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críticas
La verdad zombie
La
proliferación de gente que graba con las cámaras que tiene a la mano su
verdad sobre los acontecimientos noticiosos, o encuentra videos
reveladores y publica todo eso en Internet para refutar las que
considera que son mentiras de la televisión, la radio y la prensa, es el
trasfondo de lo que se cuenta en El diario de los muertos (Diary
of the Dead, 2007). La quinta película en la serie de zombies de
George A. Romero, que comenzó con La noche de los muertos vivientes
(Night of the Living Dead, 1968) y cuya sexta parte,
Survival of the Dead (2009), ha sido estrenada en Estados Unidos,
trata en el fondo de lo mismo que Redacted (2007) de Brian de
Palma, filme que relata un caso de atrocidades cometidas por tropas
estadounidenses en Irak. La narración de las dos películas está
construida como un compendio de documental, videos de aficionados, clips
publicados en Internet, imágenes captadas por cámaras de vigilancia,
fragmentos de noticieros y otros materiales, lo que concierne más a los
problemas actuales que las historias que relatan. Pero la cinta de De
Palma se hace eco del aura de veracidad que tienen las imágenes que
irrumpen en lo que hasta hace poco tiempo era coto de caza cerrado de
pocos medios de comunicación y de su poder de hacer salir a flote las
verdades que los gobiernos tratan de ocultar. Romero es escéptico en
relación con eso.
En El diario de los muertos se
plantean problemas acerca de por qué proliferan de esa manera los
mensajes “alternativos”. Las preguntas acerca de la compulsión a
registrar los horrores en vez de tratar de actuar para ponerles fin son
puestas en la voz del personaje cuya narración reflexiva convierte el
diario del título en algo que parece más propiamente un ensayo. Quizás
por esa razón el filme es presentado como un una película dentro de
otra, al estilo de El proyecto de la bruja de Blair de Daniel
Myrick y Eduardo Sánchez (The Blair Witch Project, 1999),
o de Cloverfield (2008) de Matt Reeves. La fórmula retórica
intenta crear el distanciamiento necesario entre el autor implícito del
filme y los realizadores ficticios de The Death of Death,
documental comenzado por Jason Creed y terminado por su novia, Debra
Moynihan, que además de ser uno de los protagonistas es la que narra. De
otra manera la película sería demasiado obviamente un ensayo
cinematográfico de Romero. Pero no por ese truco deja de quedar claro
que son las reflexiones del cineasta las que están expresadas en la
cinta, y ese es quizás el principal problema de El diario de los
muertos como película de ficción.
Los personajes
son un grupo de estudiantes, acompañados de un profesor, reunidos al
comienzo de noche en un bosque para grabar una película de terror con
clichés como una chica que es perseguida por una momia. Lo borrosa que
es la frontera entre realidad y ficción queda señalado por el paso, sin
solución de continuidad, de las imágenes de esa cinta al registro de lo
dispuesto detrás de las cámaras para el rodaje, y de allí a la
transformación del filme en documental, desde que por radio empiezan a
llegar las primeras noticias sobre el ataque de los zombies. Otro giro
similar volverá a traer de vuelta a la ficción al final de la película.
De esa manera se problematiza también la naturaleza algunos materiales
publicados en Internet: ¿cómo distinguir entre el registro de los hechos
reales que se desarrolla como historia y los relatos de ficción?
Al vértigo de
la cámara en movimiento de Creed se añade el hallazgo de una segunda
cámara y la presencia de una tercera, la de un celular, en cuya pantalla
pueden verse clips bajados de Internet, como también ocurre en una
laptop. Igualmente se muestra parte del proceso de edición de un avance
del documental en la computadora. De todo eso surgen abundantes planos
de puesta en abismo en los que un camarógrafo graba al otro, que a su
vez graba al primero, o captura la pantalla donde se presenta un
material filmado por aficionados o transmisiones de televisión –en una
de los cuales pueden percibirse las manipulaciones que han hecho al
material publicado originalmente en la web, además–. Incluso se registra
el reflejo de un rostro en la pantalla en la que corre un clip grabado
con la misma cámara. Si Creed intenta captar una verdad, con lo que se
topa constantemente es con la presencia de otras cámaras con la que se
trata de hacer lo mismo: captar la verdad. Ese es una realidad que los
que intentan revelar verdades “ocultas” por los medios pareciera que no
ven. Irónicamente, si el brujo africano de El pasajero de
Michelangelo Antonioni (The Passanger, 1975) sostenía que
el que filma dice más sobre sí mismo al filmar que sobre lo que filma,
la cámara esconde el rostro de Jason en El diario de los zombies,
y queda sin responder la pregunta que plantea Debra acerca de por qué el
documentalista hace lo que hace. “¿Qué es lo que se nos mete en la
cabeza cuando vemos algo horrible, como un espantoso accidente de
tránsito en la carretera? Algo impide que pasemos de largo manejando.
Algo nos detiene. Pero no nos paramos a ayudad. Nos paramos a ver”,
reflexiona Romero a través de la narradora.
Hay un momento
en la historia en el que Creed sube a Internet parte del material que ha
grabado, y se entusiasma cuando se entera de que ha recibido 72.000
visitas en Myspace en los primeros 8 minutos. El hambre de carne humana
de los zombies de las películas de Romero tiene así en El diario de
los muertos una contrapartida entre los vivos que registran el
apocalipsis: el ansia de que lo que publican sea visto, lo cual se
evidencia acumulando clics. Las verdades que tratan de decir también se
alzan en el filme a la manera de los muertos vivientes, en una situación
en la que los medios de comunicación institucionalizados han dejado de
existir, arrasados por la catástrofe global. Cuando en el aire sólo
queden los blogueros, los hackers y los aficionados que graban videos,
lo único que se conocerá son esas verdades zombies, y el resultado será
una representación caótica del caos, como dice Romero en la voz de
Debra: “Cuando más voces hay, da más vueltas la cosa. La verdad se
vuelve mucho más difícil de encontrar. Al final es sólo ruido”. No puede
pensarse, además, que se trate de una suerte de nostalgia por la
autoridad de los medios de comunicación institucionalizados, que todavía
hoy tratan de dar su venia a lo que es cierto y lo que no lo es. Los
expertos que entrevista la televisión eran objeto de burla en La
noche de los muertos vivientes y en El amanecer de los muertos,
y en Tierra de los muertos (Land of the Dead, 2005) ya ese
medio era un cadáver, cuya carcasa vacía era escenario para entretener a
los niños pobres con títeres.
EL DIARIO DE
LOS MUERTOS
Diary of the
Dead,
Estados Unidos, 2007
Dirección y guión:
George A. Romero.
Producción:
Peter Grunwald, Sam Englebardt, Ara Katz, Art Spigel.
Diseño de
producción:
Rupert Lazarus. Efectos especiales de maquillaje: Gregory
Nicotero. Dirección de fotografía: Adam Swica. Efectos
visuales: Jeff Campbell, Colin Davies.
Montaje:
Michael Doherty. Sonido: Nathan Robitaille. Música: Norman
Orenstein. Elenco: Michelle Morgan (Debra Moynihan), Joshua Close
(Jason Creed), Shawn Roberts (Tony Ravello), Amy Ciupak Lalonde (Tracy
Thurman), Joe Dinicol (Eliot Stone), Scott Wentworth (Andrew Maxwell),
Philip Riccio (Ridley Wilmontt), Chris Violette (Gordo Thorsten),
Tatiana Maslany (Mary Dexter), Todd Schroeder (Brody).
Duración:
95 minutos. Formato: Hdcam inflado a 35 mm, 1,85:1, color, DTS,
Dolby Digital.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve
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