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Loco corazón
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Como una vieja canción

 

Loco corazón (Crazy Heart, 2009) es como una de esas viejas canciones que se cantan para tratar de disipar la tristeza. Cuenta una historia de redención que es como todas esas historias. Bad Blake, el protagonista, una vieja gloria del country, se ha ido dejando sumergir cada vez más profundamente en la decadencia y en un mar de alcohol. Encuentra algo de aliento para nadar hacia la orilla en el amor de una joven y bella periodista, y luego de golpearse contra el duro fondo de la nada se levanta para emprender una segunda carrera en la música.

 

And this ain’t no place for the weary kind, and this ain’t no place to lose your mind, and this ain’t no place to fall behind. Pick up your crazy heart and give it one more try” (“Y este no es lugar para los que están cansados, y este no es lugar para perder la cabeza, y este no es lugar para caer. Así que levanta tu loco corazón e inténtalo otra vez”), dice la letra del tema con el que Bad Blake inicia el camino hacia la nueva vida, “The Weary Kind”, por el que Ryan Bingham y T-Bone Burnet ganaron el premio de la Academia. Al igual que la música de la que trata la historia, lo que cuenta en el filme es el sentimiento de la interpretación. Es una película para disfrutar de Jeff Bridges en el papel principal, que le valió el Oscar, y de Maggie Gyllenhaal como Jean, con un director que ha desarrollado su carrera en la actuación, Scott Cooper, y que pone su conocimiento al servicio de los actores.

 

Bridges, que se convirtió en un emblema bufo de la decadencia estadounidense con The Dude, en The Big Lebowski (1998) de los hermanos Coen, da a su personaje de Loco corazón un peso que traduce físicamente la hondura del abismo que se ha abierto en su interior. Cualquier intento artificioso de hacer brillar la oscuridad de Bad Blake tiene que habérselo tragado ese pozo, y la única fuerza auténtica que le queda es la que aún no ha mellado el alcohol. A duras penas alcanza para mover lenta y torpemente su cuerpo aflojado. Lo que a un actor cualquiera podría haber servido como pretexto para lucirse, brota en la interpretación de Bridges como empujado desde el interior por esa débil y espesa marea. Viene de las vísceras enfermas, como el vómito que le lleva a abandonar el escenario en medio de un toque, al comienzo de la película, y a abrazar la poceta en calzoncillos después. La lentitud es la que le da la sintonía con el personaje de Maggie Gyllenhaal. Jane también tiene un pasado que la aplaca, y es desde un fondo de cicatrices que se siente brotar su densa sensualidad. La tragedia está en que, cuando el amor le devuelve parte de la vitalidad perdida, el destino sigue jugando en contra de Bad Blake, incluso aunque no tenga la culpa de lo que le sucede.

 

En manos del actor Cooper puso los objetos que precisa para ayudarlo a hacer visible lo que siente. Aparte del cinturón suelto, la camisa abierta y los pies descalzos pero con medias, que hacen tangible la autoindulgencia, le da un pote en el que ha orinado mientras maneja, y que vacía en el estacionamiento cuando llega al lugar de un toque, por ejemplo, o lentes que se van a dar junto con el vómito en el pipote.

Sin embargo, no muestra en la puesta en cuadro el mismo talento de la puesta en escena, y eso es un problema en la película. En una cinta basada en las actuaciones, y donde ellas se afincan en la expresión corporal, escatimó los planos generales, que son los que mejor permiten mostrar eso. Utilizó además el formato Scope para narrar una historia intimista. Ni los pocos paisajes que hay en la cinta, y que tratan de situar a Bad Blake contra un fondo de árida inmensidad, como un eco de su abismo, ni la secuencia del concierto despejan el enigma de por qué esta pequeña joya fue filmada como una mezcla de televisión con algunos toques de western cinematográfico.

 

LOCO CORAZÓN

Crazy Heart, Estados Unidos, 2009

 

Dirección y guión: Scott Cooper, basado en la novela homónima de Thomas Cobb. Producción: Scott Cooper, Robert Duvall, T-Bone Burnett, Judy Cairo, Rob Carliner. Diseño de producción: Waldemar Kalinowski. Fotografía: Barry Markowitz. Montaje: John Axelrad. Sonido: Andrew DeCristofaro, Paula Fairfield. Música: Stephen Burton, T-Bone Burnett, con canciones de Burnett y Ryan Bingham. Elenco: Jeff Bridges (Bad Blake), Maggie Gyllenhaal (Jean Craddock), Colin Farrell (Tommy Sweet), Robert Duvall (Wayne), James Keane (manager), Jack Nation (Buddy Craddock). Duración: 112 minutos. Formato: filmado en Super 35 mm y exhibido en 35 mm anamórfico, intermedio digital, 2,35:1, color, Dolby Digital.

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve

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Máster en critica cinematografica
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