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07/10
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críticas

Eclipse
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Narrativa de la abstinencia

 

Con Eclipse (2010) tocó fondo la serie Crepúsculo. Comenzó generando expectativas con la primera cinta, homónima de la franquicia (Twilight, 2008), dirigida por Catherine Hardwicke, en la que la historia emo de la chica rara recién llegada al liceo, y que se derrite por un fascinante chico vampiro, se combinaba con un realismo que evadía los clichés de la high school movie vulgar. En Luna nueva (New Moon, 2009) aún había cierta aspiración a la seriedad, básicamente en el relato del despecho de Bella Swan, la protagonista, que primero la enferma y luego la lleva a una búsqueda de sí misma a través de cosas aparentemente ajenas a su personalidad. Introdujo además el triángulo Edward-Bella-Jacob. De allí en adelante serán dos bestias masculinas, un hombre lobo además del vampiro, las que disputan el corazón de la pálida adolescente. Eso sigue en Eclipse, para adelante y para atrás, de los brazos del uno a los del otro, con una forma de narrar que calca la dinámica de la abstinencia sexual que practican Bella y Edward: llevar las cosas con intensificación creciente hasta el punto en el que se acercan a consumarse, para darles la vuelta justo antes. Hay quienes encuentran en eso placer, y es respetable, aunque hay una escena en la película que muestra cómo la simple prueba de un goce puede hacer que las convicciones se tambaleen.

 

El problema es que en una narración de avance y retroceso no hay manera de creer que algo sea definitivo. La resolución de Bella al final tiene por ello la misma consistencia de su posición al comienzo. Para colmo, la única base que hay para suponer que ocurrió una transformación en ella es una declaración en la que sostiene que no ha tomado su decisión sobre la base de sus sentimientos sino como una elección de la persona singular que quiere ser y de la vida que quiere vivir. Hay un eco en ello del discurso de Jessica en el acto de graduación. Pero en el caso de la protagonista es difícil de creer en ese llamado de la razón. Ese repentino salto de las tormentas de la pasión a la serenidad del juicio no tiene ninguna justificación sólida en la historia, ni en lo que ella revela de la psicología del personaje.

 

Tampoco es consistente la relación entre el triángulo amoroso y la historia de la amenaza de los newbies, los recién convertidos en vampiros por Riley, quien actúa como un títere de Victoria. La creación de ese ejército de criaturas sedientas de sangre forma parte de un plan contra Bella, a través del cual la vampira busca vengar la muerte de su pareja, James, a manos de Edward. Pero ese es un hecho lejano en la saga y no tiene ninguna conexión con los conflictos del triángulo Edward-Bella-Jacob. La amenaza para colmo hace que los vampiros civilizados y los hombres lobo se unan para combatir a los vampiros salvajes, y que por ende Jacob y Edward formen filas juntos para proteger a Bella. Eso es completamente contradictorio con la rivalidad que mantiene a ambos enamorados al borde de caerse a golpes, y tiene su punto culminante en una secuencia completamente absurda, en la que los dos pasan la noche juntos con la chica que aman en una tienda de campaña, en la cima de una montaña y con una tormenta de nieve. En momentos como ese Eclipse raya en parodia de Crepúsculo, a través de comentarios como el de Jacob, en relación a la diferencia entre la temperatura de los vampiros y la de los hombres lobo: “Asúmelo: yo soy más caliente que tú”. Antes Edward sale con una punta parecida, puesto que Jacob exhibe sus músculos a torso desnudo en casi todos los planos en los que figura: “¿Es que no tiene una franela?”.

 

Otra inconsistencia de Eclipse se deriva de que la lucha contra los newbies la convierte en una película de acción. Mientras que los sentimientos de Bella van y vienen en círculos, los preparativos para la batalla y el combate final avanzan en línea recta. Ese no parece ser, por su vulgaridad comercial, el género más acorde con la idiosincrasia del público adolescente emo, principal target de la serie. Y ha sido dicho en la serie, además: en Luna nueva hay un personaje que sale a vomitar en mitad de una película cuyo título lo dice todo, Face Punch (Golpe en la cara).  Sin embargo, la historia de Eclipse comienza sin ninguna contextualización ni recapitulación de lo sucedido en los filmes anteriores, por lo que se da por sentado que el espectador es fan de la saga Crepúsculo. El detalle confirma que considerar las razones del éxito comercial del filme es una tarea que corresponde a la sociología o a la psicología. Al crítico sólo le queda gritar: “Huyan sin mirar hacia atrás”.   

 

ECLIPSE

Estados Unidos, 2010

 

Dirección: David Slade. Guión: Melissa Rosenberg, basado en la novela homónima de Stephenie Meyer. Producción: Wyck Godfrey, Greg Mooradian, Karen Rosenfelt. Diseño de producción: Paul D. Austerberry. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Montaje: Art Jones, Nancy Richardson. Música: Howard Shore. Elenco: Kristen Stewart (Bella Swan), Robert Pattinson (Edward Cullen), Taylor Lautner (Jacob Black), Xavier Samuel (Riley), Bruce Dallas Howard (Victoria), Anna Kendrick (Jessica), Dakota Fanning (Jane). Duración: 124 minutos. Formato: 35 mm con intermedio digital, 2,35:1, color, Dolby Digital, DTS.

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve

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Máster en critica cinematografica
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