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entrevista
Inglorious Basterds
no es la favorita pero merecería ganar el Oscar
Entre los 10 títulos que compiten
por el Oscar a la mejor película este año es posible distinguir 2
vertientes significativas. La primera es la de las películas
característicamente autorales; la segunda, de filmes que, sin ser
grandes obras por sí mismos, son relevantes por lo que aportan al
cine actual.
Inglorious Basterds es la
película de autor más importante entre las nominadas, y merecería
ganar el Oscar, tal como ocurrió con No Country for Old
Men de los hermanos Coen en
2008. No sólo por su pastiche de referencias cinematográficas, su
tratamiento de la violencia, sus personajes y su estructura
episódica es una película con la firma de Quentin Tarantino sino que
además representa un giro en las búsquedas del realizador. Por
primera vez incursionó en un género con referente histórico que
trasciende su característico cine sobre el cine, y respondió al reto
con la venganza poética, en oposición a la justicia poética de las
películas de la Segunda Guerra Mundial, en las que es de rigor que
triunfen los aliados buenos sobre los malvados nazis. En
Inglorious Basterds el cine
vence a la historia.
La otra destacada cinta de autor es
Precious. El genio de
Lee Daniels se percibe en la capacidad de darle a su historia de una
madre adolescente, maltratada y violada, el toque justo de dureza y
humor, sin incurrir en la truculencia, para que el personaje no
despierte conmiseración en el espectador. En esa película de
director y actrices principales negras, que trata de problemas que
se consideran característicos de la gente que vive en la pobreza,
ocurre todo lo contrario que en The Blind Side,
que es la única mácula entre las 10 candidatas. En el filme de John
Lee Hancock, en el que Sandra Bullock encarna a una madre cristiana
ejemplar, el personaje negro no sólo es “una mosca en la leche” de
un ambiente social predominantemente blanco de Tennessee –cita
textual de la protagonista– sino sobre todo es motivo de
conmiseración y piadoso esfuerzo por “salvarlo”. Es asombroso que
haya alcanzado la relevancia que ha tenido en Estados Unidos una
cinta tan racista como esa, en la que los personajes se asombran de
descubrir que los negros son seres capaces de pensar, y en la que un
niño blanco ayuda al negro grandote a hacerse persona, de manera
similar a como ocurría con el robot en Terminator 2.
A
Serious Man de los hermanos
Coen es el tercer filme emblemáticamente autoral de los 10
nominados. Es una comedia satírica sobre el judaísmo, pero no tiene
la profundidad de la persecución implacable de No Country
for Old Men ni está a la altura
de las obras más importantes de los realizadores, como The
Big Lebowski (1998),
Fargo (1996), The
Hudsucker Proxy (1994) o
Barton Fink (1991). Algo
similar ocurre con Precious:
Guarda cierto parecido por su irreverencia con Slumdog
Millionaire, la cinta de Danny
Boyle que ganó el Oscar el año pasado, pero no alcanza el lirismo
del incendio del cine o de la secuencia del bar de
Inglorious Basterds. El filme
de Tarantino es más trascendente.
Pero todo indica que la Academia se
decantará por títulos que destacan por la técnica. No se trata
solamente de Avatar
sino también de The Hurt Locker,
que es una cinta de suspenso de sobresaliente dirección, fotografía,
montaje y montaje de sonido. En el caso de la película de James
Cameron lo importante es el uso de la tecnología estereoscópica. Eso
la convierte en una cinta que hace un aporte al desarrollo del
espectáculo cinematográfico, al utilizar ese recurso para crear un
mundo fantástico en cuyo espacio puede sumergirse el espectador. La
otra cinta relevante en se sentido es Up,
dirigida por Peter Docter y Bob Peterson. Ella representa el punto
culminante de la búsqueda emprendida por Pixar de un cine de
animación de aspiraciones artísticas que pueda ser disfrutado por
toda la familia, meta a la cual se aproximaron el año pasado con
Wall-E. Una
comparación con las demás nominadas al Oscar al mejor largometraje
de animación en 2009, Kung Fu Panda
y Bolt,
permite apreciar la diferencia.
Podría decirse que el resto de los
filmes nominados son relleno. Pero no en el sentido que se temió
cuando la Academia expandió de 5 a 10 las nominaciones, de que el
Oscar iba a llenarse de block busters sin valor artístico, como
Star Trek o
Harry Potter and the Half-Blood Prince.
Con la excepción de la inexplicable The Blind Side,
son películas que se
corresponden con lo que se entiende en Hollywood como cine de arte,
incluso en el caso de District 9,
que es una cinta de efectos especiales.
Pablo
Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve
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