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de las críticas
Las de
ESTRENO

Precious

La isla siniestra de Martin Scorsese:
Una mujer desaparecida. Dos policías. Un manicomio. Una isla. Un huracán... todo esto y más es Sutther Island, thriller psicológico al más puro estilo Hitchcock, en el que Scorsese demuestra lo que ya sabíamos: no hay género que se le resista. Este hombre -junto a Kubrick- es un semidios. Seguro.

1954. Teddy Daniels es un marshall que, junto a su nuevo compañero, se traslada a una remota isla para investigar la inexplicable desaparición de una mujer del psiquiátrico Ashercliffe, único complejo carcelario de la isla en el que se confina a asesinos enfermos mentales, a los que se considera que no van a poder volver a integrarse en la sociedad. Así, rodeado de psicópatas, sin poder salir de la isla, debido al acecho de un huracán y siendo acosados por los médicos, que parecen no querer que se descubra el misterio, pronto se dará cuenta de que la atmósfera asfixiante le hace enfrentarse a sus propios miedos, miedos que le perseguirán hasta perturbarle tanto, que nada será lo que parece.
Arantxa Acosta,
El Espectador Imaginario

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Trailer de La isla siniestra

La isla siniestra de Martin Scorsese:
Perturbadora, ominosa, pesadillesca y surreal son los adjetivos que mejor definen a esta transposición de la novela del cotizado Dennis Lehane (autor también de los relatos que inspiraron Río Místico, de Clint Eastwood, y Desapareció una noche, de Ben Affleck) sobre dos agentes del FBI (Leonardo DiCaprio y Mark Ruffalo) que en 1954 viajan a la isla siniestra del título para investigar un caso y, tras quedar varados allí a causa de un huracán, descubrirán (y nosotros con ellos) que nada es lo que parece.

Con una estética propia del cine-noir y elementos que remiten al terror clase B (como una escena con miles de ratas), al género fantástico, al melodrama romantico y al thriller psicológico, la película propone una compleja y cambiante trama en la que se cuelan desde una sangrienta tragedia familiar hasta experimentos con pacientes esquizofrénicos, pasando por los efectos de una tormenta "bíblica" que azota el lugar y hasta vestigios del nazismo y del exterminio en los campos de concentración - Diego Batlle, Otros Cines
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Enseñanza de vida de Lone Scherfig:
Gris es el uniforme de Jenny, la protagonista de Enseñanza de vida (An Education, 2009). Es también el gris lo que predomina en el colegio donde estudia, y es el color que le da a su vida la disciplina a la que se somete para hacer realidad su aspiración de alumna modelo: ser una chica de clase media admitida en Oxford. Su vida es gris, en resumen, y peor su hogar. Allí no hay colores, ni sabores ni cualidades. Sólo cantidad. El padre tasa escrupulosamente el costo de cada cosa. Esa es la medida del sacrificio con el que respaldan el esfuerzo de Jenny para que llegue a estudiar en la universidad.

Todo sucede en la Inglaterra de comienzos de los años sesenta, antes de que los Beatles, la psicodelia y las demás revoluciones de la vida llegaran para darle un poco de color a la vida de la gente, convertidas en productos de consumo masivo. Pero una fresca ráfaga de esas cosas futuras llega hasta Jenny cuando conoce a un hombre, David (Peter Sarsgaard). La primera salida de ambos es la mejor noche de la vida para la muchacha adolescente, y le abre los ojos a todo aquello que se había prohibido a sí misma para llegar a ser la universitaria aplicada que suponía que quería ser. De eso trata el filme de Lone Scherfig - Pablo Gamba
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Trailer de Enseñanza de vida

Enseñanza de vida de Lone Scherfig:
Enseñanza de vida empieza bien: en el Londres de 1961, seguimos a una adolescente en su paso a la edad adulta. Entre las rutinas de la escuela y las exigencias familiares para una postulación exitosa a Oxford, Jenny, de 16 años, se descubre vivaz y abierta a los estímulos culturales que llegan de París. La notable presencia de Carey Mulligan como Jenny y el clima evocativo de época, pintado con trazos rápidos de discreta nostalgia, combinan a la perfección. La mirada brillante de la muchacha y su gesto de curiosidad la emparientan con las actrices que a inicios de los sesenta supieron encarnar la inocencia, la rebeldía, la frescura, la malicia, la inquietud adolescente, la fascinación por romper reglas y devorar la vida, todo a la vez; desde la Rita Tushingham del Free Cinema británico hasta la Jean Seberg de Buenos días tristeza y Sin aliento - Ricardo Bedoya, El Comercio
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Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton:
Si algo distingue a Lewis Carroll, el autor de Alicia en el país de las maravillas, como hombre y como escritor, es su relación con las niñas. Dejando de lado el lugar común puritano que censura la atracción que despertaban en él Alice Liddell, la inspiradora de sus dos cuentos de Alicia, y otras muchachitas de su edad –y que no puede ponerse en duda que era sexual, a juzgar por las fotografías que tomó y los dibujos que hizo–, Charles Lutwidge Dodgson, como se llamaba en realidad, era seducido por la frescura de la inteligencia infantil. Su complicidad con las niñas no sólo era una pasión amorosa sino también expresión de su irreverencia intelectual y un refugio de la estupidez victoriana. Por eso compartió con ellas, como queda testimoniado en sus libros, burlas de la educación que castra la mente con el aburrimiento, y la repetición y las moralejas, y parodias de las canciones y poemas educativos que dan por sentado que la mente es nula hasta que empieza a pensar como se supone que deben hacerlo los adultos. “El señor Dodgson me exigió esa independencia de criterio que yo nunca antes había tratado de ejercitar por mí misma. En su presencia me sentía a la vez importante y humilde”, escribió una de sus amigas niñas, Edith Rowell, a los 21 años de edad, al enterarse de la muerte del escritor - Pablo Gamba
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Trailer de Alicia en el país de las maravillas

Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton:
Así como Avatar -más allá de lo que pueda pensarse sobre su guión- alcanzó nuevos estándares técnicos y visuales en la elaboración de una civilización extraterrestre sobre la base de imágenes generadas por computadora para su posterior exhibición en salas digitales 3D, lo mismo puede decirse de Alicia en el País de las Maravillas , la nueva propuesta fantástica de otro director visionario y de inagotable creatividad como Tim Burton.

Si James Cameron concibió una nueva sociedad para un relato futurista, Burton se refugió en un par de clásicos de la literatura escritos por Lewis Carroll hace casi un siglo y medio. Sin embargo, ese maestro de la cultura pop que es el director de El gran pez logra impregnarle a esta historia de la era victoriana una impronta moderna, una fluidez, una ligereza y una audacia que contrastan con las rigideces de la época (no es casual que la protagonista se rebele todo el tiempo contra el uso del corsé).
Diego Batlle,
La Nación
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Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton:
Pocos realizadores parecían más indicados que Tim Burton para dar al cine una versión definitiva de Alicia en el País de las Maravillas. Dejando de lado, por poco vista, la que posiblemente sea la más lograda (la que el checo Jan Svankmajer filmó, cuadro a cuadro, a fines de los ’80), los intentos fílmicos alrededor de la célebre novela de Lewis Carroll –cerca de una veintena desde los tiempos del cine mudo, de los cuales el más conocido es el de Disney, de comienzos de los ’50– no habían estado a la altura. Por eso, cuando se supo que el sello del ratón había puesto el nuevo proyecto en manos de Burton, cosquilleos expectantes recorrieron la aldea cinéfila. Razones de afinidad creativa, sumadas a la promesa de inmersión total que siempre brinda el 3-D, hacían aguardar con ansiedad la tecnoboda Burton-Carroll. Pero el imaginero de Charlie y la fábrica de chocolate erró esta vez el camino, y lo que se anunciaba como matrimonio en el cielo terminó en divorcio por infidelidad - Horacio Bernades, Página/12
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Precious de Lee Daniels:
Precious: Based on the Novel Push by Sapphire es una película sobre las oscuras relaciones entre una madre que vive de la asistencia social y su hija, madre adolescente, negras las dos. Su fuerza descansa en el trabajo de las actrices, Gabourey Sidibe y Mo'Nique, que aun siendo mujeres a las que muchos rechazarían por su aspecto, y que interpretan escenas llenas de brutalidad física y verbal, logran sacar brillo a sus personajes. Es tan audaz la película al indagar en los siniestros entretelones de la relación familiar como puede serlo sin incurrir en un radicalismo que corte la comunicación con el público.

Precious, como irónicamente se llama la muchacha de 16 años de edad (Sidibe), ha sido víctima de abuso sexual de la pareja de su madre, Mary (Mo'Nique), con la complicidad de ella. Incluso hay una secuencia que da entender que no sólo el hombre se ha valido de Precious con ese fin, a pesar de que los 180 kilos que pesa no parecen darle atractivo sexual. De esas relaciones ha nacido una niña con síndrome de Down y al comienzo del filme Precious está embarazada de nuevo. Para tenerla sometida a la condición de sirvienta en el hogar, donde ella no hace sino fumar y ver televisión, Mary la insulta y le grita, y además la golpea con la fuerza necesaria para derribar a alguien como Precious, y es capaz de arrojarle una maceta y hasta el televisor. El principal blanco de sus ataques es, sin embargo, psicológico: la humilla y sabotea sus estudios, y llama “Mongo” a su nieta, por “mongólica”, como si quisiera ir enseñándole así a Precious a tratar a su hija como su madre la trata a ella - Pablo Gamba
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Trailer de Precious

Precious de Lee Daniels:
Es una película perturbadora, que se desplaza desde el drama social al conflicto psicológico con una delicada fluidez que evade el amarillismo pero no evita la denuncia familiar. Preciosa narra la historia de una adolescente negra, pobre, obesa e inexpresiva, que apenas sabe leer y escribir, que sufre los continuos maltratos de su madre y que está embarazada por segunda vez de su propio padre. Una perdedora por toda la línea. Ambientado en el Harlem de mediados de los años ochenta, el segundo film dirigido por el actor y productor Lee Daniels llamó la atención en el Festival Sundance del año pasado y se convirtió en una de las sorpresas del Oscar de 2010. Narra una historia insólita que expone los alcances del segregacionismo como cultura del resentimiento, a través de la cual la pobreza y la intolerancia se convierten en una fábrica de horrores.
Alfonso Molina, Ideas de Babel
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Precious de Lee Daniels:
La marginalidad siempre ha constituido uno de los principales temas recurrentes para el llamado cine social. Por ello, a estas alturas, no resulta extraño que su constante litigio se haga, cuanto menos, cansino. Y no en el sentido de aborrecerlo cada vez que le encontramos en lo que parece venderse como una denunciante propuesta transgresora. Sino, más bien, desde la óptica de una exigente postura evaluadora de su inédita y original aportación capaz de escindirla de la infinita colección de filmes que atiborraron el saco de la mediocridad. Precious mantiene una enérgica lucha, sin buscar apoyos, a cara de perro, por librarse del probable depósito condenatorio en dicho costal. Pero, ni su orgullosa producción independiente ni una acicaladora filosofía naïf de trascendente aplicación metamórfica son impulsos aptos para despojarse de la etiqueta de la insignificancia y la vulgaridad fílmica. Sus improcedentes seis nominaciones a los Oscar son un premio más que excesivo - Javier Moral, El Espectador Imaginario
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Zona de miedo de Kathryn Bigelow:
El fragor de la batalla es frecuentemente una adicción poderosa y letal, puesto que la guerra es una droga”. La cita de Chris Hedges, quien fue corresponsal de guerra del New York Times, puesta como epígrafe en Zona de miedo (The Hurt Locker, 2009), no se refiere propiamente al combate. Escenas de ese tipo no hay en el filme de Kathryn Bigelow, salvo en lo que respecta a un enfrentamiento con francotiradores, en medio del desierto. Aunque la cinta se desarrolla en el Irak invadido por Estados Unidos el tema es la desactivación de bombas. Es una película de suspenso más que de guerra.

Hitchcock usó ese ejemplo para explicar qué es el suspenso. Si unos tipos están sentados en una mesa y no saben que debajo hay una bomba de tiempo es sorpresa; si lo saben, es suspenso, decía. Zona de miedo es un filme narrado en episodios independientes, casi todos los cuales corresponden a la desactivación de una bomba. Y además del problema característico de esa situación, que es hallar el cable del detonador del artefacto explosivo y cortarlo, cada escena se desarrolla en un contexto que le añaden tensión a la escena. Ocurre por la siempre sospechosa presencia de los árabes iraquíes, al menos dos de los cuales aparece directamente vinculado con una explosión. Por último está el suspenso creado por el límite de tiempo que los desactivadores de bombas están destacados en Irak: ¿llegarán al último día de servicio, y volverán a casa sanos y salvos, o repatriarán lo poco que quede de ellos en una caja blanca, como ocurre con el muerto en un estallido, al comienzo de filme? Son tres capas de suspenso.

Es quizás el suspenso más que la fotografía realista de estilo documental lo que permite que el espectador se sienta cerca del sargento William James y de sus compañeros, J. T. Sanborn y Owen Eldridge. En la butaca puede experimentar la misma tensión que él ante la explosión inminente. James, además, no es propiamente un soldado sino un personaje característico del cine, un cowboy que se acerca a los artefactos explosivos cuchillo en mano y sin nada de miedo. Es alguien, en síntesis, al que uno esperaría encontrar en la pantalla del cine. La identificación personaje-espectador implícito es subrayada cuando se quita el traje protector y encara la bomba a mano limpia, tal como se halla en ese momento quien lo observa en la sala. En un filme de guerra hay disparos a todo alrededor, y cañonazos y bombas que arrojan desde aviones, etcétera, pero incluso en las secuencias de enfrentamiento de Zona de miedo el enemigo se encuentra a una distancia tal que hasta la llegada de las balas se percibe por el sonido que hacen al cruzar el aire y atravesar la carne. En ese caso la identificación se basa en la experiencia del videojuego, compartida por casi todos los espectadores: disparar a figuras. En los filmes de guerra el ganchos es el valor, el honor, el patriotismo. En este caso no hay nada de eso - Pablo Gamba
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Trailer de Zona de miedo

Zona de miedo de Kathryn Bigelow:
Zona de miedo (Kathryn Bigelow, EE UU, 2009) cuenta una historia simplicísima: el día a día (¿puede decirse la cotidianidad?) de un grupo antiexplosivos durante la guerra de Irak. Su estructura también es sencilla: unas cuantas escenas muy largas, con mucha tensión, donde este trío de soldados se dedica a desarmar bombas. Cada una más peligrosa y elaborada que la anterior. Entre una y otra operación, un par de escenas más o menos breves sobre el tiempo libre de los protagonistas, prácticamente los únicos personajes del filme. Pero lo que interesa son las elecciones de la directora: el desierto y el idioma como representaciones del aislamiento y la incomunicación; la descontextualización que impide reconocer las motivaciones de los protagonistas, pero sí su alienación; la carencia casi total de diálogos explicativos y el uso de la cámara en mano que, como en pocos filmes, aquí ayuda en la creación de esa tensión sin distraer al espectador. Un par de escenas emotivas son opacadas por la desoladora vida civil del protagonista y su decisión final, que niega cualquier capacidad de adaptación a la "normalidad". Es una exploración de la soledad, de la alienación y, sobre todo, de un mundo masculino cuya única expresión posible es la violencia. En las buenas y en las malas - Ricardo Azuaga, El Dedo en el Ojo, Últimas Noticias
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Zona de miedo de Kathryn Bigelow:
El título original podría traducirse literalmente como "el casillero del dolor" y remite al protagonista último de una película importante en el cine americano (Una nota al margen es que un film de una crudeza extrema como éste compita en el Oscar con una fantasía comeflor como Avatar, siendo dirigidos por un ex matrimonio y apuntando ambos al corazón de la pesadilla neoconservadora, pero ese es otro tema). Porque Zona de miedo se ubi- ca en la frontera última entre los enemigos y convive con equipo encargado de desactivar las bombas caseras que los iraquíes colocan en el camino. Ironía mayor, la película imita imaginariamente una de las estrategias usadas por la administración Bush para lidiar con los medios: el llamado embedment o inserción de los periodistas entre los soldados, como forma de controlar el origen, si no todo, el mensaje - Héctor Concari, Tal Cual
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Festín de la
CARTELERA
Avatar

Asalto al camión blindado de Nimrod Antal:
Asalto al camión blindado (Nimród Antal, EE UU, 2009) comienza como la típica película de ladrones buenos. Unos trabajadores honestos deciden cometer un robo fabuloso para favorecer a un compañero. Esto dura poco. Tras el falso atraco, todos los personajes quedan encerrados en un depósito de una industria productora de acero y el resto del filme se desarrolla allí. De inmediato se acaba la solidaridad y todo es ambición y lucha por la supervivencia. Poca sangre, algo de acción y unos personajes deshumanizados dedicados a desguazar el camión y a acabar con quienes representan la honestidad. 86 minutos de tensión donde hay que destacar el uso del sonido, el montaje que alterna las acciones de los que están dentro y los que están fuera del camión, el buen desempeño de unos actores que casi no hablan o que sólo gritan, los cuidadísimos encuadres que evocan la obra de Edward Hopper y la elección de unas locaciones donde lo industrial y la desolación se combinan para trascender la mera historia. Un ejercicio de buen hacer dentro de una industria que se empeña en la chapuza del cine de terror, la comedia romántica y la escatología.
Ricardo Azuaga, El Dedo en el Ojo, Últimas Noticias
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Trailer de Asalto al camión blindado

Percy Jackson y el ladrón del rayo de Chris Columbus:
A la caza y captura del gran filón editorial de corte infantil o adolescente. Así andan desde hace más de un lustro las grandes productoras de Hollywood. Exigencias mínimas: primera, que el libro en cuestión sea de género fantástico; segunda, que no estemos ante un ejemplar único, pues hay que exprimir al máximo a la posible gallina de los huevos de oro y construir una saga cinematográfica de no menos de tres películas; y tercera, que se parezca lo máximo posible a El señor de los anillos o a Harry Potter (si es a ambas, mejor aún). Y ya está aquí la penúltima tentativa: Percy Jackson y el ladrón del rayo, basada en la primera de las cinco novelas escritas por el estadounidense Rick Riordan, protagonizadas por un adolescente americano del siglo XXI que descubre que su padre ausente es en realidad el dios griego Poseidón - Javier Ocaña, El País
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Trailer de Percy Jackson y el ladrón del rayo

Percy Jackson y el ladrón del rayo de Chris Columbus:
Quien conozca algo de mitología griega sabrá que aquellos dioses siempre fueron algo dados a los excesos. Pero la versión de ellos que se ve en Percy Jackson y el ladrón del rayo tiene la marca de la sobreactuación acuñada en el Actor’s Studio: mucha ampulosidad y pura reducción de personajes a meros mecanismos gestuales, como si sólo desde ese exceso superfluo fuera posible componer criaturas excesivas. Ese tono pasado de revoluciones tiñe casi todo el metraje de esta primera entrega de otra saga que pretende ocupar el trono de Harry Potter, el mismo que comenzará quedar vacante justo este año. Un objetivo difícil.
Juan Pablo Cinelli, Página/12
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Percy Jackson y el ladrón del rayo de Chris Columbus:
En la búsqueda desesperada de los estudios de Hollywood por encontrar sagas literarias de corte fantástico que luego puedan convertirse en franquicias cinematográficas sustentadas en un gran despliegue de CGI y destinadas al consumo familiar masivo, Fox descubrió las novelas de Rick Riordan sobre Percy Jackson, un típico adolescente de escuela secundaria que descubre que es hijo del mismísimo dios griego Poseidón - Diego Batlle, Otros Cines
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Avatar de James Cameron:
Cameron revoluciona el cine. Cameron reinventa el cine. Cameron convierte el cine en una nueva experiencia. Son sólo tres de los titulares con los que nos hemos ido desayunando de cuando en cuando gracias a los medios de comunicación de todo el mundo. Todo ello, faltaría más, sin haber visto la película. Avatar, por supuesto - Javier Ocaña, El País
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Trailer de Avatar

Avatar de James Cameron:
La rimbombancia con la que ha sido lanzada Avatar (2009), acorde con lo que requiere la recuperación de la inversión –monto incognoscible que el New York Times calcula en 500 millones de dólares, incluido el mercadeo–, ha convertido en tema de discusión el posible paralelismo entre el filme de James Cameron y La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977), en lo que respecta a su posibilidad de expandir lo que la gente entiende por espectáculo cinematográfico, apoyado en la tecnología de exhibición en 3D. Aparte de eso está la posible trascendencia de la cinta como una crítica del daño ambiental ocasionado por el desarrollo industrial y, sobre todo, de la destrucción de pueblos y culturas por el afán de apoderarse de materias primas. Pero quizás las críticas más contundentes que pueden hacerse a Avatar son las que la película se hace a sí misma, a través de sus incongruencias y contradicciones. Es la autoironía de un filme de ciencia ficción al que su importancia económica y el tema invitan a considerar con seriedad -
Robert Gómez, El Universal
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Papás a la fuerza de Walt Becker:
Papás a la fuerza (Walt Becker, EEUU, 2009). Presentada por la empresa Walt Disney, induce a pensar que se asistirá a una alegre lucha entre dos niños traviesos y dos adultos cuyos intérpretes parecen asegurar las más divertidas agudezas. Al contrario, los niños son unos verdaderos angelitos. Además, Travolta pone su ingenua pero antaño eficaz versatilidad al servicio de un personaje estúpidamente contradictorio y sin humor. Y Robin Williams, deprimido como nunca, alterna su consabido sentimentalismo con unos gags perfectamente ejecutados e insertados en escenas tan anodinas que no hay manera de reírse. Una producción descosida, hecha de injertos, en la que no se puede dejar de notar que Travolta parece tener algo de responsabilidad, pues la agraciada señora que interpreta el papel de madre de los gemelos (Kelly Preston) es su mujer y la gemelita (Ella Bleu Travolta) es su hija. ¡Ay, qué bajo hemos caído! Los críticos, claro.
Ambretta Marrosu, El Dedo en el Ojo, Últimas Noticias
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El hombre lobo de Joe Johnston:
Siempre detrás de la alargada sombra de su eminente padre, el excelso hombre de las mil caras, Lon Chaney Jr, al igual que su coetáneo Bela Lugosi, se vio irremediablemente atrapado por una maldición tan letal como la que sufría su personaje más recordado, Larry Talbot. Condenado para toda la eternidad a ser El hombre lobo, el actor, pese a una filmografía de casi doscientos títulos, jamás consiguió romper el embrujamiento que pesaba sobre  él. Tengo mis serias reservas sobre la posibilidad de que la maldición del licántropo atrape al actor Benicio Del Toro, incluso mucho me temo que su encarnación de Lawrence (Larry) Talbot, se sumará sin pena ni gloria a su más que irregular trayectoria. No creo que dentro de unos años, se recuerde al intérprete cubano por su puesta al día del mito del hombre lobo. Ni siquiera el propio film, dentro de unas pocas temporadas, habrá resistido en la memoria del aficionado y acabará perdiéndose, en formato DVD o Blue Ray, en las estanterías de cualquier video club, como en infinidad de ocasiones ha sucedido con películas que como esta actualización de la tragedia de Larry Talbot han nacido muertas.
Ramón Alfonso, Miradas de Cine
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Trailer de El hombre lobo

El hombre lobo de Joe Johnston:
Por más que los trascendidos de Hollywood sobre este film no eran demasiado alentadores (incluso su estreno se fue demorando más de lo debido), la presencia como director de Joe Johnston (que tiene en su haber varios films atendibles como Rocketeer, Cielo de octubre y Jurassic Park III) permitía cierto margen para la ilusión. Sin embargo, la decepción es casi absoluta. Aquí, cinco razones posibles (seguro que hay más) - Martina Hirsch, Otros Cines
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El hombre lobo de Joe Johnston:
En su excelente estudio sobre el cine de terror moderno Nightmare movies, el crítico británico Kim Newman señalaba que la eclosión de películas de licántropos a principios de los ochenta no era fenómeno que pudiese ser atribuido al zeitgeist, sino a algo, en principio, más prosaico: el desarrollo de las nuevas técnicas de efectos especiales de maquillaje, que, por fin, permitían mostrar una transformación en tiempo real (y con todo lujo de orgánicos detalles). Que Joe Johnston decida refundar el mito del hombre lobo con esta película, protagonizada por un entregado Benicio del Toro, tampoco tiene que ver con el zeitgeist, sino con la rentable tendencia de resucitar viejas mitologías a través del baño de gravedad y grandilocuencia. El hombre lobo no pertenece, así, a la misma familia que el Sherlock Holmes de Guy Ritchie, sino a la de aquel Drácula de Bram Stoker que propuso, hace unas décadas, un Francis Ford Coppola pertrechado de un mayor atrevimiento estilístico que el que se permite Johnston - Jordi Costa, El País
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Día de los enamorados de Garry Marshall:
Este nuevo film del director de Frankie and Johnny es un típico producto de "concepto" sustentado en fórmulas recontra aplicadas: contratamos una veintena de figuras (cada uno trabaja una semanita por un buen dinero), escribimos un puñado de historias románticas que transcurran en Los Angeles durante el Día de San Valentín y las unimos con el manual del guionista primerizo que acaba de aprobar la materia "Estructura coral" - Diego Batlle, Otros Cines
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Trailer de Día de los enamorados

Día de los enamorados de Garry Marshall:
"¡En el Día de San Valentín uno no piensa, sólo hace!" La frase dicha por unos de los muchos personajes protagónicos de Día de los E namorados es un muy buen resumen de la película. Repleto de actores y actrices famosos y en general bastante buenos en su trabajo -la excepción hecha de la bella pero acartonada Jessica Alba-, los responsables del film no se tomaron el tiempo para pensar en qué hacer con ellos.
Natalia Trzenko, La Nación

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Papás a la fuerza de Walt Becker:
Presentada por la empresa Walt Disney, induce a pensar que se asistirá a una alegre lucha entre dos niños traviesos y dos adultos cuyos intérpretes parecen asegurar las más divertidas agudezas. Al contrario, los niños son unos verdaderos angelitos. Además, Travolta pone su ingenua pero antaño eficaz versatilidad al servicio de un personaje estúpidamente contradictorio y sin humor. Y Robin Williams, deprimido como nunca, alterna su consabido sentimentalismo con unos gags perfectamente ejecutados e insertados en escenas tan anodinas que no hay manera de reírse. Una producción descosida, hecha de injertos, en la que no se puede dejar de notar que Travolta parece tener algo de responsabilidad, pues la agraciada señora que interpreta el papel de madre de los gemelos (Kelly Preston) es su mujer y la gemelita (Ella Bleu Travolta) es su hija. ¡Ay, qué bajo hemos caído! Los críticos, claro - Ambretta Marrosu, El Dedo en el Ojo, Últimas Noticias
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Invictus de Clint Eastwood:
La mezcla deporte-espectáculo-política tiene siniestros antecedentes que se remontan a las Olimpiadas en la Alemania nazi, en 1936. Eso obliga a considerar con suspicacia Invictus, filme en el que Clint Eastwood vuelve sobre el tema de la integración de los diferentes en el seno de una misma comunidad, como en Gran Torino (2008). La diferencia es que aquí no se trata de una minoría aterrorizada por otra sino que le teme a la instauración de la tiranía de la mayoría, como la llamó John Stuart Mill. Son los blancos descendientes de holandeses, los afrikaners, en la Suráfrica posterior al apartheid, donde el Congreso Nacional Africano ganó las elecciones y Nelson Mandela acaba de llegar a la presidencia. Pablo Gamba
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Trailer de Invictus

Invictus de Clint Eastwood:
Acaba de llegar a nuestro país la nueva y poderosa cinta de Clint Eastwood, Invictus (2009). Se estrena en nuestras salas en un año de grandes expectativas para Venezuela, un 2010 signado por fuertes conflictos en todos los órdenes de nuestra vida nacional: desde lo político, económico y social hasta lo ético y moral. Es por esto que Invictus califica como un interesante caso a estudiar para contrastar las situaciones de esa película con la realidad de nuestro país, donde las libertades y la cohesión nacional son sujetas a polémicos debates. En la Suráfrica de hace 15 años el odio entre los diferentes grupos étnicos y políticos estaba a la orden del día. Un preso político, Nelson Mandela, sumó voluntades para la reconciliación, e inspirar así una nación unida en democracia - Ender Pérez
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Invictus de Clint Eastwood:
En 1994 Sudáfrica eligió como presidente a Nelson Mandela, primero en ser elegido por vías democráticas bajo el voto universal y primero de raza negra en la historia del país. Un año después de su llegada a la presidencia se celebró en el país la copa mundial de rugby. Mandela utilizaría dicho evento deportivo como medio de unificación de blancos y negros. El multipremiado director estadounidense Clint Eastwood (Gran Torino, 2008) recrea los momentos en que el líder africano lucha contra las secuelas dejadas por el apartheid. Eastwood titula el filme Invictus (2009), el cual se adapta al libro Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game that Made a Nation del escritor John Carlin.
Abraham De Barros

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Estrenos en
LATINOAMÉRICA

La madre

Un fueguito: la historia de César Milstein de Ana Fraile:
Este documental, dirigido, coescrito y producido por Ana Fraile, es un tributo a César Milstein, el científico argentino que en 1984 obtuvo el Premio Nobel de Medicina y Farmacología por sus teorías sobre desarrollo y control del sistema inmunológico y el descubrimiento de la técnica para producir anticuerpos monoclonales a gran escala.   
Diego Batlle, La Nación
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Os inquilinos
de Sérgio Bianchi:
En cada largo que realizó, más decididamente a partir de Cronicamente inviável, Sérgio Bianchi creó para sí (y dejó con alguna comodidad que se la creasen todavía más), la imagen del "gran provocador", aquel que "mete el dedo en la herida de Brasil".   
Eduardo Valente, Cinética
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Os inquilinos
de Sérgio Bianchi:
El primer plano de Os inquilinos es de los más significativos: la pantalla está completamente llena de un verdadero mar de casas de clase baja. No exactamente una favela de ranchos sino casas de bloques sin acabado, con sus vísceras a la vista.  
Celso Sabadin, Cine Click
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Pachamama de Eryk Rocha:
Pachamama, nombre inca de la "Madre Tierra", es el registro cinematográfico de un viaje emprendido por la Amazonia brasileña, Bolivia y Perú. No tiene absolutamente nada que ver con las imágenes estandarizadas por los documentales tradicionales en la línea de Disney o National Geographic.  
Celso Sabadin, Cine Click
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Rosa patria de Santiago Loza:
Para muchos, el nombre de Néstor Perlongher puede no decir nada; sin embargo, después de ver Rosa Patria puede empezar a tener una presencia que, hasta ahora y por diversos motivos, se circunscribía casi en forma excluyente a círculos de iniciados.  
Claudio Minghetti, La Nación
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Rosa patria de Santiago Loza:
En un lapso de poco más de 100 días se produce el tercer estreno de un film de Santiago Loza. Tras La invención de la carne (19/11/2009) y Ártico (4/2/2010), llega este muy interesante documental de autor que ganó el
Premio Especial del Jurado de la Sección Oficial Argentina del Bafici 2009.  
Diego Batlle, Otros Cines
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La madre de Gustavo Fontán:
Gustavo Fontán, o mejor, Gustavo Fontán y su equipo, Diego Poleri en fotografía y cámara, Javier Farina en sonido, y Marcos Pastor en montaje, son algo así como orfebres del cine. Minuciosos orfebres. En La madre, como en El árbol, consiguen tallar un melancólico vínculo familiar y hasta darle forma al devorador paso el tiempo; al dejar de ser: con extrema belleza. Exploran, labran, capturan, centralmente, fragmentos de la cotidianidad: rutinarias tragedias. Instantes que "narran" con estilo minimalista, pero con estética impresionista; los encuadres, la iluminación, los sonidos no dan un marco: son la historia. Historia que se reformula en la percepción y la subjetividad del espectador. Podría decirse que las películas de Fontán se sienten (o no, cuestión de gustos); que funcionan (o no) de disparadores, como la poesía. Es el terreno más ecuánime para evaluarlas.  
Miguel Frías, Clarín
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La madre de Gustavo Fontán:
Luego del episodio netamente experimental que significó La orilla que se abisma, Gustavo Fontán vuelve a un formato más narrativo con La madre, último esfuerzo en una obra que se abre camino sin comprometer su cauce estético. En más de un sentido, esta breve (apenas una hora de duración) pieza de cámara comparte intereses y ansiedades con su anterior El árbol. Por un lado, vuelven a aparecer cuestiones centrales como el paso del tiempo y la interrelación de los procesos naturales con la vida cotidiana; por otro, la misma sensibilidad para el retrato de cuerpos humanos, objetos y seres animados y cierta sustancia inmaterial que la puesta en escena evidencia en cada uno de los planos. Fontán se ha revelado un realizador del misterio, un fabricante de imágenes y sonidos que no se agotan en la manifestación de su superficie, sino que, por el contrario, obligan al espectador a investigar qué se oculta detrás de ellos. No se trata de un cine expositivo o descriptivo, sino más bien de un territorio poético que le hace los honores a aquella idea de la multiplicidad del séptimo arte.  
Diego Brodersen, Página/12
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O amor segundo B. Schianberg de Beto Brant:
Igualmente empacado con las pretensiones del videoarte que transformado en imagen por cámaras de vigilancia, O amor segundo B. Schanberg se mantiene en el tradicional dilema del cine de ficción: la creencia y la duda de lo que está en la pantalla.  
Heitor Augusto, Cineclick
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O homem que engarrafava nuvens de Lirio Ferreira:
Rescatar a Humberto Teixeira es una maravilla. Ciertamente para el que no lo conocía (pero conocía sus letras) y vio el filme de Lirio Ferreira, hoy la música grabada por Luiz Gonzaga cobra otro aspecto.  
Francis Vogner dos Reis, Cinética
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Andrés no quiere dormir la siesta de Daniel Bustamante:
La mirada hacia el pasado -en particular si se refiere a los años de plomo- siempre es analizada desde la platea por el tamiz de la subjetividad del que vivió esa época. No es el caso de los espectadores más jóvenes, a quienes los relatos aún pueden llevarlos a creer, de un extremo a otro, que confían lo que se les cuenta fue realmente así.  
Pablo O. Scholtz, Clarín
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Andrés no quiere dormir la siesta de Daniel Bustamante:
Andrés, un niño de 8 años, pierde a su madre en un accidente y su vida sufrirá un rudo golpe de alcances que ni él mismo puede anticipar. El escenario es la ciudad de Santa Fe, hacia fines de la década del setenta, en un barrio en el que todo es amable y apacible aunque sólo en la superficie, ya que todos conocen que allí, junto al baldío en el que los pequeños juegan al fútbol, funciona un centro de detención clandestino.  
Adolfo C. Martínez, La Nación
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Andrés no quiere dormir la siesta de Daniel Bustamante:
Entre los pliegues de la ópera prima de Daniel Bustamante –uno de los cortometrajistas responsables de la cuarta edición de las Historias Breves– se esconde una película interesante y provocadora que pudo haberlo sido mucho más. No es que Andrés no quiere dormir la siesta carezca de virtudes, pero el producto resultante se hamaca entre dos puntos opuestos, el de la alegoría política y una vertiente melancólica del drama costumbrista, en una apuesta que se aleja progresivamente de la complejidad y la ambigüedad para arroparse finalmente en la afectación discursiva.  
Diego Brodersen, Página/12
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Ártico de Santiago Loza:
Imaginen una mixtura entre la puesta en escena urgente de El asaltante, de Pablo Fendrik; y el minimalismo descriptivo del cine de Lisandro Alonso (La libertad y Los muertos) y tendrán una idea (sólo aproximada) de por dónde transita este tercer largometraje de Loza.  
Diego Batlle, Otros Cines
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Só dez por cento é mentira
de Pedro Cezar:
El crítico y realizador Jean-Pierre Comolli quedaría feliz al ver So dez por cento é mentira. Al final, el director Pedro Cezar da una clase de cómo tratar y construir, junto con su personaje, la mise en scène de un documental  
Heitor Augusto, Cineclick
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Máster en critica cinematografica
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