La isla siniestra de Martin Scorsese: Una mujer desaparecida. Dos policías. Un manicomio. Una isla. Un
huracán... todo esto y más es Sutther Island, thriller
psicológico al más puro estilo Hitchcock, en el que Scorsese demuestra
lo que ya sabíamos: no hay género que se le resista. Este hombre -junto
a Kubrick- es un semidios. Seguro.
1954. Teddy Daniels es un marshall que, junto a su nuevo
compañero, se traslada a una remota isla para investigar la inexplicable
desaparición de una mujer del psiquiátrico Ashercliffe, único complejo
carcelario de la isla en el que se confina a asesinos enfermos mentales,
a los que se considera que no van a poder volver a integrarse en la
sociedad. Así, rodeado de psicópatas, sin poder salir de la isla, debido
al acecho de un huracán y siendo acosados por los médicos, que parecen
no querer que se descubra el misterio, pronto se dará cuenta de que la
atmósfera asfixiante le hace enfrentarse a sus propios miedos, miedos
que le perseguirán hasta perturbarle tanto, que nada será lo que parece.
Arantxa Acosta, El Espectador Imaginario Ver más/
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Trailer de La isla siniestra
La isla siniestra de Martin Scorsese: Perturbadora, ominosa, pesadillesca y surreal son los adjetivos que mejor
definen a esta transposición de la novela del cotizado Dennis Lehane (autor
también de los relatos que inspiraron
Río Místico,
de Clint Eastwood, y
Desapareció una noche, de Ben Affleck) sobre dos agentes del FBI
(Leonardo DiCaprio y Mark Ruffalo) que en 1954 viajan a la isla siniestra
del título para investigar un caso y, tras quedar varados allí a causa de un
huracán, descubrirán (y nosotros con ellos) que nada es lo que parece.
Con una estética propia del cine-noir y elementos que remiten al terror
clase B (como una escena con miles de ratas), al género fantástico, al
melodrama romantico y al thriller psicológico, la película propone una
compleja y cambiante trama en la que se cuelan desde una sangrienta tragedia
familiar hasta experimentos con pacientes esquizofrénicos, pasando por los
efectos de una tormenta "bíblica" que azota el lugar y hasta vestigios del
nazismo y del exterminio en los campos de concentración
-
Diego Batlle, Otros
Cines Ver más/
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Enseñanza de vida de Lone Scherfig:
Gris
es el uniforme de Jenny, la protagonista de Enseñanza de vida (An Education,
2009). Es también el gris lo que predomina en el colegio donde
estudia, y es el color que le da a su vida la disciplina a la que se
somete para hacer realidad su aspiración de alumna modelo: ser una
chica de clase media admitida en Oxford. Su vida es gris, en
resumen, y peor su hogar. Allí no hay colores, ni sabores ni
cualidades. Sólo cantidad. El padre tasa escrupulosamente el costo
de cada cosa. Esa es la medida del sacrificio con el que respaldan
el esfuerzo de Jenny para que llegue a estudiar en la universidad.
Todo sucede en la Inglaterra de
comienzos de los años sesenta, antes de que los Beatles, la
psicodelia y las demás revoluciones de la vida llegaran para darle
un poco de color a la vida de la gente, convertidas en productos de
consumo masivo. Pero una fresca ráfaga de esas cosas futuras llega
hasta Jenny cuando conoce a un hombre, David (Peter Sarsgaard). La
primera salida de ambos es la mejor noche de la vida para la
muchacha adolescente, y le abre los ojos a todo aquello que se había
prohibido a sí misma para llegar a ser la universitaria aplicada que
suponía que quería ser. De eso trata el filme de Lone Scherfig- Pablo Gamba Ver más
Trailer de Enseñanza de vida
Enseñanza de vida de Lone Scherfig: Enseñanza de vida empieza
bien: en el Londres de 1961, seguimos a una
adolescente en su paso a la edad adulta.
Entre las rutinas de la escuela y las
exigencias familiares para una postulación
exitosa a Oxford, Jenny, de 16 años, se
descubre vivaz y abierta a los estímulos
culturales que llegan de París. La notable
presencia de Carey Mulligan como Jenny y el
clima evocativo de época, pintado con trazos
rápidos de discreta nostalgia, combinan a la
perfección. La mirada brillante de la
muchacha y su gesto de curiosidad la
emparientan con las actrices que a inicios
de los sesenta supieron encarnar la
inocencia, la rebeldía, la frescura, la
malicia, la inquietud adolescente, la
fascinación por romper reglas y devorar la
vida, todo a la vez; desde la Rita
Tushingham del Free Cinema británico hasta
la Jean Seberg de Buenos días tristeza
y Sin aliento - Ricardo Bedoya,
El Comercio Ver más/ Comentar
Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton: Si algo distingue a Lewis Carroll, el autor de Alicia en el país de las maravillas,
como hombre y como escritor, es su relación con las niñas. Dejando de lado
el lugar común puritano que censura la atracción que despertaban en él Alice
Liddell, la inspiradora de sus dos cuentos de Alicia, y otras muchachitas de
su edad –y que no puede ponerse en duda que era sexual, a juzgar por las fotografías que tomó y los dibujos que
hizo–, Charles Lutwidge Dodgson, como se llamaba en realidad, era seducido
por la frescura de la inteligencia infantil. Su complicidad con las niñas no
sólo era una pasión amorosa sino también expresión de su irreverencia
intelectual y un refugio de la estupidez victoriana. Por eso compartió con
ellas, como queda testimoniado en sus libros, burlas de la educación que
castra la mente con el aburrimiento, y la repetición y las moralejas, y
parodias de las canciones y poemas educativos que dan por sentado que la
mente es nula hasta que empieza a pensar como se supone que deben hacerlo
los adultos. “El señor Dodgson me exigió esa independencia de criterio que yo
nunca antes había tratado de ejercitar por mí misma. En su presencia me
sentía a la vez importante y humilde”, escribió una de sus amigas niñas,
Edith Rowell, a los 21 años de edad, al enterarse de la muerte del escritor
- Pablo Gamba Ver
más
Trailer de Alicia en el país de las
maravillas
Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton: Así como Avatar -más allá de lo que pueda pensarse sobre su
guión- alcanzó nuevos estándares técnicos y visuales en la
elaboración de una civilización extraterrestre sobre la base de
imágenes generadas por computadora para su posterior exhibición en
salas digitales 3D, lo mismo puede decirse de Alicia en el País
de las Maravillas , la nueva propuesta fantástica de otro
director visionario y de inagotable creatividad como Tim Burton.
Si James Cameron concibió una nueva sociedad para un relato
futurista, Burton se refugió en un par de clásicos de la literatura
escritos por Lewis Carroll hace casi un siglo y medio. Sin embargo,
ese maestro de la cultura pop que es el director de El gran pez
logra impregnarle a esta historia de la era victoriana una
impronta moderna, una fluidez, una ligereza y una audacia que
contrastan con las rigideces de la época (no es casual que la
protagonista se rebele todo el tiempo contra el uso del corsé).
Diego
Batlle,
La Nación Ver más/
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Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton: Pocos realizadores parecían más indicados que Tim Burton para dar al cine
una versión definitiva de Alicia en el País de las Maravillas.
Dejando de lado, por poco vista, la que posiblemente sea la más lograda (la
que el checo Jan Svankmajer filmó, cuadro a cuadro, a fines de los ’80), los
intentos fílmicos alrededor de la célebre novela de Lewis Carroll –cerca de
una veintena desde los tiempos del cine mudo, de los cuales el más conocido
es el de Disney, de comienzos de los ’50– no habían estado a la altura. Por
eso, cuando se supo que el sello del ratón había puesto el nuevo proyecto en
manos de Burton, cosquilleos expectantes recorrieron la aldea cinéfila.
Razones de afinidad creativa, sumadas a la promesa de inmersión total que
siempre brinda el 3-D, hacían aguardar con ansiedad la tecnoboda
Burton-Carroll. Pero el imaginero de Charlie y la fábrica de chocolate
erró esta vez el camino, y lo que se anunciaba como matrimonio en el cielo
terminó en divorcio por infidelidad - Horacio Bernades, Página/12 Ver más/
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Precious de Lee Daniels:
Precious: Based on the Novel
Push by Sapphirees
una película sobre las oscuras relaciones entre una madre que vive
de la asistencia social y su hija, madre adolescente, negras las
dos. Su fuerza descansa en el trabajo de las actrices, Gabourey
Sidibe y Mo'Nique, que aun siendo mujeres a las que muchos
rechazarían por su aspecto, y que interpretan escenas llenas de
brutalidad física y verbal, logran sacar brillo a sus personajes. Es
tan audaz la película al indagar en los siniestros entretelones de
la relación familiar como puede serlo sin incurrir en un radicalismo
que corte la comunicación con el público.
Precious, como irónicamente se
llama la muchacha de 16 años de edad (Sidibe), ha sido víctima de
abuso sexual de la pareja de su madre, Mary (Mo'Nique), con la
complicidad de ella. Incluso hay una secuencia que da entender que
no sólo el hombre se ha valido de Precious con ese fin, a pesar de
que los 180 kilos que pesa no parecen darle atractivo sexual. De
esas relaciones ha nacido una niña con síndrome de Down y al
comienzo del filme Precious está embarazada de nuevo. Para tenerla
sometida a la condición de sirvienta en el hogar, donde ella no hace
sino fumar y ver televisión, Mary la insulta y le grita, y además la
golpea con la fuerza necesaria para derribar a alguien como Precious,
y es capaz de arrojarle una maceta y hasta el televisor. El
principal blanco de sus ataques es, sin embargo, psicológico: la
humilla y sabotea sus estudios, y llama “Mongo” a su nieta, por
“mongólica”, como si quisiera ir enseñándole así a Precious a tratar
a su hija como su madre la trata a ella - Pablo Gamba Ver
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Trailer de Precious
Precious de Lee Daniels: Es una película perturbadora, que se desplaza desde el drama social
al conflicto psicológico con una delicada fluidez que evade el amarillismo
pero no evita la denuncia familiar. Preciosa narra la historia de
una adolescente negra, pobre, obesa e inexpresiva, que apenas sabe leer y
escribir, que sufre los continuos maltratos de su madre y que está
embarazada por segunda vez de su propio padre. Una perdedora por toda la
línea. Ambientado en el Harlem de mediados de los años ochenta, el segundo
film dirigido por el actor y productor Lee Daniels llamó la atención en el
Festival Sundance del año pasado y se convirtió en una de las sorpresas del
Oscar de 2010. Narra una historia insólita que expone los alcances del
segregacionismo como cultura del resentimiento, a través de la cual la
pobreza y la intolerancia se convierten en una fábrica de horrores. Alfonso Molina, Ideas de Babel Ver más/
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Precious de Lee Daniels: La marginalidad siempre ha constituido uno de los principales temas
recurrentes para el llamado cine social. Por ello, a estas alturas, no
resulta extraño que su constante litigio se haga, cuanto menos, cansino. Y
no en el sentido de aborrecerlo cada vez que le encontramos en lo que parece
venderse como una denunciante propuesta transgresora. Sino, más bien, desde
la óptica de una exigente postura evaluadora de su inédita y original
aportación capaz de escindirla de la infinita colección de filmes que
atiborraron el saco de la mediocridad. Precious mantiene una enérgica
lucha, sin buscar apoyos, a cara de perro, por librarse del probable
depósito condenatorio en dicho costal. Pero, ni su orgullosa producción
independiente ni una acicaladora filosofía naïf de trascendente aplicación
metamórfica son impulsos aptos para despojarse de la etiqueta de la
insignificancia y la vulgaridad fílmica. Sus improcedentes seis nominaciones
a los Oscar son un premio más que excesivo - Javier Moral, El
Espectador Imaginario Ver más/
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Zona de miedo de Kathryn Bigelow: “El
fragor de la batalla es frecuentemente una adicción poderosa y
letal, puesto que la guerra es una droga”. La cita de Chris Hedges,
quien fue corresponsal de guerra del New York Times,
puesta como epígrafe en Zona de miedo (The Hurt Locker,
2009), no se refiere propiamente al combate. Escenas de ese tipo no
hay en el filme de Kathryn Bigelow, salvo en lo que respecta a un
enfrentamiento con francotiradores, en medio del desierto. Aunque la
cinta se desarrolla en el Irak invadido por Estados Unidos el tema
es la desactivación de bombas. Es una película de suspenso más que
de guerra.
Hitchcock usó ese ejemplo para
explicar qué es el suspenso. Si unos tipos están sentados en una
mesa y no saben que debajo hay una bomba de tiempo es sorpresa; si
lo saben, es suspenso, decía. Zona de miedo es un filme narrado en episodios
independientes, casi todos los cuales corresponden a la
desactivación de una bomba. Y además del problema característico de
esa situación, que es hallar el cable del detonador del artefacto
explosivo y cortarlo, cada escena se desarrolla en un contexto que
le añaden tensión a la escena. Ocurre por la siempre sospechosa
presencia de los árabes iraquíes, al menos dos de los cuales aparece
directamente vinculado con una explosión. Por último está el
suspenso creado por el límite de tiempo que los desactivadores de
bombas están destacados en Irak: ¿llegarán al último día de
servicio, y volverán a casa sanos y salvos, o repatriarán lo poco
que quede de ellos en una caja blanca, como ocurre con el muerto en
un estallido, al comienzo de filme? Son tres capas de suspenso.
Es quizás el suspenso más que la
fotografía realista de estilo documental lo que permite que el
espectador se sienta cerca del sargento William James y de sus
compañeros, J. T. Sanborn y Owen Eldridge. En la butaca puede
experimentar la misma tensión que él ante la explosión inminente.
James, además, no es propiamente un soldado sino un personaje
característico del cine, un cowboy
que se acerca a los artefactos explosivos cuchillo en mano y sin
nada de miedo. Es alguien, en síntesis, al que uno esperaría
encontrar en la pantalla del cine. La identificación
personaje-espectador implícito es subrayada cuando se quita el traje
protector y encara la bomba a mano limpia, tal como se halla en ese
momento quien lo observa en la sala. En un filme de guerra hay
disparos a todo alrededor, y cañonazos y bombas que arrojan desde
aviones, etcétera, pero incluso en las secuencias de enfrentamiento
de Zona de miedo el
enemigo se encuentra a una distancia tal que hasta la llegada de las
balas se percibe por el sonido que hacen al cruzar el aire y
atravesar la carne. En ese caso la identificación se basa en la
experiencia del videojuego, compartida por casi todos los
espectadores: disparar a figuras. En los filmes de guerra el ganchos
es el valor, el honor, el patriotismo. En este caso no hay nada de
eso - Pablo Gamba Ver
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Trailer de Zona de miedo
Zona de miedo de Kathryn Bigelow: Zona de miedo (Kathryn Bigelow,
EE UU, 2009) cuenta una historia
simplicísima: el día a día (¿puede decirse
la cotidianidad?) de un grupo antiexplosivos
durante la guerra de Irak. Su estructura
también es sencilla: unas cuantas escenas
muy largas, con mucha tensión, donde este
trío de soldados se dedica a desarmar
bombas. Cada una más peligrosa y elaborada
que la anterior. Entre una y otra operación,
un par de escenas más o menos breves sobre
el tiempo libre de los protagonistas,
prácticamente los únicos personajes del
filme. Pero lo que interesa son las
elecciones de la directora: el desierto y el
idioma como representaciones del aislamiento
y la incomunicación; la descontextualización
que impide reconocer las motivaciones de los
protagonistas, pero sí su alienación; la
carencia casi total de diálogos explicativos
y el uso de la cámara en mano que, como en
pocos filmes, aquí ayuda en la creación de
esa tensión sin distraer al espectador. Un
par de escenas emotivas son opacadas por la
desoladora vida civil del protagonista y su
decisión final, que niega cualquier
capacidad de adaptación a la "normalidad".
Es una exploración de la soledad, de la
alienación y, sobre todo, de un mundo
masculino cuya única expresión posible es la
violencia. En las buenas y en las malas -
Ricardo Azuaga, El Dedo en el Ojo,
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Zona de miedo de Kathryn Bigelow: El título
original podría traducirse literalmente como "el casillero del
dolor" y remite al protagonista último de una película importante en
el cine americano (Una nota al margen es que un film de una crudeza
extrema como éste compita en el Oscar con una fantasía comeflor como
Avatar, siendo dirigidos por un ex matrimonio y apuntando ambos al
corazón de la pesadilla neoconservadora, pero ese es otro tema).
Porque Zona de miedo se ubi- ca en la frontera última entre los
enemigos y convive con equipo encargado de
desactivar las bombas caseras que los
iraquíes colocan en el camino. Ironía mayor,
la película imita imaginariamente una de las
estrategias usadas por la administración
Bush para lidiar con los medios: el llamado
embedment o inserción de los periodistas entre los soldados, como forma de
controlar el origen, si no todo, el mensaje
- Héctor Concari, Tal Cual Ver más/ Comentar
Festín
de
la CARTELERA
Avatar
Asalto al camión blindado de Nimrod Antal: Asalto al camión blindado(Nimród Antal, EE UU, 2009) comienza
como la típica película de ladrones buenos.
Unos trabajadores honestos deciden cometer
un robo fabuloso para favorecer a un
compañero. Esto dura poco. Tras el falso
atraco, todos los personajes quedan
encerrados en un depósito de una industria
productora de acero y el resto del filme se
desarrolla allí. De inmediato se acaba la
solidaridad y todo es ambición y lucha por
la supervivencia. Poca sangre, algo de
acción y unos personajes deshumanizados
dedicados a desguazar el camión y a acabar
con quienes representan la honestidad. 86
minutos de tensión donde hay que destacar el
uso del sonido, el montaje que alterna las
acciones de los que están dentro y los que
están fuera del camión, el buen desempeño de
unos actores que casi no hablan o que sólo
gritan, los cuidadísimos encuadres que
evocan la obra de Edward Hopper y la
elección de unas locaciones donde lo
industrial y la desolación se combinan para
trascender la mera historia. Un ejercicio de
buen hacer dentro de una industria que se
empeña en la chapuza del cine de terror, la
comedia romántica y la escatología.
Ricardo Azuaga, El Dedo en el Ojo,
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Trailer de Asalto al camión
blindado
Percy Jackson y
el ladrón del rayode Chris Columbus: A la caza y captura del gran filón
editorial de corte infantil o adolescente.
Así andan desde hace más de un lustro las
grandes productoras de Hollywood. Exigencias
mínimas: primera, que el libro en cuestión
sea de género fantástico; segunda, que no
estemos ante un ejemplar único, pues hay que
exprimir al máximo a la posible gallina de
los huevos de oro y construir una saga
cinematográfica de no menos de tres
películas; y tercera, que se parezca lo
máximo posible a El señor de los anillos
o a Harry Potter (si es a ambas,
mejor aún). Y ya está aquí la penúltima
tentativa: Percy Jackson y el ladrón del
rayo, basada en la primera de las cinco
novelas escritas por el estadounidense Rick
Riordan, protagonizadas por un adolescente
americano del siglo XXI que descubre que su
padre ausente es en realidad el dios griego
Poseidón -
Javier Ocaña, El País Ver
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Trailer de Percy Jackson y el ladrón del
rayo
Percy Jackson y
el ladrón del rayode Chris Columbus: Quien conozca algo de mitología
griega sabrá que aquellos dioses siempre
fueron algo dados a los excesos. Pero la
versión de ellos que se ve en Percy Jackson
y el ladrón del rayo tiene la marca de la
sobreactuación acuñada en el Actor’s Studio:
mucha ampulosidad y pura reducción de
personajes a meros mecanismos gestuales,
como si sólo desde ese exceso superfluo
fuera posible componer criaturas excesivas.
Ese tono pasado de revoluciones tiñe casi
todo el metraje de esta primera entrega de
otra saga que pretende ocupar el trono de
Harry Potter, el mismo que comenzará quedar
vacante justo este año. Un objetivo difícil.
Juan Pablo Cinelli, Página/12 Ver
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Percy Jackson y
el ladrón del rayode Chris Columbus: En la búsqueda desesperada de los
estudios de Hollywood por encontrar sagas
literarias de corte fantástico que luego
puedan convertirse en franquicias
cinematográficas sustentadas en un gran
despliegue de CGI y destinadas al consumo
familiar masivo, Fox descubrió las novelas
de Rick Riordan sobre Percy Jackson, un
típico adolescente de escuela secundaria que
descubre que es hijo del mismísimo dios
griego Poseidón
-
Diego Batlle, Otros Cines Ver
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Avatar de James
Cameron: Cameron revoluciona el cine. Cameron
reinventa el cine. Cameron convierte el cine
en una nueva experiencia. Son sólo tres de
los titulares con los que nos hemos ido
desayunando de cuando en cuando gracias a
los medios de comunicación de todo el mundo.
Todo ello, faltaría más, sin haber visto la
película. Avatar, por supuesto -
Javier Ocaña, El País Ver
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Trailer de Avatar
Avatar de James
Cameron:
La rimbombancia con la que
ha sido lanzada Avatar (2009), acorde con lo que requiere la
recuperación de la inversión –monto incognoscible que el
New York Times calcula en 500 millones de dólares, incluido el
mercadeo–, ha convertido en tema de discusión el posible
paralelismo entre el filme de James Cameron y La guerra de las galaxias
(Star Wars, 1977), en lo que respecta a su posibilidad de expandir lo
que la gente entiende por espectáculo cinematográfico,
apoyado en la tecnología de exhibición en 3D. Aparte de
eso está la posible trascendencia de la cinta como una
crítica del daño ambiental ocasionado por el desarrollo
industrial y, sobre todo, de la destrucción de pueblos y
culturas por el afán de apoderarse de materias primas. Pero
quizás las críticas más contundentes que pueden
hacerse a Avatar son las que la película se hace a sí
misma, a través de sus incongruencias y contradicciones. Es la
autoironía de un filme de ciencia ficción al que su
importancia económica y el tema invitan a considerar con
seriedad -
Robert Gómez, El Universal Ver
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Papás a la fuerza de Walt Becker: Papás a la fuerza(Walt
Becker, EEUU, 2009). Presentada por la
empresa Walt Disney, induce a pensar que se
asistirá a una alegre lucha entre dos niños
traviesos y dos adultos cuyos intérpretes
parecen asegurar las más divertidas
agudezas. Al contrario, los niños son unos
verdaderos angelitos. Además, Travolta pone
su ingenua pero antaño eficaz versatilidad
al servicio de un personaje estúpidamente
contradictorio y sin humor. Y Robin
Williams, deprimido como nunca, alterna su
consabido sentimentalismo con unos gags
perfectamente ejecutados e insertados en
escenas tan anodinas que no hay manera de
reírse. Una producción descosida, hecha de
injertos, en la que no se puede dejar de
notar que Travolta parece tener algo de
responsabilidad, pues la agraciada señora
que interpreta el papel de madre de los
gemelos (Kelly Preston) es su mujer y la
gemelita (Ella Bleu Travolta) es su hija.
¡Ay, qué bajo hemos caído! Los críticos,
claro.
Ambretta Marrosu, El Dedo en el Ojo, Últimas
Noticias
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El hombre lobo de Joe Johnston: Siempre detrás de la alargada sombra
de su eminente padre, el excelso hombre
de las mil caras, Lon Chaney Jr, al
igual que su coetáneo Bela Lugosi, se vio
irremediablemente atrapado por una maldición
tan letal como la que sufría su personaje
más recordado, Larry Talbot. Condenado para
toda la eternidad a ser El hombre lobo, el
actor, pese a una filmografía de casi
doscientos títulos, jamás consiguió romper
el embrujamiento que pesaba sobre él. Tengo
mis serias reservas sobre la posibilidad de
que la maldición del licántropo atrape al
actor Benicio Del Toro, incluso mucho me
temo que su encarnación de Lawrence (Larry)
Talbot, se sumará sin pena ni gloria a su
más que irregular trayectoria. No creo que
dentro de unos años, se recuerde al
intérprete cubano por su puesta al día
del mito del hombre lobo. Ni siquiera el
propio film, dentro de unas pocas
temporadas, habrá resistido en la memoria
del aficionado y acabará perdiéndose, en
formato DVD o Blue Ray, en las estanterías
de cualquier video club, como en infinidad
de ocasiones ha sucedido con películas que
como esta actualización de la tragedia de
Larry Talbot han nacido muertas.
Ramón Alfonso, Miradas de Cine Ver
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Trailer de El hombre lobo
El hombre lobo de Joe Johnston: Por más que los trascendidos de
Hollywood sobre este film no eran demasiado
alentadores (incluso su estreno se fue
demorando más de lo debido), la presencia
como director de Joe Johnston (que tiene en
su haber varios films atendibles como
Rocketeer, Cielo de octubre y
Jurassic Park III)
permitía cierto margen para la ilusión. Sin
embargo, la decepción es casi absoluta.
Aquí, cinco razones posibles (seguro que hay
más)
-
Martina Hirsch, Otros Cines Ver
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El hombre lobo de Joe Johnston: En su excelente estudio sobre el cine
de terror moderno Nightmare movies,
el crítico británico Kim Newman señalaba que
la eclosión de películas de licántropos a
principios de los ochenta no era fenómeno
que pudiese ser atribuido al zeitgeist,
sino a algo, en principio, más prosaico: el
desarrollo de las nuevas técnicas de efectos
especiales de maquillaje, que, por fin,
permitían mostrar una transformación en
tiempo real (y con todo lujo de orgánicos
detalles). Que Joe Johnston decida refundar
el mito del hombre lobo con esta película,
protagonizada por un entregado Benicio del
Toro, tampoco tiene que ver con el
zeitgeist, sino con la rentable
tendencia de resucitar viejas mitologías a
través del baño de gravedad y
grandilocuencia. El hombre lobo no
pertenece, así, a la misma familia que el
Sherlock Holmes de Guy Ritchie, sino a
la de aquel Drácula de Bram Stoker
que propuso, hace unas décadas, un Francis
Ford Coppola pertrechado de un mayor
atrevimiento estilístico que el que se
permite Johnston
-
Jordi Costa, El País Ver
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Día de los enamorados de Garry Marshall: Este nuevo film del director de
Frankie and Johnnyes
un típico producto de "concepto" sustentado
en fórmulas recontra aplicadas: contratamos
una veintena de figuras (cada uno trabaja
una semanita por un buen dinero), escribimos
un puñado de historias románticas que
transcurran en Los Angeles durante el Día de
San Valentín y las unimos con el manual del
guionista primerizo que acaba de aprobar la
materia "Estructura coral"
-
Diego Batlle, Otros Cines Ver
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Trailer de Día de los enamorados
Día de los enamorados de Garry Marshall: "¡En el Día de San Valentín uno no
piensa, sólo hace!" La frase dicha por unos
de los muchos personajes protagónicos de
Día de los E namorados es un muy buen
resumen de la película. Repleto de actores y
actrices famosos y en general bastante
buenos en su trabajo -la excepción hecha de
la bella pero acartonada Jessica Alba-, los
responsables del film no se tomaron el
tiempo para pensar en qué hacer con ellos.
Natalia Trzenko, La Nación Ver
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Papás a la fuerza de Walt Becker: Presentada por la empresa Walt
Disney, induce a pensar que se asistirá a
una alegre lucha entre dos niños traviesos y
dos adultos cuyos intérpretes parecen
asegurar las más divertidas agudezas. Al
contrario, los niños son unos verdaderos
angelitos. Además, Travolta pone su ingenua
pero antaño eficaz versatilidad al servicio
de un personaje estúpidamente contradictorio
y sin humor. Y Robin Williams, deprimido
como nunca, alterna su consabido
sentimentalismo con unos gags perfectamente
ejecutados e insertados en escenas tan
anodinas que no hay manera de reírse. Una
producción descosida, hecha de injertos, en
la que no se puede dejar de notar que
Travolta parece tener algo de
responsabilidad, pues la agraciada señora
que interpreta el papel de madre de los
gemelos (Kelly Preston) es su mujer y la
gemelita (Ella Bleu Travolta) es su hija.
¡Ay, qué bajo hemos caído! Los críticos,
claro -
Ambretta Marrosu, El Dedo en el Ojo, Últimas Noticias
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Invictus de Clint Eastwood:
La
mezcla deporte-espectáculo-política tiene siniestros antecedentes
que se remontan a las Olimpiadas en la Alemania nazi, en 1936. Eso
obliga a considerar con suspicacia Invictus,
filme en el que Clint Eastwood vuelve sobre el tema de la
integración de los diferentes en el seno de una misma comunidad,
como en Gran Torino
(2008). La diferencia es que aquí no se trata de una minoría
aterrorizada por otra sino que le teme a la instauración de la
tiranía de la mayoría, como la llamó John Stuart Mill. Son los
blancos descendientes de holandeses, los afrikaners, en la Suráfrica
posterior al apartheid, donde el Congreso Nacional Africano ganó las
elecciones y Nelson Mandela acaba de llegar a la presidencia.
Pablo Gamba Ver
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Trailer de Invictus
Invictus de Clint Eastwood: Acaba de
llegar a nuestro país la nueva y poderosa cinta de Clint
Eastwood, Invictus (2009). Se estrena en nuestras
salas en un año de grandes expectativas para Venezuela, un
2010 signado por fuertes conflictos en todos los órdenes de
nuestra vida nacional: desde lo político, económico y social
hasta lo ético y moral. Es por esto que Invictus
califica como un interesante caso a estudiar para contrastar
las situaciones de esa película con la realidad de nuestro
país, donde las libertades y la cohesión nacional son
sujetas a polémicos debates. En la Suráfrica de hace 15 años
el odio entre los diferentes grupos étnicos y políticos
estaba a la orden del día. Un preso político, Nelson
Mandela, sumó voluntades para la reconciliación, e inspirar
así una nación unida en democracia -
Ender Pérez Ver
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Invictus de Clint Eastwood: En 1994 Sudáfrica eligió como presidente a Nelson
Mandela, primero en ser elegido por vías democráticas bajo el voto
universal y primero de raza negra en la historia del país. Un año
después de su llegada a la presidencia se celebró en el país la copa
mundial de rugby. Mandela utilizaría dicho evento deportivo como
medio de unificación de blancos y negros. El multipremiado director
estadounidense Clint Eastwood (Gran Torino, 2008) recrea los
momentos en que el líder africano lucha contra las secuelas dejadas
por el apartheid. Eastwood titula el filme Invictus (2009),
el cual se adapta al libro Playing the
Enemy: Nelson Mandela and the Game that Made a Nation
del escritor John Carlin. Abraham De Barros Ver
más
Estrenos en LATINOAMÉRICA
La madre
Un fueguito: la historia de
César Milstein
de Ana Fraile:
Este documental, dirigido, coescrito y producido por
Ana Fraile, es un tributo a César Milstein, el científico
argentino que en 1984 obtuvo el Premio Nobel de Medicina y
Farmacología por sus teorías sobre desarrollo y control del
sistema inmunológico y el descubrimiento de la técnica para
producir anticuerpos monoclonales a gran escala. Diego Batlle, La Nación Ver
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Os inquilinos
de Sérgio Bianchi:
En cada largo que realizó, más
decididamente a partir de Cronicamente inviável,
Sérgio Bianchi creó para sí (y dejó con alguna comodidad que
se la creasen todavía más), la imagen del "gran provocador",
aquel que "mete el dedo en la herida de Brasil". Eduardo Valente, Cinética Ver
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Os inquilinos
de Sérgio Bianchi: El primer plano de Os inquilinos es
de los más significativos: la pantalla está completamente
llena de un verdadero mar de casas de clase baja. No
exactamente una favela de ranchos sino casas de bloques sin
acabado, con sus vísceras a la vista. Celso Sabadin, Cine Click Ver
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Pachamama
de Eryk Rocha: Pachamama, nombre inca de la "Madre Tierra", es el
registro cinematográfico de un viaje emprendido por la
Amazonia brasileña, Bolivia y Perú. No tiene absolutamente
nada que ver con las imágenes estandarizadas por los
documentales tradicionales en la línea de Disney o National
Geographic. Celso Sabadin, Cine Click Ver
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Rosa patria
de Santiago Loza:
Para muchos, el nombre de Néstor Perlongher puede no
decir nada; sin embargo, después de ver Rosa Patria
puede empezar a tener una presencia que, hasta ahora y por
diversos motivos, se circunscribía casi en forma excluyente
a círculos de iniciados. Claudio Minghetti, La Nación Ver
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Rosa patria
de Santiago Loza:
En un lapso de poco más de 100 días se produce el
tercer estreno de un film de Santiago Loza. Tras
La
invención de la carne (19/11/2009) y
Ártico
(4/2/2010), llega este muy interesante documental de autor
que ganó el
Premio Especial del Jurado de la Sección Oficial Argentina
del Bafici 2009. Diego Batlle, Otros
Cines Ver
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La madre
de Gustavo Fontán:
Gustavo Fontán, o mejor, Gustavo Fontán y su equipo,
Diego Poleri en fotografía y cámara, Javier Farina en
sonido, y Marcos Pastor en montaje, son algo así como
orfebres del cine. Minuciosos orfebres. En La madre,
como en El árbol, consiguen tallar un melancólico
vínculo familiar y hasta darle forma al devorador paso el
tiempo; al dejar de ser: con extrema belleza. Exploran,
labran, capturan, centralmente, fragmentos de la
cotidianidad: rutinarias tragedias. Instantes que "narran"
con estilo minimalista, pero con estética impresionista; los
encuadres, la iluminación, los sonidos no dan un marco: son
la historia. Historia que se reformula en la percepción y la
subjetividad del espectador. Podría decirse que las
películas de Fontán se sienten (o no, cuestión de gustos);
que funcionan (o no) de disparadores, como la poesía. Es el
terreno más ecuánime para evaluarlas. Miguel Frías, Clarín Ver
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La madre
de Gustavo Fontán:
Luego del episodio netamente experimental que significó
La orilla que se abisma, Gustavo Fontán vuelve a un formato
más narrativo con La madre, último esfuerzo en una
obra que se abre camino sin comprometer su cauce estético.
En más de un sentido, esta breve (apenas una hora de
duración) pieza de cámara comparte intereses y ansiedades
con su anterior El árbol. Por un lado, vuelven a aparecer
cuestiones centrales como el paso del tiempo y la
interrelación de los procesos naturales con la vida
cotidiana; por otro, la misma sensibilidad para el retrato
de cuerpos humanos, objetos y seres animados y cierta
sustancia inmaterial que la puesta en escena evidencia en
cada uno de los planos. Fontán se ha revelado un realizador
del misterio, un fabricante de imágenes y sonidos que no se
agotan en la manifestación de su superficie, sino que, por
el contrario, obligan al espectador a investigar qué se
oculta detrás de ellos. No se trata de un cine expositivo o
descriptivo, sino más bien de un territorio poético que le
hace los honores a aquella idea de la multiplicidad del
séptimo arte. Diego Brodersen, Página/12 Ver
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O amor segundo B. Schianberg
de Beto Brant:
Igualmente empacado con las pretensiones
del videoarte que transformado en imagen por cámaras de
vigilancia, O amor segundo B. Schanberg se mantiene
en el tradicional dilema del cine de ficción: la creencia y
la duda de lo que está en la pantalla. Heitor Augusto,
Cineclick
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O homem que engarrafava
nuvens
de Lirio Ferreira:
Rescatar a Humberto Teixeira es una maravilla. Ciertamente para el
que no lo conocía (pero conocía sus letras) y vio el filme
de Lirio Ferreira, hoy la música grabada por Luiz Gonzaga
cobra otro aspecto. Francis Vogner dos
Reis,
Cinética Ver
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Andrés no quiere dormir la
siesta de Daniel Bustamante: La mirada hacia el pasado -en particular si se
refiere a los años de plomo- siempre es analizada desde la
platea por el tamiz de la subjetividad del que vivió esa
época. No es el caso de los espectadores más jóvenes, a
quienes los relatos aún pueden llevarlos a creer, de un
extremo a otro, que confían lo que se les cuenta fue
realmente así. Pablo O. Scholtz,
Clarín Ver
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Andrés no quiere dormir la
siesta de Daniel Bustamante: Andrés, un niño de 8 años, pierde a su madre en un
accidente y su vida sufrirá un rudo golpe de alcances que ni
él mismo puede anticipar. El escenario es la ciudad de Santa
Fe, hacia fines de la década del setenta, en un barrio en el
que todo es amable y apacible aunque sólo en la superficie,
ya que todos conocen que allí, junto al baldío en el que los
pequeños juegan al fútbol, funciona un centro de detención
clandestino. Adolfo C. Martínez,
La Nación Ver
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Andrés no quiere dormir la
siesta de Daniel Bustamante: Entre los pliegues de la ópera prima de Daniel
Bustamante –uno de los cortometrajistas responsables de la
cuarta edición de las Historias Breves– se esconde una
película interesante y provocadora que pudo haberlo sido
mucho más. No es que Andrés no quiere dormir la siesta
carezca de virtudes, pero el producto resultante se hamaca
entre dos puntos opuestos, el de la alegoría política y una
vertiente melancólica del drama costumbrista, en una apuesta
que se aleja progresivamente de la complejidad y la
ambigüedad para arroparse finalmente en la afectación
discursiva. Diego Brodersen,
Página/12 Ver
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Ártico de Santiago Loza: Imaginen una mixtura entre la puesta en escena
urgente de
El
asaltante, de Pablo Fendrik; y el minimalismo
descriptivo del cine de Lisandro Alonso (La
libertad y
Los
muertos) y tendrán una idea (sólo aproximada) de
por dónde transita este tercer largometraje de Loza. Diego Batlle,
Otros Cines Ver
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Só dez por
cento é mentira
de Pedro Cezar: El
crítico y realizador
Jean-Pierre Comolli quedaría feliz al ver So dez por cento
é mentira. Al final, el director Pedro Cezar da una clase de
cómo tratar y construir, junto con su personaje, la mise en
scène de un documental Heitor
Augusto, Cineclick Ver
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