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entrevista


El director y el elenco de
Unidas por siempre

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"Si te gusta el cine, no hay obstáculo que te pare"
 

Yosmar Istúriz y los que le acompañan en los proyectos de la cooperativa zamorana Istúriz Films están terminando de rodar en Guatire su quinta película. Está hecha por gente común, gente de los barrios que hace cine porque les gusta el cine, con dinero de su bolsillo y dedicando su tiempo libre a eso, como también lo hacen Jackson Gutiérrez y su grupo en Petare, y otros realizadores populares que trabajan de manera amateur, algunos con aspiraciones a llegar algún día a jugar en la liga profesional. Unidas por siempre se titula la cinta, y es una nueva versión del segundo título en la filmografía del realizador, que comprende hasta ahora cuatro películas. Su filme anterior, Volver al pasado, se exhibió en el Festival de Mérida. También ha hecho Doctor sin remedio 1 y Doctor sin remedio 2.

Unidas por siempre trata de dos hermanas, una rica y una pobre y sufrida, que toman caminos diferentes en la vida. A la segunda, interpretada por Yeisi Rivas, se le mueren la madre y el esposo. La rica, papel que hace Wendy López, abandona la familia y se casa con un narcotraficante. Toma la decisión por amor al dinero, explica Istúriz. En la historia hay un secuestro, pero el director aclara que el crimen no es el tema principal, como en Volver al pasado. Agrega que en las películas siempre trata de hacer una denuncia, y que en este caso se trata de un asunto que concierne al Ministerio de Ambiente. “En la segunda fue por un indio que pusieron en la plaza. Era lo más feo; decían que era el símbolo de la corrupción. Entró otro alcalde y lo quitaron. En la película quedó el indio, de recuerdo. En la otra se trataba de policías que eran corruptos. Ellos se molestaron. Cuando hablé con el comisario, una vez que había bajado la marea, me dijo: '¿Por qué no haces una película en la que haya un policía que ayude a un niñito a cruzar la calle?' Lamentablemente, eso uno nunca lo ve”.

Yeisi Rivas trabaja en la economía informal y Wendy López es ama de casa. En la película participan Jorge Trechi, estudiante de derecho que se desempeña en la administración pública, y Douglas Rengifo, que es cocinero y músico aficionado. En el equipo están también Yoselin Ramos, actriz de Volver al pasado, que se gana la vida como vendedora de helados Bon Ice, y José Ereipa, reservista. “Lo que hacemos con la cooperativa es que toda persona a la que le guste el cine tenga su oportunidad. Si no sabe trabajar y no sabe nada de actuación, y no puede hacer ningún papel principal, igual va a trabajar en la película, aunque sea como extra. No queremos cerrarle la puerta a nadie”, explica Istúriz.

Historias en la cartera

El cineasta, quien tiene tres hijos y trabaja como obrero, con turnos rotativos, en la panificadora Bimbo, toma el germen de las historias que filma de experiencias de la vida y de casos de los que tiene noticia por los medios de comunicación. A partir de allí comienza a armarlas.

Hace varios años pasaron un reportaje sobre una señora a la que le secuestraron un niño en Caracas”, cuenta. “No era la mamá, era la abuela. Habían pasado años, y no aparecía. La entrevistaron y dijo que era peor que saber que murió, porque no se sabe qué le pasa, cómo está viviendo, si está muerto o está vivo. Desde ese momento cuadré la historia de una madre a la que le secuestran una hija. Después comencé a cuadrar los otros personajes, que no es ella sola sino que tiene una hermana. Volver al pasado ocurrió por lo de Yanis Chimaras en parte, porque lo mataron y a los tres días capturaron al asesino. Acá, en el pueblo, mataron a un buhonero y nunca detuvieron al culpable. ¿Por qué no hicieron lo mismo? Entonces me dije que iba a hacer una película que tratara de eso. Todos los días, en el trabajo, cada vez que me venía alguito a la mente, o en cualquier tiempo libre, agarraba el lapicero o el lápiz, lo escribía en un papelito y lo metía en la cartera. En ella cargo varios fragmentos, y así voy”.

En lo que al rodaje respecta, su técnica han ido evolucionando. Primero grababa las escenas en el mismo orden de la historia, y todo lo que hacían los personajes en cada escena. Un programa de Vive TV le hizo ver cómo resumir la acción. El muchacho que editaba le dio otro dato: podía grabar las escenas de la manera que resultara más práctica y montarlas en el orden que les corresponde en la historia. A partir de la tercera película Istúriz ya tenía idea de cómo filmar como debe filmarse, y luego hizo un curso de documentales en la Villa del Cine. Esa es su formación.

Yosmar Istúriz

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Desde Doctor sin remedio 2 usa la misma cámara, una Panasonic 3CCD. La compró con la liquidación de 6 millones de bolívares que le dieron cuando renunció de su trabajo anterior para irse a Bimbo. “Mi familia me apoyó: 'Eso te gusta, ¿vas a estar toda la vida pidiendo una cámara prestada?'”, dice.

Las dos primeras películas las hizo con cámara ajena. La consiguió con un testigo de Jehová para Doctor sin remedio 1, y la misma cámara y otra para Unidas por siempre, la primera versión, que fue hecha para esa iglesia. Su editor hasta entonces, un compañero de trabajo que sabía usar el Adobe Premiere, no quiso hacer Volver al pasado porque le pareció una película muy violenta, y él es mormón. Istúriz, que no pertenece a ninguna de esas iglesias protestantes, compró entonces una de las computadoras que ofertaba la telefónica Cantv y se dispuso a aprender usar el Movie Maker. “Trabajaba de seis a dos, y llegaba a la casa a las tres y media. Eran las doce de la noche, las dos de la mañana y seguía, porque me gusta aprender. Si te gusta el cine, no hay obstáculo que te pare”, dice. Por eso no ha tirado la toalla.

Es un hobbie caro: “En la película anterior gastamos 25 casetes, a 30.000 bolívares cada uno: 750.000 bolívares nada más que en casetes. Redondeando todo fueron como 11 o 12 millones de bolívares. Los que principalmente nos montamos el peso encima somos 4”.

Ni para un fresco

Yosmar Istúriz comenzó con la aventura de hacer cine a finales de 2003, cuando la economía del país padecía las consecuencias del paro del gremio empresarial Fedecámaras y la central sindical CTV de diciembre del año anterior. “Éramos cuatro personas y teníamos que comprar un refresco, porque el personaje tenía que tomárselo y regalarle un poco a la muchacha. En ese tiempo estaba desempleado, porque la empresa había cerrado por el paro. La cosa estaba tan mala que no teníamos ni para comprar el fresco. Tuvimos que agarrar una botella y llenarla de agua. El asunto fue que era de naranja, y el agua se veía como Chinotto”, recuerda.

¿Cómo es posible que alguien que no tiene dinero para comprar un refresco piense en hacer películas? Istúriz dice que es una inquietud que le persigue desde la infancia: “A mí siempre me ha gustado eso del cine. A los 11 años le dije dos primos míos que montáramos una obra de teatro. Yo la escribí, era una cosita pequeña, la ensayamos y quedó bien. Cobramos 0,50, real, y me acuerdo que los muchachitos, eran 10, 15, entraron a la primera función, y un portuguesito, que tiene el negocio aquí arriba, volvió a entrar y pagó 0,50 más. No fue tan mala”.

La economía de sus proyectos no ha variado mucho desde entonces, a pesar de que estrenaron Volver al pasado en el cine Oasis de Guatire: “Fue el 16 de mayo; no me olvido la fecha. Alquilamos 2 salas, de 154 puestos cada una. Entre todos pagamos como un millón trescientos. Cada uno puso algo. Tuvimos que poner el videobeam y unas cornetas aparte porque el día del estreno nos dijeron que no nos alquilaban las cornetas, y tuvimos que correr. No ganamos nada. El día del estreno había personas fuera, que querían entrar a ver la película. Les dijimos que la compraran, porque mandamos a hacer 500 copias en DVD. Al día siguiente día estaba en los puestos de buhoneros en todos lados. Me llamó un señor de Caracas, César Cortez, y me dijo: 'Compré tu película aquí, en la avenida Baralt con una carátula y en El Silencio con otra'. Le habían cambiado el título: Azotes de Guatire. Esta la quiero estrenar en un sitio libre, como la plaza de Guatire, donde más personas puedan verla. Si la estreno en el Oasis el que tiene ganancias el dueño del cine, el que vende las cotufas”.

A pesar de las dificultades, Istúriz no sólo confía en que Unidas por siempre va a ser una película más profesional que las anteriores sino que incluso aspira a darse el lujo de contar con una segunda unidad de filmación, en España: “José Roversi, del blog El Cinescopio, me entrevistó y me ofreció ayuda. Necesitábamos las imágenes y, como él vive allá, grabó lo que le pedí y me dijo que las iba a mandar por correo para introducirlas en la película”.

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve



 


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