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Cuando el cine sale del clóset: una panorámica
del cine de la diversidad sexual
Allende los
instrumentos jurídicos considerados como verdaderas conquistas de la
comunidad Lgbti
(lesbianas,
"gays", bisexuales, transgéneros, transexuales e intersexuales),
abunda en la
cinematografía del mundo una ingente cantidad de filmes que han elegido
como núcleo central de su trama la temática de la diversidad sexual.
Películas que abordan géneros que van de la comedia de situaciones a la
caricatura del homosexual, pasando por los policiales, los clase B, cine
activista, cine gore y hasta los dramas lacrimosos de alcoba. Sin
embargo, se deja entrever que, cuando los argumentos trascienden el
ámbito de la heteronormatividad, la homosexualidad femenina, o la
transexualidad son los temas menos tratados.
Explorando
apenas en la superficie de los antecedentes, la diversidad sexual se
remonta a un poco antes de la aparición de realismo sonoro. Haremos
mención en este artículo de apenas algunos de los filmes más sonados o
representativos del cine Lgbti.
La llegada del
sonido trae consigo la primera película con claros guiños lésbicos,
Muchachas de uniforme de Leonine Sagan, (Mädchen in Uniform
1931). Está basada en una pieza teatral de la poetisa antifascista
Christa Winsloe, que se desarrolla en un internado de mujeres en el que
una alumna palidece de amor por su profesora. Esta, al parecer, sería la
primera película lésbica que se proyectó públicamente en el continente
americano.
Jean Cocteau
dirigió
varios largometrajes protagonizados por su amante Jean Marais, siendo
uno de ellos Orfeo (Orphée, 1949).
Las interesantes
Vera Clouzot y Simone Signoret protagonizan Las diabólicas (Les
diaboliques, 1954), dirigida por Henry G. Clouzot, quien desarrolla
un suspense con dos mujeres que caminan sobre la cuerda floja
hasta terminar involucrándose en un temerario triángulo amoroso.
Rainer Werner
Fassbinder uno de los representantes del llamado Nuevo Cine Alemán,
irrumpe en los años sesenta, entre otras, con Las amargas lágrimas de
Petra von Kant (Die
bitteren Tränen der Petra von Kant,
1972)
en la que se establecen las relaciones de dominación entre dos mujeres.
Como obra póstuma dejaría
Querelle (1982), una adaptación de Querelle de Brest,
novela del escritor Jean Genet. Este filme incluía escenas
explícitamente sexuales de Brad Davis, erigido entonces como una suerte
de símbolo homoerótico.
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De la misma
generación de cineastas alemanes es Rosa von Praunheim, seudónimo de
Holger Mitschwitzki, quien adopta su nombre inspirado en el triángulo
rosa invertido que llevaban los homosexuales en los campos nazis de
concentración. Von Praunheim fue un incansable activista del Lgbti y
autor prolífico de cuya filmografía destaca El homosexual no es
perverso, sino la situación en la que él vive (Nicht der
Homosexuelle ist pervers, sondern die Situation, in der er lebt,
1970), documental que propició la formación de grupos gay en Alemania
con el lapidario lema: “Salir de los baños para salir a las calles”. Las
restricciones de presupuesto no hicieron posible hacer un registro de
sonido, el cual fue resuelto agregando una voz en off, mucho después de
terminada la película.
De Francia
proviene una parte importante de cine lésbico en los años setenta,
cintas que incluían
relaciones sexuales entre mujeres, muchas de estas,
contadas desde la perspectiva de hombres heterosexuales, algo con lo que
muchas lesbianas aún no se idendifican. Además de Emmanuelle
(1974) o Historia de O (
también
destaca Bilitis (1976) de David Hamilton que relata la iniciación
sexual de una adolescente con una mujer casada.
Derek Jarman,
personaje polémico y una figura clave en la cultura pop británica
de los ochenta, con Sebastián (Sebastianne, 1976)
desarrolla una llamativa versión de la vida del esclavo que llevaba ese
nombre y que pasaría a la posteridad como mártir e icono gay. Entre toda
la obra fílmica de Jarman, resulta prominente la alusión que hace al
homoerotismo y a la denuncia de la hipocresía hacia la homosexualidad.
Uno de los
fundadores del Neorrealismo Italiano, Luchino Visconti, sin tapujos
respecto de su
orientación sexual filma una adaptación de la novela
homónima de Thomas Mann Muerte en Venecia (Morte a Venezia,
1971), en donde un compositor hace de objeto de su deseo un hermoso
púber que eleva en su imaginario como un efebo.
Ettore Scola, otro
de los grandes en la historia del cine, hizo su aporte con Una
jornada particular (Una giornata particolare, 1977), donde el
actor Marcelo Mastroianni interpreta a un homosexual que traba amistad
con una mujer casada.
Las obras
literarias también forman parte de este universo, en el que conseguimos
ejemplos como la novela victoriana Maurice escrita por M. E.
Foster, la cual fue prohibida en el Reino Unido. James Ivory realiza su
adaptación con Maurice (1987), filme en el que se trata la
situación de clandestinidad a la que se enfrentaban los homosexuales en
la sociedad inglesa de principios del siglo XX.
Además de
argumentos sobre homosexuales, Pier Paolo Pasolini agrega a estos un
importante acento político, especialmente marxista. Fue así como
concibió Teorema (1968), que el mismo Pasolini describe “como
una historia religiosa, un dios que llega a una familia burguesa; bello,
joven, fascinante, angel y/o demonio”.
Uno de los
representantes más significativos del cine británico contemporáneo es
Stephen Frears, quien con
Susurros en tus oídos (Prick Up your Ears, 1989) hace una
excelente puesta en escena que delata
la vida del dramaturgo inglés Joe Orton basándose en su
diario íntimo y otras fuentes que delatan la tortuosa relación con su
compañero sentimental.
No se puede pasar
por alto a Neil Jordan y
su Juego de lágrimas
(The Crying Game, 1992), de temática transexual contada en tono
de thriller, con la que su director gana el Oscar de la Academia
en la categoría de mejor guión original.
En la obra de
André Téchiné prevalecen películas de este corte, resaltando Los
juncos salvajes (Les
roseaux sauvages,
1994), cinta muy aclamada, que hace referencia al propio director y que
gravita alrededor de un adolescente que descubre su homosexualidad.
El lugar sin
límites
(1977) es el primer retrato serio sobre la homosexualidad presente en el
cine mexicano. La cinta, dirigida por
Arturo Ripstein y basada
en la novela homónima de José Donoso, cuenta con una trama que se
desarrolla en un burdel de pueblo. La película resulta transgresora
porque devela el conflicto interno del hombre primordial que sucumbe por
los encantos de un afeminado, pero que al mismo tiempo castra sus deseos
por no contravenir el orden que le impone una virilidad exacerbada.
Los años noventa
también han dejado frutos en esta materia con Happy Together
(1997) pieza
que lleva la firma de Wong Kar Wai, y que proporcionó a su
director la Palma de Oro en el Festival de Cannes ese mismo año.
El realizador
belga Alain Berliner debuta con Mi vida en rosa (Ma Vie en
Rose, 1997) y lo hace desde el punto de vista de un niño de
siete años que experimenta un conflicto de identidad de género.
Por fuera de esta
panorámica no pueden dejarse
El beso de la
mujer araña
(Kiss of the Spider Woman, 1985) de Héctor Babenco, La ley del
deseo (1986) de Pedro Almodóvar, Las noches salvajes (Les
nuits fauves, 1992) de Cyrill Collard, La virgen de los sicarios
(2000) de Barbet Schroeder,
Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (The Adventures of
Priscilla, Queen of the Desert, 1994) de Stephen Elliot, y de Tomás
Gutíerrez Alea y Juan Carlos Tabío Fresa y Chocolate (1994),
polémica propuesta fílmica sobre la tolerancia y los prejuicios que
quedan al descubierto en la isla de Cuba.
Los directores
de la contracultura también tienen su particular interpretación del
asunto. John Waters, por ejemplo, y su Pink Flamingos (1972),
considerada como una película de culto y protagonizada por el inefable
Divine, conocida drag queen muy cotizada en el cine independiente
de Estados Unidos de su época.
Rara avis,
es el director, escritor, productor y fotógrafo canadiense Bruce Labruce,
heredero de la factoría Warhol y hacedor de obras que pendulan entre el
arte y la pornografía gay. En sus inicios realizó múltiples
cortometrajes en formato Super 8. Después de una sostenida trayectoria,
sale del anonimato cuando en 1996 Hustler White participa en el
Festival de Cine de Sundance, convirtiendo a Labruce en unos de los
directores predilectos del cine de culto.
En definitiva el cine que plantea o se vale de estas temáticas cuenta
con diversos abordajes y direccionalidad en sus discursos.
Yoli Chacón
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