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Dos amantes
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Grandes momentos
de la ópera en compact disc


 

Dos amantes (Two Lovers, 2008) de James Gray está inspirada en la novela corta de Fedor Dostoievski Noches blancas. Es por ende una película cuyo protagonista es un soñador. El personaje del escritor se describe a sí mismo como uno de los que tienen un trabajo regular, pero cuando al mediodía cierran las oficinas, las tiendas y los ministerios para el almuerzo y la siesta, en el camino “todo lo mira de un modo inconsciente, como si tuviese al mismo tiempo el pensamiento ocupado con algún objeto distinto, lejano, especial, de suerte que no tarda en no tener para lo que le rodea sino una ligera mirada, y esto cuando algún azar le distrae la atención”. Continúa el soñador, dirigiéndose a la muchacha que acaba de conocer, y de la que lógicamente se ha enamorado: “Alegre se siente como un colegial que se levanta de los bancos de la clase y de nuevo puede entregarse a sus juegos y distracciones favoritas. Si usted lo observara, Nástenka, observaría al punto que esa alegría ha empezado ya a actuar beneficiosamente sobre sus nervios excitados y sobre su fantasía, de una excitabilidad morbosa. Ya esa misma fantasía llevóse en sus juguetonas alas a los transeúntes curiosos y a los rústicos mozos; todo se lo llevó ya la fantasía caprichosamente en su red, como la telaraña a las moscas, y con el botín recién cogido entra el tipo raro en su casa, se sienta a la mesa y come, y hecha su colación no vuelve enteramente en sí hasta que Matríona, su patrona eterna, malhumorada y taciturna, le ofrece la cachimba; hasta entonces, como digo, no vuelve enteramente en sí, y entonces nota con asombro que ya comió sin percatarse de ello”.

 

Michelle (Gwyneth Paltrow) es el personaje que excita en el filme la imaginación que arrebata a Leonard (Joaquín Phoenix) en su prosaica realidad de empleado en la tintorería de su padre y que aún vive en la casa familiar. Prendado de ella se asoma al mundo de una joven bella, necesitada de cuidados y desatendida por su amante, al igual que la Nástenka de Noches blancas. Leonard y Michelle conversan de ventana a ventana en el edificio en el que los dos viven, desde una distancia que a la vez les permite verse y les obliga a imaginarse. Habla por teléfono con ella desde el mismo cuarto al que Sandra (Vinessa Shaw), la mujer que el destino le tiene reservada, y que además de ser también bella es la hija del empresario que quiere incorporar el establecimiento de su padre a su cadena –dos familias unidas porque son judías, además–, entra rápidamente y con naturalidad, a poco de empezada la película. Una encarna la felicidad que le toca a la persona que es cuando no se lo llevan los sueños; la otra lo que necesita encontrar en los sueños porque tiene un pie fuera de su realidad.

 

La ópera es un motivo presente en la novela de Dostoievski y el calificativo de “operático” le ha sido endilgado al cine de James Gray, “en el que hermanos y padres luchan contra el destino y pierden”, como escribió un crítico en Sight and Sound. Es en Dos amantes como un emblema del mundo de clase alta al que pertenece Ronald (Elias Koteas), el amante casado y con un hijo que es negligente con Michelle. El disco Grandes momentos de la ópera que compra Leonard y que Sandra escucha al llegar sorpresivamente a su casa –“¿Te gusta la ópera?”, le pregunta él. “Sí, es decir, no. Sólo he ido a ver El cascanueces”, confiesa ella– condensa con acierto cinematográfico en un objeto la ironía del soñador, y pareciera ser también un comentario irónico de Gray sobre sus tres thrillers policiales anteriores, en especial el aparatoso  We Own the Night (2007), que es lo operático por antonomasia. En Dos amantes no hay drama espectacular; lo más importante sucede en el corazón de Leonard.

 

La huella del realizador de We Own the Night, Little Odessa (1994) y The Yards (2000) se percibe sin embargo en detalles como el ambiente de inmigrantes judíos de origen ruso, así como uso puntual de la cámara en mano y el gusto por utilizar elementos escenográficos para crear encuadres dentro del encuadre. Y por sobre todo el autor que es James Gray se hace patente en la construcción de secuencias líricas, como la de la persecución de vehículos bajo una lluvia torrencial en su filme anterior. En Dos amantes hay dos que sobresalen: el segundo encuentro de Michelle y Leonard en la azotea, elevados a la altura de los sueños pero entre rústicas paredes de ladrillo que son una metáfora de la realidad que los separa –bajo el frío, y un viento fuerte y ruidoso, tópicos del romanticismo, además–, y el final la noche de Año Nuevo en la playa, con un objeto simbólico que va a cambiar irónicamente de función.

 

Gray, además, hace manifiesta otra vez sus deudas con el cine de los realizadores de la década de los años setenta. Dos amantes es un drama profundo y llevado por los personajes, como tantos grandes filmes de esa época en Hollywood, y por ende una cinta que descansa principalmente en la interpretación que hace Phoenix de un eterno adolescente que además padece un vago trastorno mental y que en su interior tiene abierto el hueco de un despecho que le ha llevado dos veces a intentar suicidarse. Su vitalidad siempre es como la de otro, el que se deja arrastrar por la fiebre de la fantasía, y la naturalidad con la que asume el personaje sensato que ha de casarse con Sandra también tiene, por contraste, algo de impostura. Leonard son varios personajes que interpreta Leonard, por lo que asumir el destino o escapar de él son cosas que parecen tener similar carga de irrealidad para el soñador suicida. Es más Dostoievski que el personaje de Noches blancas, que como libro es poco más que un diálogo platónico. El problema es que, por el peso de las referencias, Dos amantes no logra llegar a ser más que una virtuosa imitación de un cine de tiempos idos. El déjà vu es plomo en el ala de las películas de James Gray, que siempre dan la impresión de que son grandes obras poco conocidas del pasado rescatadas en el videoclub, a pesar de detalles como la referencia explícita a fechas cercanas y el uso de celulares.

 

DOS AMANTES

Two Lovers, Estados Unidos, 2008

 

Dirección: James Gray. Guión: James Gray, Ric Menello. Producción: James Gray, Donna Gigliotti, Anthony Katagas. Diseño de producción: Happy Massee. Fotografía: Joaquín Baca-Asay. Montaje: John Axelrad. Sonido: Douglas Murray. Dirección musical: Dana Sano. Elenco: Joaquín Phoenix (Leonard Kraditor), Gwyneth Paltrow (Michelle Rausch), Vinssa Shaw (Sandra Cohen), Elias Koteas (Ronald Blatt), Isabella Rossellini (Ruth Kraditor), Moni Moshonov (Reuben Kraditor), Bob Ari (Michael Cohen), Julie Budd (Carol Cohen). Duración: 110 minutos. Formato: 35 mm, 2,35:1, color, SDDS, Dolby Digital, DTS.

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve

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Máster en critica cinematografica
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