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críticas
Narrativa de la abstinencia
Con
Eclipse (2010) tocó fondo la serie Crepúsculo. Comenzó
generando expectativas con la primera cinta, homónima de la franquicia (Twilight,
2008), dirigida por Catherine Hardwicke, en la que la historia emo
de la chica rara recién llegada al liceo, y que se derrite por un
fascinante chico vampiro, se combinaba con un realismo que evadía los
clichés de la high school movie vulgar. En Luna nueva (New
Moon, 2009) aún había cierta aspiración a la seriedad, básicamente
en el relato del despecho de Bella Swan, la protagonista, que primero la
enferma y luego la lleva a una búsqueda de sí misma a través de cosas
aparentemente ajenas a su personalidad. Introdujo además el triángulo
Edward-Bella-Jacob. De allí en adelante serán dos bestias masculinas, un
hombre lobo además del vampiro, las que disputan el corazón de la pálida
adolescente. Eso sigue en Eclipse, para adelante y para atrás, de
los brazos del uno a los del otro, con una forma de narrar que calca la
dinámica de la abstinencia sexual que practican Bella y Edward: llevar
las cosas con intensificación creciente hasta el punto en el que se
acercan a consumarse, para darles la vuelta justo antes. Hay quienes
encuentran en eso placer, y es respetable, aunque hay una escena en la
película que muestra cómo la simple prueba de un goce puede hacer que
las convicciones se tambaleen.
El problema es que en una narración de avance
y retroceso no hay manera de creer que algo sea definitivo. La
resolución de Bella al final tiene por ello la misma consistencia de su
posición al comienzo. Para colmo, la única base que hay para suponer que
ocurrió una transformación en ella es una declaración en la que sostiene
que no ha tomado su decisión sobre la base de sus sentimientos sino como
una elección de la persona singular que quiere ser y de la vida que
quiere vivir. Hay un eco en ello del discurso de Jessica en el acto de
graduación. Pero en el caso de la protagonista es difícil de creer en
ese llamado de la razón. Ese repentino salto de las tormentas de la
pasión a la serenidad del juicio no tiene ninguna justificación sólida
en la historia, ni en lo que ella revela de la psicología del personaje.
Tampoco es consistente la relación entre el triángulo amoroso y la
historia de la amenaza de los newbies, los recién convertidos en
vampiros por Riley, quien actúa como un títere de Victoria. La creación
de ese ejército de criaturas sedientas de sangre forma parte de un plan
contra Bella, a través del cual la vampira busca vengar la muerte de su
pareja, James, a manos de Edward. Pero ese es un hecho lejano en la saga
y no tiene ninguna conexión con los conflictos del triángulo
Edward-Bella-Jacob. La amenaza para colmo hace que los vampiros
civilizados y los hombres lobo se unan para combatir a los vampiros
salvajes, y que por ende Jacob y Edward formen filas juntos para
proteger a Bella. Eso es completamente contradictorio con la rivalidad
que mantiene a ambos enamorados al borde de caerse a golpes, y tiene su
punto culminante en una secuencia completamente absurda, en la que los
dos pasan la noche juntos con la chica que aman en una tienda de
campaña, en la cima de una montaña y con una tormenta de nieve. En
momentos como ese Eclipse raya en parodia de Crepúsculo, a
través de comentarios como el de Jacob, en relación a la diferencia
entre la temperatura de los vampiros y la de los hombres lobo: “Asúmelo:
yo soy más caliente que tú”. Antes Edward sale con una punta parecida,
puesto que Jacob exhibe sus músculos a torso desnudo en casi todos los
planos en los que figura: “¿Es que no tiene una franela?”.
Otra
inconsistencia de Eclipse se deriva de que la lucha contra los
newbies la convierte en una película de acción. Mientras que los
sentimientos de Bella van y vienen en círculos, los preparativos para la
batalla y el combate final avanzan en línea recta. Ese no parece ser,
por su vulgaridad comercial, el género más acorde con la idiosincrasia
del público adolescente emo, principal target de la serie. Y ha
sido dicho en la serie, además: en Luna nueva hay un personaje
que sale a vomitar en mitad de una película cuyo título lo dice todo,
Face Punch (Golpe en la cara). Sin embargo, la historia de
Eclipse comienza sin ninguna contextualización ni recapitulación
de lo sucedido en los filmes anteriores, por lo que se da por sentado
que el espectador es fan de la saga Crepúsculo. El detalle
confirma que considerar las razones del éxito comercial del filme es una
tarea que corresponde a la sociología o a la psicología. Al crítico sólo
le queda gritar: “Huyan sin mirar hacia atrás”.
ECLIPSE
Estados Unidos, 2010
Dirección:
David Slade. Guión: Melissa Rosenberg, basado en la novela
homónima de Stephenie Meyer. Producción: Wyck Godfrey, Greg
Mooradian, Karen Rosenfelt. Diseño de producción: Paul D.
Austerberry. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Montaje:
Art Jones, Nancy Richardson. Música: Howard Shore. Elenco:
Kristen Stewart (Bella Swan), Robert Pattinson (Edward Cullen), Taylor
Lautner (Jacob Black), Xavier Samuel (Riley), Bruce Dallas Howard
(Victoria), Anna Kendrick (Jessica), Dakota Fanning (Jane). Duración:
124 minutos. Formato: 35 mm con intermedio digital, 2,35:1,
color, Dolby Digital, DTS.Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve
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