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Matías Bize

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"Lo que intento es
que la película me guste a mí. Siento que, si me gusta,
se va a conectar con otra gente también"

 

 

En la cama (2005), dirigida por Matías Bize y escrita por Julio Rojas, forma parte de una muestra de películas recientes de cine chileno que se exhibirá desde el viernes en las salas de la Cinemateca Nacional. Es uno de los filmes hechos en los últimos años en Chile que ha tenido más difusión en el extranjero, con exhibición en varios países. Ganó también la Espiga de Oro en el Festival de Valladolid, y el tercer Premio Coral, más la distinción al mejor guión y otros dos galardones en el Festival de La Habana, entre otros premios.

La película, que fue el segundo largometraje de Matías Bize como director, se desarrolla íntegramente en una habitación de hotel. En ella se encuentran Daniela (Blanca Lewin, ganadora del premio a la mejor actriz en el festival de Lima por el papel), y Bruno (Gonzalo Valenzuela). Accedieron allí como un simple encuentro sexual pero pronto empiezan a descubrir otras cosas de ellos mismos, que se desnudan en esa intimidad tanto como sus cuerpos. No menos despojada de ropaje está la cinta, que fue planteada así como un desafío, al igual que ocurrió en el primer largo de Bize, Sábado, una película en tiempo real (2003), que fue filmada en un solo planosecuencia, de 65 minutos de duración. El director más recientemente estrenó Lo bueno de llorar (2007), su tercer filme, que ganó el premio de la crítica en el Festival de Valdivia. Los tres tienen en común el tema de las relaciones de pareja.

Vértigo entrevistó a Matías Bize con motivo de la exhibición de su película en Venezuela. También forman parte de la muestra otros 11 filmes entre los que se encuentra La sagrada familia, de Sebastián Campos (2004), una cinta que, junto con Play, de Alicia Scherson, exhibida comercialmente en Venezuela, y En la cama, integran un grupo de películas que marcaron la irrupción de un grupo de realizadores jóvenes en Chile, y un renacimiento en general del cine en ese país que ha ido cobrando cada vez más importancia desde entonces.

—¿Cómo surgió el proyecto de En la cama

—En este caso, la película sucede en una sola habitación de un hotel y con dos actores. La idea es presentar una historia con los mínimos elementos y poder concentrarse mucho en tener un buen guión, tener buenas actuaciones y contar esa historia de una manera interesante, más que en tener una gran producción o diversas locaciones. Esa es un poco la génesis del proyecto. 

 

—¿Cómo fue el trabajo con los actores? 

 

—Fue un trabajo muy interesante y muy difícil también. Estuvimos cerca de seis meses ensayando con los actores. Era un trabajo que requería mucha profundidad, con mucha dificultad en la actuación. Era un gran desafío para ellos, no sólo porque se desnudan gran parte de la película sino porque se tenían que desnudar desde dentro. Eso era lo más difícil: abrir sus emociones y pararse a trabajarlas muchísimo. 

 

—El desafío técnico parece ser una constante en sus películas. Sábado fue rodada en un planosecuencia y En la cama tiene una concepción estricta de la unidad de lugar. ¿Por qué en su cine es tan importante ese aspecto técnico? 

 

—Porque así dejo fuera todos los elementos que siento que son accesorios y me puedo concentrar mucho en la historia. En En la cama no me interesa contar qué es lo que pasa previamente, los días anteriores, o cómo se conocen esa noche, sino ver qué les sucede a ellos en esa habitación, a la que en un comienzo van por sexo casual pero poco a poco comienzan a enamorarse y abrir su interior. Tiene que ver la limitación en poder concentrarme en lo más importante de la historia, que son esas dos o tres horas que ellos están en el hotel. 

 

—Usted dijo en una entrevista que le hizo el diario El Mercurio que hay un proceso de aprendizaje en las tres películas que ha hecho. ¿Podría ahondar un poco en eso? 

 

—Tengo la suerte de poder vivir del cine. Pero más importante que eso, creo, es que tengo la suerte de poder hacer las películas que a mí me gustan. Las películas que hago son las que me gustaría ver en una sala de cine como espectador, y creo que el hecho de haber podido rodar tan pronto cada película, terminé la primera en 2003, luego en 2005 y luego en 2007, eso me ha permitido ir creciendo mucho como director. Cada película que he hecho es un desafío distinto, y un riesgo distinto y un crecimiento. Como director siento que todo lo que aprendí en Sábado está puesto en En la cama y todo lo que aprendí con En la cama está puesto en Lo bueno de llorar, y cada película que hago me gusta más que la anterior.

 
 
Trailer de En la cama
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—Un ejemplo de algo que haya aprendido en Sábado o en En la cama... 

 

Sábado fue un desafío muy grande porque fue rodada en un planosecuencia. La cámara no cortaba desde el inicio hasta el final de la película. Fue un ejercicio muy interesante de actuación, con mucha improvisación. En Sábado hay grandes actores de los que aprendí muchísimo. Creo que en el fondo tuvo que ver con eso. En En la cama fue cómo contar una historia muy potente con los mínimos elementos, en esa habitación, y lograr emocionar al espectador. Eso es lo que finalmente espero de una película: que emocione y que no sólo sea un buen momento, de una hora y media, sino que dure más en el espectador, que se la lleve a su casa y que genere una reflexión y una discusión de su propia vida. 

 

—¿Cómo ve usted la relación con el espectador en términos de recuperar la inversión en la taquilla? }

 

—Afortunadamente a mí me ha ido muy bien. Las películas que he hecho han tenido buena crítica y buen público. Creo que En la cama es una buena combinación de película que ganó muchos premios, más de 36 premios internacionales, y también tuvo estreno comercial en casi todo el mundo. Siento que, más allá de los premios, de la crítica, también a la gente le gustó mucho la película. Pero yo lo que intento es que la película me guste a mí. Con eso yo me quedo tranquilo, primero. A partir de eso, siento que, si a mí me gusta, se va a conectar con mucha gente también. 

 

—Usted forma parte de una generación de jóvenes directores que han emergido en Chile, y uno de los elementos que tienen en común es el uso del video. ¿Cómo ve la situación de ese grupo de realizadores en la actualidad, y el panorama del cine chileno en general? 

 

—La aparición del video es algo que nos facilitó mucho las cosas a los cineastas que estamos comenzando a hacer cine, y en Chile eso fue clave. Siento que hay un muy buen momento, con películas que están funcionando muy bien fuera, están ganando premios y además están teniendo estreno comercial. Ojalá que no sea solamente un buen momento y se mantenga en el tiempo, con una segunda, tercera y cuarta película de estos jóvenes directores. 

 

—¿Qué cree usted que haya despertado el interés de los chilenos por ver esas películas? 

 

—Creo que el interés que hay ahora por el cine chileno tiene que ver con que se están haciendo muy buenas películas. Creo que eso es la clave. Y son todas muy distintas. Ya no hay solamente una calificación de “cine chileno” para un tipo de película, sino que hay comedias, películas de género, películas de terror, drama, películas comerciales. Me parece que así tiene que ser: tiene que haber distintos tipos de cine. 

 

—¿Qué proyectos tiene en este momento? 

 

—Recién estoy ahora con la promoción de Lo bueno de llorar. Está yendo a festivales, hace poco fue el estreno acá, en Chile, y vienen más estrenos comerciales de la película y siguen los festivales. Por ahora estoy solamente en eso, y empezando a pensar en una nueva película. Todavía no hay nada en concreto, nada que se pueda contar. 

 

—¿Piensa plantearse otro desafío técnico?

 

—Más que el con el desafío técnico tiene que ver con los temas. Lo mío es hablar siempre de los temas que me son cercanos. Sábado, en En la cama y en Lo bueno de llorar son temas de relaciones de pareja, historias que me son cercanas y en las que me siento cómodo. Me gusta hablar desde la verdad, desde la honestidad, y creo que seguramente va a ser algo así mi siguiente película.

 

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

 
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