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críticas
Tres días que cambiaron la vida de algunas
personas
Hay
una imagen en Bienvenido a Woosdtock (Taking Woodstock,
2009) que resume lo que representaron los 3 días paz y música en White
Lake, en el estado de Nueva York, del 15 al 17 de agosto de 1969, desde
la perspectiva de los que vivían allí. El primero de los organizadores
del concierto de Joan Baez, Grateful Dead, Jefferson Airplane, Santana,
The Who, y otros 27 artistas y grupos llega como caído del cielo, en
helicóptero, a ese lugar. La película dirigida por Ang Lee y escrita por
James Schamus es una sinécdoque de cómo pudo haber sido recibido el
movimiento contracultural de los sesenta en muchos lugares como ese, en
Estados Unidos y en otros países: como una revolución venida de otro
planeta, que si bien no logró cambiar el sistema –cosa que en el filme
se hace evidente por cómo se sacan las cuentas del negocio y cómo los
dólares pasan grotescamente de mano en mano–, al menos pudo cambiar un
poco la vida de muchas personas que no eran hippies.
Woodstock aterrizó allí en la vida real por
la intervención de Elliot Tiber, quien llamó a los productores para
ofrecerles el motel de sus padres y la granja de un vecino, luego de que
un pueblo cercano se negara a ser sede del festival por rechazo a los
hippies. La película cuenta esa historia y cómo le cambió la vida al
personaje, un decorador radicado en Nueva York, amante del arte
contemporáneo y homosexual en secreto, pero a la vez presidente de la
Cámara de Comercio de la localidad y que tomó la decisión que permitió
la realización del concierto histórico para ayudar a resolver los
problemas de dinero de sus padres.
Elliot, que al principio se siente como un astronauta en el planeta de
los negocios psicodélicos y el amor y paz, descubre cosas de sí mismo
con la experiencia, que incluye la secuencia de rigor en la que prueba
por primera vez el ácido. El filme deja abierta la interrogante de hasta
dónde le llevarán esos hallazgos, y qué ocurrirá con los otros pequeños
cambios positivos que suceden en la comunidad. Pero queda la certeza de
que algo se ha transformado. Si bien el rechazo al concierto lleva a que
les pinten una esvástica y una estrella de David ahorcada a los dueños
del motel, que son judíos al igual que el propietario de la granja, hay
padres de familia que se descubren a gusto en compañía de los jóvenes
que llegan de todas partes, y unas señoras mayores que se anotan con
entusiasmo en las actividades cooperativas. Un ex soldado de Vietnam
enloquecido por la guerra, un policía y hasta unas simpáticas monjitas
se encuentran entre los que pasan a simpatizar con los hippies. Cosas
pequeñas como esas son el legado más importante del festival, es lo que
se muestra en la película, aunque sea Jimi Hendrix tocando el himno lo
que más llame la atención.
Bienvenido a Woodstock
es
además un homenaje a Woodstock (1970), la película. No se muestra
a los músicos tocando en la tarima porque no quedan razones para hacerlo
después de las más de 3 horas que dura el filme de Michael Wadleigh,
alargado hasta 228 minutos en el director’s cut. Pero la cinta de
Ang Lee evoca la estética del documental del concierto a través del uso
de la pantalla dividida, que en su caso es empleada para crear la
sensación de desubicación cuando el personaje se introduce en el ajetreo
de la producción. Igualmente tomó los cambios de formato en el cuadro,
que es otro rasgo distintivo de esa película.
También podría establecerse una relación entre Bienvenido a Woodstock
y otra cinta de Ang Lee, La tormenta de hielo (The Ice
Storm, 1997). Si el filme sobre Woodstock muestra los pequeños
cambios que la cultura hippie propició en la vida de algunas personas,
la de los intercambios de pareja, que se desarrolla poco después, a
comienzos de la década de los años los setenta, trata de lo que le
ocurre a gente que no ha experimentado una transformación auténtica y
adopta la libertad sexual como una moda. Es lo que le puede suceder a
quienes vive una vida vacía cuando el mercado les ofrece venta el
sucedáneo de una revolución.
BIENVENIDO A
WOODSTOCK
Taking
Woodstock,
Estados Unidos, 2009
Dirección:
Ang Lee. Guión: James Schamus, basado en el libro homónimo de
Elliot Tiber y Tom Monte. Producción: Ang Lee, James Schamus.
Diseño de producción: David Gropman. Fotografía: Eric
Gautier. Montaje: Tim Squyres. Música: Danny Elfman.
Elenco: Demetri Martin (Elliot Teichberg), Dan Fogler (Devon),
Imelda Staunton (Sonia Teichberg), Emilie Hirsch (Billy), Eugene Levy
(Max Yasgur), Jonathan Groff (Michael Lang), Henry Goodman (Jake
Teichberg). Duración: 120 minutos. Formato: 35 mm con
intermedio digital, 1,85:1, color, Dolby Digital, DTS.Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve
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