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"Una plataforma no es
una institución pero hace un trabajo donde hay un hueco, donde falta
algo"
Se exhibe en el Centro Cultural Chacao la exposición
itinerante de videoarte Repeat All, que fue presentada en la
bienal Images 06 en Vevey, Suiza; en Matucana 100, en Santiago de
Chile, y en el Museo de la Imagen y el Sonido de Sao Paulo. Está
integrada por 15 obras, 10 de las cuales no han sido exhibidas en
las anteriores escalas de la gira, entre ellas las de los
venezolanos Alexander Apóstol y Jaime Castro. Los demás artistas son
Carlos Amorales de México; Alejandro Vidal, Santiago Sierra y el
colectivo Democracia de España; Hassan Khan de Egipto; Sanna
Kannisto y Pink Twins de Finlandia; Mark Formanek y John Bock de
Alemania; Muntean & Rosenblum de Austria e Israel; Sean Snyder de
Estados Unidos, y Cao Guimaraes y Rivane Neuenschwander, y Gisela
Motta y Leandro Lima, de Brasil. El curador es Sigismond de Vajay y
fue organizada por dos instituciones culturales independientes: Toit
du Monde de Suiza y KBB (Kültur Büro Barcelona/Buenos Aires).
El
martes Vajay conversó con el público que asistió al Centro Cultural,
luego de proyectar dos videos que no forman parte de la exposición:
Welfare State de Democracia, un documental experimental
social sobre la demolición de un barrio marginal en España, y una
pieza de expresionismo abstracto de Pink Twins, creada para ser
presentada junto con música. Fue sobre todo una oportunidad para
conversar con el curador sobre su experiencia en el campo de la
gestión cultural independiente, que cobra cada vez más importancia
en Venezuela debido a la creciente desconección que algunos artistas
y personas interesadas en la cultura sienten que existe entre lo que
hace el estado y sus necesidades. Es un movimiento en el que se
inscribe la creación de la revista en Internet de cine Vértigo.
“Producción
de arte es una expresión que me gusta”, dijo el curador. “Hemos
desarrollado esas asociaciones como una plataforma que invita
artistas, tanto jóvenes que empiezan como figuras de renombre
internacional, a que nos hagan propuestas”
—¿Quiénes
financiaban el Kültur Büro y quiénes lo financian ahora?
—Ese
tema es siempre divertido, porque los resultados sufren por el
financiamiento o se aprovechan de él. Hay proyectos en los que se
nota que había dinero y otros en los que no hay. Pero seguimos. En
muchas cosas que hicimos en Barcelona fue por países. Es por una
razón: detrás de una bandera hay la posibilidad de captar medios
económicos y también comunicación. La mayoría de los proyectos que
hicimos fue con financiamiento de dos caras: una que es oficial y
otra que es vendiendo cerveza o mojito. Hicimos proyectos de 100.000
euros de los que 35.000 o 50.000 eran por venta de entradas y ventas
de cerveza y de alcohol. Sin eso no lo logramos. A lo mejor
recibíamos 20.000 euros de un país y 5.000 de un sponsor privado.
Los sponsors privados son bastante importantes en nuestra trabajo:
de hoteles, de temas técnicos, incluso de lotería, porque hay países
en los que la lotería da dinero para estas cosas. Siempre tuvimos
apoyo de España y del país invitado, si había un país invitado.
—¿Cómo
se logra una buena gestión en un centro cultural independiente?
—Me
parece que cada país tiene su complejidad en ese sentido, pero creo
que lo primero es las ganas de cada uno. Yo logré cosas que
realmente no sé cómo se lograron. Realmente se hicieron porque había
un grupo de 10 personas que quería hacer algo, y crear una
plataforma y ser activas en ese sentido. Después, yo tengo un
recorrido que me ayuda a hacer el proyecto siguiente, y el
siguiente. Es difícil de pensar que lo mío pudiera ser igual para
cualquiera. Si me preguntan cómo me llegaron 100.000 euros, es
porque me los dieron porque les di mucha información para que me los
den, y saben que la gestión fue buena durante años, y siguen dando y
confiando. Cuando uno empieza se trata más de tener una estrategia
muy clara de lo que uno quiere. Lo de Kültur Büro en Barcelona
comenzó muy rápido y muy bien porque hubo marca, que es el logo y
todo eso, y posicionamiento, porque era una plataforma para artistas
internacionales en Barcelona. Estábamos buscando el hueco, y eso era
lo que faltaba. Una plataforma no es una institución pero hace un
trabajo donde hay un hueco, donde falta algo. Si empiezas a hacer tu
proyecto pensando que va a enriquecer el panorama cultural del lugar
donde estás, es un punto bueno. Después tener marca, una página web
y una idea. Son cuatro cosas que pueden ayudarte a poner en marcha
un proyecto.
—Al
vender cerveza y mojito, ¿cómo hacían para que el centro cultural no
se convierta en un lugar de fiestas?
—Siempre
tuvimos ese problema de saber dónde está el límite. Muchas veces
aprovechamos el montaje o desmontaje de una exposición para hacer un
evento totalmente diferente del arte contemporáneo, que era con
música. Cine y video siempre se hizo, pero en la sala, cuando de
golpe teníamos tiempo entre un desmontaje y un montaje, hacíamos un
evento en el que teníamos 300 personas. Eso financiaba buena parte
de la exposición siguiente, y era casi necesario. Pero es peligroso
porque hay ese límite. Si lo haces de vez en cuando, no caes en la
rutina del boliche, como se dice en Argentina. Pero si haces de vez
en cuando una de las buenas, de las que terminan a las 8 de la
mañana y todo el mundo se va a la casa y vienen a la exposición
siguiente, porque quedaron felices, funciona. Si hacíamos 2 al mes
era ya demasiado. Es una buena pregunta, y hay que saber frenar
cuando hay que frenar, y acelerar cuando hay que acelerar.
—Ya
que no hay una similitud de estilos o de propuestas en
Repeat All,
¿cuál es el criterio curatorial? También quería preguntar si, cuando
se proyectan juntos trabajos tan diferentes, no parece que lo
importante es el medio y no las obras.
—Hay
varias cosas que pasan cuando uno selecciona para un proyecto. Yo
paseo mucho por el mundo; voy a bienales, etcétera. Cada vez que veo
algo que me interesa, apunto el título y la galería que lo lleva,
por si acaso. Hay algunos de los videos que están en la selección
que fueron seleccionados así, por el simple hecho de que me gustó la
obra y me pareció interesante. El día que salió el proyecto pensé en
cuáles eran los artistas que me gustaría integrar en él. En la
primera lista que hice había como 20 artistas y la fui reduciendo,
adecuándola a las posibilidades económicas y técnicas que había para
la primera presentación. El proyecto es en mutación, así que cada
vez cambia. Lo que permite el camio es que no es un proyecto
temático sino de género. Así que si reemplazo el video que vimos
antes, de arte experimental abstracto, por otro del mismo grupo, no
modifica el proyecto realmente. Lo bonifica o lo deprecia pero no lo
modifica en el sentido del concepto. Obviamente me interesa la
calidad de la producción. Que no se note desnivel entre uno y otro
video, que se note que es gente que sabe qué puede hacerse con ese
medio y que lo maneja bien. Después, aquí la línea es la diversidad,
así que no quiero presentar cuatro videos que vayan en la misma
dirección.
—En
cuanto a la segunda pregunta, sí pienso que es un riesgo hacer una
exposición de video. La fórmula que está aquí funciona bien. Pero la
verdad que hacer una bienal sólo de pintura o solo video, no
funciona. Pero en una cosa pequeña sí. El Festival Loop en
Barcelona, por ejemplo, es puro video, y la verdad es que se te
salen los ojos después. Ver 80 videos en una semana es casi
demasiado. Pero con 15 obras lo puedes manejar, y hay muchas obras
muy cortas. Lo puedes digerir bien.
—¿Pero
no hay una uniformización, por la coincidencia del formato, cuando
se presentan obras tan diferentes como los videos de Democracia y
Pink Twins?, ¿no es como caer en el zapping?
—Lo
que intento al instalar las obras es que no sea siempre la misma
pantalla, el mismo formato. Una obra que se interesa por estéticas
abstractas debe tener una pantalla muy grande y una que es más como
un documental puede estar en un formato que sea más de televisión o
cine. Me parece que es importante que en la exposición las salas no
sean todas como cajitas en las que entras y tienes la misma pantalla
como formato. En Loop o en la feria de Buenos Aires tienen como
video boxes en las que entras y después no te acuerdas de qué había
en cuál, porque son todas iguales.
—El
formato también implica una decisión plástica, porque hay artistas
que me dicen que no pueden presentar su obra en un plasma y hay
otros que pueden adaptarse a plasma. En el caso de tres plasmas, uno
al lado de otro, que presentan videos, puede parecer una tienda de
electrodomésticos que vende televisores. Espero que no sea así el
resultado. Puede estar el efecto del zapping de televisión. Pero al
moverse el cuerpo de una sala a otra tienes la sensación de pasar de
un mundo a otro. En el zapping estás sentado en tu silla, y cuando
vas cambiando no le das importancia porque no te mueves.
—¿Qué
opina del mercado del videoarte en Latinoamérica?
—La
sensación que tengo es que el mercado del videoarte todavía no
existe aquí. Es como el 1% de los videos que se venden en el resto
del mercado. A lo mejor llegamos a 5%. Tengo la impresión de que los
coleccionistas no lo valoran. En Venezuela hay videoarte en
Cisneros, porque hubo una muestra aquí y sé que hay, pero los de
Buenos Aires no son personas que coleccionen videoarte. De hecho, no
hay muchos videoartistas reconocidos. Si uno se pasea por la feria
de Buenos Aires, que es bastante importante para Latinoamérica,
mucho videoarte no está en los boxes, salvo en la sección video,
para la que aplica la gente porque es una posibilidad más de tener
un lugar en la feria. No sé mucho de Chile. Sé que Repeat
All tuvo
bastante éxito pero no sé si hay mercado, si hay venta.
—Me
parece también que en el arte se ha hecho de todo. Hay gente que
compró aire, así que si por un cheque me das un DVD en vez de aire
está bien. Es una historia de confianza, también. Sé, por ejemplo,
que en todas las bienales, desde hace cinco o seis años, esos videos
que se vieron en todas partes, cuando salían las copias estaban ya
vendidas al MOMA, a la Tate, etcétera. Los patrocinantes y
coproductores, al producirlo, se llevan la copia. Hay un mercado
pero en otro nivel.
Pablo
Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve
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