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06/10
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críticas

El diario de los muertos
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La verdad zombie

 

La proliferación de gente que graba con las cámaras que tiene a la mano su verdad sobre los acontecimientos noticiosos, o encuentra videos reveladores y publica todo eso en Internet para refutar las que considera que son mentiras de la televisión, la radio y la prensa, es el trasfondo de lo que se cuenta en  El diario de los muertos (Diary of the Dead, 2007). La quinta película en la serie de zombies de George A. Romero, que comenzó con La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968) y cuya sexta parte, Survival of the Dead (2009), ha sido estrenada en Estados Unidos, trata en el fondo de lo mismo que Redacted (2007) de Brian de Palma, filme que relata un caso de atrocidades cometidas por tropas estadounidenses en Irak. La narración de las dos películas está construida como un compendio de documental, videos de aficionados, clips publicados en Internet,  imágenes captadas por cámaras de vigilancia, fragmentos de noticieros y otros materiales, lo que concierne más a los problemas actuales que las historias que relatan. Pero la cinta de De Palma se hace eco del aura de veracidad que tienen las imágenes que irrumpen en lo que hasta hace poco tiempo era coto de caza cerrado de pocos medios de comunicación y de su poder de hacer salir a flote las verdades que los gobiernos tratan de ocultar. Romero es escéptico en relación con eso.

 

En El diario de los muertos se plantean problemas acerca de por qué proliferan de esa manera los mensajes “alternativos”. Las preguntas acerca de la compulsión a registrar los horrores en vez de tratar de actuar para ponerles fin son puestas en la voz del personaje cuya narración reflexiva convierte el diario del título en algo que parece más propiamente un ensayo. Quizás por esa razón el filme es presentado como un una película dentro de otra, al estilo de El proyecto de la bruja de Blair de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez (The Blair Witch Project, 1999), o de Cloverfield (2008) de Matt Reeves. La fórmula retórica intenta crear el distanciamiento necesario entre el autor implícito del filme y los realizadores ficticios de The Death of Death, documental comenzado por Jason Creed y terminado por su novia, Debra Moynihan, que además de ser uno de los protagonistas es la que narra. De otra manera la película sería demasiado obviamente un ensayo cinematográfico de Romero. Pero no por ese truco deja de quedar claro que son las reflexiones del cineasta las que están expresadas en la cinta, y ese es quizás el principal problema de El diario de los muertos como película de ficción.

 

Los personajes son un grupo de estudiantes, acompañados de un profesor, reunidos al comienzo de noche en un bosque para grabar una película de terror con clichés como una chica que es perseguida por una momia. Lo borrosa que es la frontera entre realidad y ficción queda señalado por el paso, sin solución de continuidad, de las imágenes de esa cinta al registro de lo dispuesto detrás de las cámaras para el rodaje, y de allí a la transformación del filme en documental, desde que por radio empiezan a llegar las primeras noticias sobre el ataque de los zombies. Otro giro similar volverá a traer de vuelta a la ficción al final de la película. De esa manera se problematiza también la naturaleza algunos materiales publicados en Internet: ¿cómo distinguir entre el registro de los hechos reales que se desarrolla como historia y los relatos de ficción?

 

Al vértigo de la cámara en movimiento de Creed se añade el hallazgo de una segunda cámara y la presencia de una tercera, la de un celular, en cuya pantalla pueden verse clips bajados de Internet, como también ocurre en una laptop. Igualmente se muestra parte del proceso de edición de un avance del documental en la computadora. De todo eso surgen abundantes planos de puesta en abismo en los que un camarógrafo graba al otro, que a su vez graba al primero, o captura la pantalla donde se presenta un material filmado por aficionados o transmisiones de televisión –en una de los cuales pueden percibirse las manipulaciones que han hecho al material publicado originalmente en la web, además–. Incluso se registra el reflejo de un rostro en la pantalla en la que corre un clip grabado con la misma cámara. Si Creed intenta captar una verdad, con lo que se topa constantemente es con la presencia de otras cámaras con la que se trata de hacer lo mismo: captar la verdad. Ese es una realidad que los que intentan revelar verdades “ocultas” por los medios pareciera que no ven. Irónicamente, si el brujo africano de El pasajero de Michelangelo Antonioni (The Passanger, 1975) sostenía que el que filma dice más sobre sí mismo al filmar que sobre lo que filma, la cámara esconde el rostro de Jason en El diario de los zombies, y queda sin responder la pregunta que plantea Debra acerca de por qué el documentalista hace lo que hace. “¿Qué es lo que se nos mete en la cabeza cuando vemos algo horrible, como un espantoso accidente de tránsito en la carretera? Algo impide que pasemos de largo manejando. Algo nos detiene. Pero no nos paramos a ayudad. Nos paramos a ver”, reflexiona Romero a través de la narradora.

 

Hay un momento en la historia en el que Creed sube a Internet parte del material que ha grabado, y se entusiasma cuando se entera de que ha recibido 72.000 visitas en Myspace en los primeros 8 minutos. El hambre de carne humana de los zombies de las películas de Romero tiene así en El diario de los muertos una contrapartida entre los vivos que registran el apocalipsis: el ansia de que lo que publican sea visto, lo cual se evidencia acumulando clics. Las verdades que tratan de decir también se alzan en el filme a la manera de los muertos vivientes, en una situación en la que los medios de comunicación institucionalizados han dejado de existir, arrasados por la catástrofe global. Cuando en el aire sólo queden los blogueros, los hackers y los aficionados que graban videos, lo único que se conocerá son esas verdades zombies, y el resultado será una representación caótica del caos, como dice Romero en la voz de Debra: “Cuando más voces hay, da más vueltas la cosa. La verdad se vuelve mucho más difícil de encontrar. Al final es sólo ruido”. No puede pensarse, además, que se trate de una suerte de nostalgia por la autoridad de los medios de comunicación institucionalizados, que todavía hoy tratan de dar su venia a lo que es cierto y lo que no lo es. Los expertos que entrevista la televisión eran objeto de burla en La noche de los muertos vivientes y en El amanecer de los muertos, y en Tierra de los muertos (Land of the Dead, 2005) ya ese medio era un cadáver, cuya carcasa vacía era escenario para entretener a los niños pobres con títeres.

 

EL DIARIO DE LOS MUERTOS

Diary of the Dead, Estados Unidos, 2007

 

Dirección y guión: George A. Romero. Producción: Peter Grunwald, Sam Englebardt, Ara Katz, Art Spigel. Diseño de producción: Rupert Lazarus. Efectos especiales de maquillaje: Gregory Nicotero. Dirección de fotografía: Adam Swica. Efectos visuales: Jeff Campbell, Colin Davies. Montaje: Michael Doherty. Sonido: Nathan Robitaille. Música: Norman Orenstein. Elenco: Michelle Morgan (Debra Moynihan), Joshua Close (Jason Creed), Shawn Roberts (Tony Ravello), Amy Ciupak Lalonde (Tracy Thurman), Joe Dinicol (Eliot Stone), Scott Wentworth (Andrew Maxwell), Philip Riccio (Ridley Wilmontt), Chris Violette (Gordo Thorsten), Tatiana Maslany (Mary Dexter), Todd Schroeder (Brody). Duración: 95 minutos. Formato: Hdcam inflado a 35 mm, 1,85:1, color, DTS, Dolby Digital.

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve

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Máster en critica cinematografica
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