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entrevistas

Gabriel Ordóñez y Sofía Espinoza

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"Zulay y Cristina son personajes que existen
en la vida real"

 

El cortometraje ¿Qué he hecho yo para merecer una joyita como tú? de Gabriel Ordóñez fue uno de los descubrimientos de Vértigo en el Festival de Cine de Mérida. Se exhibió como parte de una programación de películas de estudiantes de la Escuela de Medios Audiovisuales de la Universidad de los Andes. Trata con humor un caso de patología cotidiana en Venezuela: una niña educada por la televisión y que se desenvuelve en el mundo de los adultos copiando los modelos aprendidos de las telenovelas, lo cual le abre el camino hacia el éxito y le crea un conflicto, por celos, con su madre. La cinta tiene la peculiaridad de que se ocupa de forma divertida y a la vez aguda de algo que los sociólogos y los psicólogos suelen considerar como un problema grave, y que forma parte de los innumerables y pesados tópicos de las críticas de los medios de comunicación que han vuelto a ponerse de moda en la Venezuela de hoy.

Ordóñez cursa el séptimo semestre de la carrera en la EMA-ULA. Ha hecho hasta ahora tres cortos de ficción y dos cortos documentales, uno de ellos  autobiográfico. “Yo no soy de Mérida, soy de Acarigua, estado Portuguesa. Fui para allá y documenté todo lo que es la Navidad con mi familia”, dice de ese último filme. Vértigo conversó con él sobre el corto que se exhibió en el festival y que ha permitido descubrir un precoz talento de realizador, así como llama la atención sobre la niña actriz Sofía Espinoza. Ella comparte el cartel con Nohelí Arteaga, una figura de la televisión cuyo currículo se remonta al clásico de la telenovela venezolana Topacio y que ha destacado en dramáticos escritos por Leonardo Padrón.

 

—¿Cómo surgió la idea de ¿Qué he hecho yo para merecer una joyita como tú??

 

—Fue de varias anécdotas. Zulay, que es la mamá, y la niña, que es Cristina, son personajes que existen en la vida real. Son una mezcla de muchas personas que he conocido. Zulay tiene algo de mi mamá y de la mamá de algunas amigas, y Cristina tiene mucho de una niña que conocí una vez en un rodaje y de una primita. La idea surgió porque tenía que entregar el cortometraje para una materia y esas eran las anécdotas que tenía en ese momento.

 

—¿Qué le llevó a interesarse en el tema de la televisión y los niños?

 

—Eso me lleva de nuevo a anécdotas con mi primita. Ella, de pequeña, solía ver muchas telenovelas, y tengo un cuento muy interesante de eso. Una vez estaba jugando con una pared y le dio una cachetada a la pared, simulando que era un novio de ella. De allí empecé a pensar en cómo los niños, y en general todo el mundo, absorben las telenovelas de una forma muy pasional.

 

—Cuénteme otras de esa otra niña que conoció en el rodaje.

 

—No sé bien qué era lo que pasaba con ella. No salía mucho de su casa; siempre la tenían ahí, viendo televisión. Sus padres no estaban muy pendientes de ella. Entonces, cuando veía gente, se emocionaba mucho y era como si siempre estuviera actuando, representando algo. Una vez llegamos, en el rodaje, y ella estaba disfrazada como de niña hindú y estaba bailando. Después nos dimos cuenta de que estaba viendo una película hindú y por eso andaba así.

 

—¿Ha encontrado más casos de esos?

 

—Más de los que podía esperar. También de otros que son un poco diferentes: niñas que se creen diseñadoras de modas, y a veces cortan su ropa y hacen como vestidos. Este es otro cuento en el que se inspiró el corto: una niña que desde pequeña quería ser diseñadora de modas y un día se hizo un vestido, recortando una ropa, y fue así al trabajo de la mamá; cuando ella la vio, se sorprendió tanto que casi la negó, algo así.

 

—¿Cómo halló a Sofía Espinoza?

 

—En el casting estábamos muy preocupados porque no dábamos con el personaje. Realmente, para que diera esos matices, era muy complicado. Haciéndole casting a Bárbara Otero, para la mamá de Sofía, ella leyó el guión y vio que esa era su hija. Le hicimos un casting y vimos que era el personaje. En el rodaje lo descubrimos más aún: el personaje que había escrito era solamente una mínima parte de lo que era Sofía en sí.

 

—¿Ella padecía del mismo síndrome del niño televisivo?

 

—No tanto eso sino más del niño muy extrovertido, muy que absorbe el comportamiento adulto.

 

—¿Cómo fue el trabajo con ella?

 

—Nos sentamos, hablamos mucho del guión y le recomendamos que viera muchas telenovelas. De hecho, ella ya las veía y le gustaban unas cuantas. Ella era ese personaje. No hubo mucho trabajo actoral, por lo que te digo.

 

—¿Cómo consiguió a Nohelí Arteaga?

 

—De eso se encargó mi productora. Hablábamos de la posibilidad de traernos a alguna actriz para protagonizar el corto y el nombre de Nohelí fue uno de los primeros que salió. Hablamos con ella, le mandamos el guión y aceptó. Supongo que le habrá gustado la historia.

 

—¿Qué planes tiene con el corto?

 

—Por ahora, mostrarlo en festivales y que tenga rotación. Me he dado cuenta de que mucha gente se identifica con el cortometraje por la cuestión de la niña que ve muchas telenovelas.

 

—¿Qué otro proyecto tiene en la escuela?

 

—Otro cortometraje. Esta vez intenté hacer comedia y el ejercicio este semestre es hacer todo lo contrario.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

 
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