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críticas
El azar de las bombas
Tarata
de Fabrizio
Aguilar (2009) es una película menor en la filmografía sobre la guerra
contra Sendero Luminoso en Perú, uno de los conflictos más cruentos en
la historia reciente de América Latina con alrededor de 70.000 muertos.
Entre esos filmes destacan La boca del lobo de Francisco Lombardi
(1988), La teta asustada de Claudia Llosa (2009) y el documental
Lucanamarca de Héctor Gálvez y Carlos Cárdenas (2009). El mismo
Aguilar contribuyó con otra cinta Paloma de papel (2003).
Podría decirse
que Tarata integra un díptico sobre la guerra junto con Paloma
de papel. Este último filme se ocupa del conflicto en una zona rural
y Tarata en la ciudad. El título proviene de la calle del barrio
de Miraflores, en Lima, en la que Sendero Luminoso hizo estallar un
carro bomba el 16 de julio de 1992, en su más intensa campaña de
atentados en la capital. Hubo 25 muertos y alrededor de 200 heridos.
Sufrieron daños o fueron destruidas 183 casas, cerca de 400 negocios y
63 carros.
La película evoca a través de una familia de
clase media la atmósfera de una ciudad bajo ataque, en la que cualquier
carro puede ser una bomba, la gente pone cinta adhesiva en las ventanas
para protegerse de los vidrios en caso de estallido, la luz se va
frecuentemente por los atentados y en la universidad no queda lugar para
otra pinta de los insurgentes. El tono kafkiano es lo único destacado en
el filme. Dos personajes intentan descifrar con insólitos métodos la
lógica que pudiera regir el azar de los atentados: el padre reproduce en
una libreta los grafitis de la universidad y llega a la conclusión
“lógica” de que ha de producirse una tregua por el equilibrio entre las
fuerzas del gobierno y la guerrilla; el hijo lleva una relación de los
vehículos estacionados para descubrir los carros bomba e inventa
procedimientos de seguridad. Para la madre, que intenta llevar una vida
normal en esas circunstancias y se plantea la posibilidad de emprender
un negocio, el local de una agencia bancaria, destrozado por una bomba,
se convierte en mueblería: ve que un sillón intacto y decide llevarlo a
la casa. La transformación insólita de la razón de ser de las cosas es
algo típico de Kafka.
Pero parece
haber mucho de sobreentendido en esa atmósfera. Si no se vivió la
experiencia que la película trata de evocar puede resultar
inexplicablemente artificiosa. No basta con expresar acertadamente el
estado de ánimo de en un grupo de personajes. También hay que hacer lo
suficientemente explícitas las causas de lo que les sucede para que el
público pueda identificarse con ellos y sentir cómo la ola de atentados
los conduce hacia esa sensación de pérdida de rumbo. Eso no ocurre en
Tarata, donde el necesario proceso de construcción de la situación
social de la que se deriva ese sentimiento es sustituido por un
noticiero de radio, al principio. Eso no basta para que alguien que no
vivió en Lima en esa época pueda comprender bien lo que les pasa.
La deriva, por
tanto, resulta tan caprichosa en el filme como azarosas las bombas y por
ende la narración marcha a la deriva en el regodeo en la atmósfera. Pero
después hay un intento evidente de introducir el equilibrio, balanceando
la amiga de la madre que muere en el atentado de la guerrilla con un
desaparecido y un detenido por la represión. Algo sistemático se asoma
en esa coincidencia de destinos que no se compagina con el azar de la
pérdida de rumbo planteada al principio. Peor aún Aguilar: prefirió
acogerse finalmente al lugar común de que los peores enemigos son los
soldados y los policías, porque estarán siempre allí y pueden convertir
en “guerrillero” a cualquiera. Eso ha sido cuestionado por otras cintas
sobre la guerra contra Sendero Luminoso.
TARATA
Perú-Venezuela-Francia, 2009
Dirección:
Fabrizio Aguilar. Guión: Fabrizio Aguilar, Sol Pérez.
Producción: Javier Vílchez Sánchez. Fotografía: Micael
Cajahuaringa. Montaje: Jonatan Relayze, Fabrizio Aguilar.
Sonido: Jean-Guy Véran. Música: Antonio Gervansoni. Elenco:
Gisela Valcárcel (Claudia), Miguel Iza (Daniel), Lorena Caravedo
(Gabriela), Liliana Trujillo (Rosa), Silvana Cañote Olivier (Sofi),
Ricardo Ota (Elías), Alexander Carbajal (Roger).Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve
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