento, la película y el libro? Hábleme un poco,
además, del espacio La Fábrica, creado por usted para la interacción de
artistas de diversas disciplinas y en el que José Ramón Novoa y Elia
Schneider participaron.
—El
proyecto de La Fábrica se abandonó hace varios años. Funcionó muy bien y
fue una gran experiencia con José Ramón y con Elia, que ahora se hace
extensiva a Joel Novoa. Fue la posibilidad de trabar sin fronteras.
Descubrimos que las fronteras pueden perfectamente abatirse a base de
creatividad, de la buena onda e ideas centrales comunes. Con respecto a
la historia de Un lugar lejano, fue al comienzo una cosa chiquita
que comenzó a crecer. Primero fue un cuento, después ese cuento,
compartido con José Ramón, se fue convirtiendo en guión. Fuimos
trabajando juntos, y después se fue convirtiendo en otro género, porque
necesariamente los tiempos narrativos, las formas, requerían un espacio
narrativo diferente. A partir de ese cuento, que no era tan corto
tampoco, porque terminó siendo de casi 40 páginas, publicado en el año
2002, se fue construyendo el iceberg de la historia. Sentí después que
era apenas la puntita del iceberg que se veía, pero que había cantidad
de material sumergido que era muy importante para entender la
trayectoria dramática del personaje. A partir de ahí se fue convirtiendo
el cuento en guión, y el guión en película y a su vez en una novela.
—¿Por qué ese viaje en círculo?
—Creo
que un buen elemento es el estímulo que genera el trabajo colectivo,
haber podido trabajar durante tanto tiempo con José Ramón, con Elia, de
alguna manera fue llevándome a recorrer ese itinerario. Hay veces que
uno siente que lo que escribe no está terminado. Borges decía que
publicaba sus poemas para dejar de corregirlos.
—Así como José Ramón Novoa tiene una trayectoria en el cine social,
usted la tiene en las luchas sociales. ¿Qué hay de eso en Un lugar
lejano?
—Oh,
sí: la esperanza, el espíritu de aventura, creo que el sentido de
saberse parte del todo, con los demás, con la naturaleza, con Dios, si
hay. Creo que todo eso está.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info
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