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entrevistas

Fernando Butazzoni
(foto: Nicolás Pineda)

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"Hay veces que uno siente que lo que escribe
no está terminado"

 

 

—Sólo una cultura tan unida y tan diversa como la latinoamericana puede hacer productos como éste. Un producto en el que, con naturalidad, diversas inflexiones, diversos tonos, diversas miradas del mundo, se armonizan y se suman en un resultado que, de alguna manera, trata de decir cosas sobre nosotros mismos. Esa es, por lo menos, la lectura que hago del trabajo de toda esta gente, de tantos lugares distintos que coincidimos en la película.

 

—¿Por qué mandar el personaje a un lugar tan lejano?

 

—En realidad no es una intención. La vida de Julián Palacios lo lleva a ese lugar. Debo decir que tanto el director como la productora me increparon duramente durante varios años que el personaje tuviera que irse a la Patagonia en invierno. Pero, bueno, la foto que soñó la soñó en la Patagonia en invierno, y no en Aruba. Creo que la historia fluye en gran medida porque naturalmente genera sus propias necesidades dramáticas. No es una historia impuesta en función de estructuras de producción previa sino que fluye a partir de lo que los personajes van generando en la producción del mundo que tiene cada ser humano. ¿Por qué soñó esa foto en la Patagonia yo no lo sé? Capaz que Erich lo sabe. Yo no.

 

—¿Cómo se relacionan el cuento, la película y el libro? Hábleme un poco, además, del espacio La Fábrica, creado por usted para la interacción de artistas de diversas disciplinas y en el que José Ramón Novoa y Elia Schneider participaron.

 

—El proyecto de La Fábrica se abandonó hace varios años. Funcionó muy bien y fue una gran experiencia con José Ramón y con Elia, que ahora se hace extensiva a Joel Novoa. Fue la posibilidad de trabar sin fronteras. Descubrimos que las fronteras pueden perfectamente abatirse a base de creatividad, de la buena onda e ideas centrales comunes. Con respecto a la historia de Un lugar lejano, fue al comienzo una cosa chiquita que comenzó a crecer. Primero fue un cuento, después ese cuento, compartido con José Ramón, se fue convirtiendo en guión. Fuimos trabajando juntos, y después se fue convirtiendo en otro género, porque necesariamente los tiempos narrativos, las formas, requerían un espacio narrativo diferente. A partir de ese cuento, que no era tan corto tampoco, porque terminó siendo de casi 40 páginas, publicado en el año 2002, se fue construyendo el iceberg de la historia. Sentí después que era apenas la puntita del iceberg que se veía, pero que había cantidad de material sumergido que era muy importante para entender la trayectoria dramática del personaje. A partir de ahí se fue convirtiendo el cuento en guión, y el guión en película y a su vez en una novela.

 

—¿Por qué ese viaje en círculo?

 

—Creo que un buen elemento es el estímulo que genera el trabajo colectivo, haber podido trabajar durante tanto tiempo con José Ramón, con Elia, de alguna manera fue llevándome a recorrer ese itinerario. Hay veces que uno siente que lo que escribe no está terminado. Borges decía que publicaba sus poemas para dejar de corregirlos.

 

—Así como José Ramón Novoa tiene una trayectoria en el cine social, usted la tiene en las luchas sociales. ¿Qué hay de eso en Un lugar lejano?

 

—Oh, sí: la esperanza, el espíritu de aventura, creo que el sentido de saberse parte del todo, con los demás, con la naturaleza, con Dios, si hay. Creo que todo eso está.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

 
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