 |
críticas
Paz para el alma de Tex Avery
Con
Shrek para siempre (Shrek Forever After, 2010) concluye
por fin la saga protagonizada por el ogro homónimo. Termina el agravio
de cuatro filmes a la memoria, entre otros, de Tex Avery, el realizador
de Red Hot Riding Hood, quien es una de las figuras más
importantes en la historia del cine de animación y estuvo entre los
directores de los Looney Tunes y las Merrie Melodies. Su versión de
La Caperucita Roja de 1943 es el clásico por antonomasia de las
parodias de los cuentos, a los que Avery dedicó varios de sus
cortometrajes. Lo que Dreamworks Animation ha venido haciendo desde
2001, cuando se estrenó Shrek, es un mero refrito de esas
películas, incluso con menos mordacidad.
Se
trata también de la despedida de una franquicia que se agotó en cuatro
películas. Los mejores momentos de Shrek para siempre son una
continuación de la subtrama del miedo a la paternidad en el filme
anterior, Shrek Tercero (Shrek the Third, 2007). Ahora
ogro se siente ahogado por la rutina de su vida cotidiana como padre, y
anhela su antigua libertad y fama. Es un acierto la forma como se
representa rápidamente el hastío de Shrek, a través de las repeticiones,
y en esa secuencia se recupera el nivel de la primera película. Pero
luego se vuelve sin demasiada imaginación a lo trillado. La crisis lleva
al personaje a firmar un contrato con Rumpelstistkin, con el que compra
un día de su antigua vida a cambio de uno cualquiera de su infancia, de
lo que se vale el malvado para transformar por completo el mundo en que
vivió el protagonista. Es un tosco truco para plantear de una manera
diferente las relaciones de Shrek con su pareja, Fiona, al igual que con
sus amigos de las películas anteriores, Burro y el Gato con Botas, que
no conocen al ogro en ese mundo paralelo.
 |
|
Las
bases de la parodia son las mismas. Por una parte está la modernización
de los temas y personajes de los cuentos de hadas mediante su mezcla con
la cultura pop moderna. Por otra, el desmentido de la fantasía por el
contraste con una “realidad”. Pero eso más bien refleja la vulgaridad de
un Pedro Picapiedra con la ordinariez aumentada por las licencias que
conceden la exhibición en el cine en vez de la televisión y el tiempo
transcurrido desde el estreno de la serie de Hanna-Barbera, en 1960. Si
el rasgo más característico del padre de familia prehistórica era el
grito de “yaba daba du”, en Shrek para siempre el personaje
descubre un rasgo similar: puede hacer que las orejas suenen como
trompetas.
La de
Shrek es una burla sin crítica, en síntesis. Al final lógicamente
triunfan el bien sobre el mal, el beso de amor verdadero, el sentido
común y el orden de la institución familiar. Tampoco hay ninguna
ambición tampoco en lo que respecta a la dirección de arte, como nunca
la hubo en la serie. Incluso el 3D, que es la novedad en este caso,
resulta puro sobreprecio en la entrada. Tex Avery, en cambio, sí se la
jugaba en serio al dar rienda suelta a los poderes de la imaginación y
la sacrosanta familia es algo que no tenía interés para él. Quizás el
único momento en que las películas del ogro de Dramworks Animation se
acercan a las de Avery es una secuencia del primer filme, en la
que un pajarito se infla y estalla en el momento culminante de un dúo
musical con Fiona. Todo lo demás puede olvidarse.
SHREK PARA
SIEMPRE
Shrek
Forever After,
Estados Unidos, 2010
Dirección:
Mike Mitchell.
Guión:
Josh Klausner, Darren Lemke. Producción: Teresa Cheng, Gina Shay.
Diseño de producción: Peter Zaslav. Dirección de arte: Max
Boas, Michael Hernández.
Música:
Harry Gregson-Williams.
Voces:
Mike Myers (Shrek), Eddie Murphy (Burro), Cameron Díaz (Fiona), Antonio
Banderas (Gato con Botas), Walt Dohrn (Rumpelstiltskin. Duración:
93 minutos. Formato: Digital 3D, 2,35:1, color.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve
Comentar en Facebook |