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críticas
Inteligencia no
budget
Actividad
paranormal
(Paranormal
Activity, 2007) es una película en la que un cinéfilo al que le
guste el género puede hallar placer, y sobre todo un recordatorio de que
cada vez hay menos excusas para no hacer cine. Muchas menos que cuando
John Cassavetes hizo Shadows (1959) con prácticamente nada. La
producción de un largometraje de ficción con potencial de resultar
exitoso por su calidad y atractivo para el público internacional ya no
depende de la experticia ni del capital. Los medios técnicos son fáciles
de usar y están al alcance del que esté dispuesto a gastar una cifra
asequible para una minoría relativamente amplia, que fue de 15.000
dólares en el caso de Oren Peli.
La inteligencia y el conocimiento del cine,
que son los cimientos de Actividad paranormal, se
manifiestan en primer lugar en la elección del modelo. El camino marcado
por El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project,
1999), de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, es el de hacer de la carencia
virtud: darle una justificación dramática a las limitaciones y defectos
que puede tener la realización con poco dinero, a través del recurso del
falso documental amateur que muestra el procedimiento del rodaje de la
cinta. En el caso del filme de Peli, esa parte documental incluye la
participación de un experto en fenómenos paranormales y el testimonio de
la protagonista, Katie, que relata sus experiencias del pasado. Pero se
va más allá de eso al establecer un juego entre los planos grabados por
los protagonistas y aquellos en los que la cámara se hace objetiva, al
registrar lo que sucede en la habitación mientras la pareja duerme, con
la neutralidad de una cámara de vigilancia. Es un registro intervenido,
sin embargo, por un autor implícito, que lo acelera hasta llegar a los
momentos clave. Eso genera, por una parte, el efecto cómico de percibir
a esa velocidad los movimientos de los personajes en la cama –cómo Katie
se acuesta en su lado y luego se acurruca contra Micah con un salto
brusco por la rapidez con la que corre la cinta, por ejemplo–. A través
de esa cámara vigilante el espectador también tiene conocimiento de
cosas que los personajes ignoran, lo que le coloca en la posición
característica del que se come las uñas en el cine a la espera de que
despierten y descubran lo que está pasando. El falso documental va
incorporando así la narrativa de un típico filme de terror.
Peli dijo en
una entrevista que tardó 10 meses en el montaje de las 70 horas de
material que grabó. Eso pone de manifiesto las limitaciones del que
aprende a hacer cine haciéndolo, a pesar de que en su caso había un
conocimiento de informática que le ayudó a realizar los pocos efectos
especiales que hay. Admitió también que el montaje tuvo ajustes sobre la
base de los screenings que se hicieron. Hubo además algunas cosas
que se regrabaron y el final que quedó fue el propuesto por Steven
Spielberg, a quien se atribuye la decisión de haber adquirido el filme
para Dreamworks. La ficha técnica indica asimismo que intervino Mark
Binder, quien ha sido nominado dos veces al Reel de Oro de la asociación
Editores de Sonido de Películas. Pero, sea cual sea la diferencia con
respecto al producto final, la cinta original fue lo suficientemente
buena como para que la trasnacional descartara la idea de rehacerla.
Actividad paranormal pudo haber sido pulida a posteriori, pero al
parecer es esencialmente la cinta que Peli rodó.
El final,
aparte de sus virtudes propias, resulta significativo porque redondea
Actividad paranormal como el tipo de película que es: un filme sin
otras aspiraciones que las que puede alcanzar la inteligencia sin
presupuesto. Es una ironía que haya sido sugerido por Spielberg, puesto
que deja en el aire la pregunta de qué es lo que la intervención de
Dreamworks y de la casa matriz, Paramount, pinta en un filme como ese.
La aspiración a ser universal, en el sentido que pueden llegar a serlo
en las actuales circunstancias del mercado internacional los filmes de
Hollywood, parece ser inherente al género y a la inteligencia de la
realización. Eso distingue claramente a Peli de los realizadores
amateurs y comunitarios. ¿Cuál es entonces el aporte de la trasnacional,
que obtuvo más de 100 millones de dólares en venta de entradas con la
explotación de este filme no budget, más allá de esos detalles
que quizás contribuyó a mejorar?
En
Paranormal Activity se muestran al espectador todos los recursos que
se emplearon en la realización, desde la cámara hasta las computadoras
para hacer el montaje y la postproducción. Puede leerse en ello un
mensaje para que el público deje de ser pasivo, como se dijo al
principio de esta crítica. Pero la forma como se exhibe hace manifiesta
la contradicción que existe entre la cercanía cotidiana de los medios
con los que fue realizada y el engranaje económico de promoción,
distribución que la hace llegar a los cines. Ese poder se revela como de
naturaleza totalmente extraña a una cinta como esa y plantea una
interrogante acerca de las formas eficaces de circulación alternativas
que este tipo de filmes reclama, en la medida en que serían más acordes
con su naturaleza y permitirían que lleguen al público sin el azar del
“descubrimiento” por una corporación.
ACTIVIDAD
PARANORMAL
Paranormal
Activity,
Estados Unidos, 2007
Dirección,
guión, fotografía y montaje:
Oren Peli. Producción: Oren Peli, Jason Blum.
Sonido:
Mark Binder. Elenco: Katie Featherston (Katie), Micah Sloat
(Micah), Mark Fredrichs (psíquico), Amber Armstrong (Amber).
Duración:
86 minutos. Formato: grabada en video digital con una cámara Sony
FX1 y exhibida en 35 mm, 1,85:1, color, Dolby Digital.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve
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