crítica
 |
 |
 |
| Daniel Alvarado y María
Luisa Mosquera en Macu de Solveig Hoogesteijn
|
 |
|
 |
|
|
Actuaciones deslumbrantes del
cine venezolano
Rafael Gil, actor y coordinador de programación
de la Cinemateca Nacional
Mi lista de las 10 mejores actuaciones, y más allá, es:
1. Cosme Cortázar en
Jericó (Luis Alberto Lamata, 1991)
2. Verónica Oddó en
Golpes a mi puerta (Alejandro Saderman, 1993)
3. Juan Carlos Gené en
Golpes a mi puerta
4. Luigi Sciamanna en
Sucre (Alidha Ávila, 1995)
5. Daniel Alvarado en
Macu (Solveig Hoogesteijn, 1987)
6. Elba Escobar en
Golpes a mi puerta
7. Orlando Zarramera en
Soy un delincuente (Clemente de la Cerda, 1976)
8. Hilda Vera en El pez
que fuma (Román Chalbaud, 1977)
9. Orlando Urdaneta en
El pez que fuma
10. Doris Wells en
Oriana (Fina Torres, 1985)
11. Miguel Ángel Landa en
El Pez que fuma
12. Daniel Alvarado en
Desnudo con naranjas (Luis Alberto Lamata, 1995)
13. Rafael Briceño en
Cangrejo II (Román Chalbaud, 1984)
14. Doris Díaz en Jericó
15. Elba Escobar en De
cómo Anita Camacho quiso levantarse a Marino Méndez
(Alfredo Anzola, 1986)
16. Beatriz Valdés en
Manuela Sáenz (Diego Rísquez, 2000)
17. Juan Manuel Laguardia en
Muerte en alto contraste
(César Bolívar, 2010)
18. Eva Blanco en La
oveja negra (Román Chalbaud, 1987)
19. Orlando Urdaneta en
100 años de perdón (Alejandro Saderman, 1998)
20. Víctor Cuica en Se
solicita muchacha de buena presencia y motorizado con moto propia
(Alfredo Anzola, 1977)
Quise ir un poco más allá pues creo que tenemos y hemos tenido
siempre en Venezuela muchísimos actores con bastante madurez y temple, y
el número 10 se me hacía muy corto.
Con respecto a Luigi Sciamanna, al que lo coloqué en el puesto número
4, quise darle una mención especial, pues
Sucre fue un
producto realizado para TV. Sin embargo, la actuación de Sciamanna (su
primera en un largometraje) es a mi modo de ver un trabajo bien
interesante, de mucha fuerza y muy sentido, además de considerarlo en
general si no el mejor, uno de los mejores actores, que hemos tenido en
nuestro cine.
La actuación de Cosme Cortázar en
Jericó
como el fraile Santiago es sencillamente genial, un trabajo de mucho
riesgo, con una cantidad de matices y una voluntad actoral que Cortázar
supera con creces. ¡20 puntos!
Rodolfo Izaguirre, crítico de cine, escritor, ex director de
la Cinemateca Nacional
Guardo en mi memoria la escena de seducción de El pez que fuma,
de Román Chalbaud, que tiene lugar en la arena, frente al mar, en la
casa de playa de La Garza. Sin temor a equivocaciones, puede
considerarse como una de las más importantes y reveladoras del país y
del ser venezolano.
Se trata del diálogo entre La Garza (Hilda Vera) y Jairo (Orlando
Urdaneta), ambos bajo los efectos de la droga. Ella, con sentimiento,
recuerda a la madre en Maracaibo cuando la llevaba al mercado y dice que
tenía una crineja larga que provocaba pintarla. Y dice que está
enterrada en Cabimas pero que no sabe dónde porque en el terreno los
americanos descubrieron petróleo y ella vio un día petróleo y se le
ocurrió pensar que ese petróleo era ella, la madre.
Entonces Jairo, arrastrándose en la arena se acerca y le dice: “¿Y
por qué no vamos a Cabimas ... y le ponemos unas flores?... Ahora el
petróleo es nuestro... y ella también es nuestra... yo soy tu hijo... y
soy tu mamá...” Y se besan dando vueltas sobre la arena hasta llegar al
mar. La escena termina con una ola gigantesca.
Además de la extraordinaria actuación de Hilda Vera y de Orlando
Urdaneta, la secuencia revela una extraordinaria e inesperada
vinculación de la madre con el petróleo. En el libro Suma del pensar
venezolano que editará la Fundación Polar escribimos recordando a
Alfonso Molina en su libro Cine, democracia y melodrama el país de
Román Chalbaud que el petróleo es una presencia dominante en la
sociedad machista y falocrática venezolana; pero una sociedad regida
secretamente por la mujer obligada como está, por lo general, a ejercer
los roles de padre y madre. De allí que sea ella misma el petróleo: su
reino es matriarcal; personifica al maná y la abundancia generosa y
civilizadora; pero también al poder, la corrupción y el crimen dentro y
fuera de los límites de ese mismo poder.
Y es nuevamente Chalbaud quien muestra en Pandemonium, la capital
del infierno, 1997, la otra cara de la “madre”, es decir, del país
petrolero, cuando aparece Carmín, la progenitora de Radamés (“la figura
oficial de un gobierno a punto de naufragar por la violencia popular”,
escribe Alfonso Molina: contrafigura de su hermano Adonai (“emblema de
un pueblo traicionado, atado a un destino involuntario, sujeto a una
inmovilidad que va más allá de sus pies” (Molina: pag. 177). Es ahora la
madre rentista, fría, calculadora, inescrupulosa, promiscua en su
pasado. Ella, afirma Molina, caracteriza todo lo malo de una perversa
cultura de la era democrática que antepone el lucro a la justicia. Una
mujer pobre y fracasada que asume los modelos de quienes han escalado en
la estructura social a fuerza de manipulación y oportunismo. En este
caso, la actuación de Amalia Pérez Díaz es digna del mayor de los
aplausos.
En Sagrado y Obsceno, 1976, de Román Chalbaud se registra una
secuencia en la que Miguel Ángel Landa (Pedro Zamora) trata de convencer
y comprometer a Andrés (José Ignacio Cabrujas) en sus planes de matar a
Mr Pollo a quien acusa de ser responsable de la muerte de varios
compañeros de la guerrilla. En mi opinión es uno de los momentos
estelares de la actuación cinematográfica venezolana tanto de Cabrujas
como de Landa, este último, uno de los grandes actores del cine
nacional. Y en ella quedó grabada una frase memorable. La respuesta de
Andrés a la proposición insurgente de Pedro Zamora: “Si nos ponemos a
ajustar las cuentas del pasado, Pedro, media Venezuela mataría a la otra
media Venezuela".
No olvidaremos la frustrada boda de Ernestina Barazarte. La persecución
en mula hasta la estación de Motatán, bajo la lluvia, y el tren en
marcha que se lleva para siempre a Eliseo Quintero (Fausto Verdial) el
novio rufián de País Portátil, 1978, (Iván Feo/Antonio Llerandi). La
escena en la que Eduardo Gil como Nicolasito Barazarte explica a
Hortensia (Nardy Fernández) cómo es el campo petrolero y el juego de
tenis de los americanos es el mejor ejemplo de lo que es un buen actor,
y, por encima de todo, la secuencia culminante en la que los fantasmas
de los Barazarte se incorporan a la balacera final en una de las escenas
más gloriosas del cine venezolano en la que sobresale la actuación de
Iván Feo como Andrés Barazarte.
Una actuación importante es aquella en la que Alfredo Alvarado,
personificándose a sí mismo en el film (Alias) El rey del joropo,
1978, de Carlos Rebolledo y Thaelman Urgelles, se rebela contra sus
carceleros llenando de excrementos todo lo que le rodea. Una rara
secuencia cinematográfica de rebeldía contra la autoridad. La célebre
“guerra de mierda” en el patio del penal. Sorprende por cuanto Alvarado
no era actor cinematográfico profesional.
Luigi Sciamanna, en el Miranda de Diego Rísquez no sólo
interpretó a un personaje sino que lo creó. Algo poco usual en nuestro
cine. Además, Sciamanna hizo de cura brasileño en La voz del corazón,
1997, de Carlos Oteyza (un film que no tuvo éxito) y eclipsó al resto
del elenco. Hizo un Sucre memorable en el film de Alida Ávila y su
actuación en el Zamora de Román resultó particularmente
convincente. Sería injusto no mencionarlo.
Patricia Kaiser, crítica de cine y docente
Quizá esta lista, subjetiva, no dependa sólo de las actuaciones sino
también, y quiero dejarlo claro, de los guionistas y de los directores.
Esto no es para despreciar el trabajo del actor, que respeto mucho pues
vengo del teatro, sino para dejar sentado, que esas películas son
colectivas. Los actores prestaron su cuerpo y su alma, para darle vida a
unos personajes que, de no tener esa fuerza, serían polvo. Sólo nos
pidieron 10 (y yo colé 1 de más), pero podría haber muchos más. En un
año en que el Festival de Cortos de Barquisimeto homenajeó este oficio,
me parece más que apropiado es seguir reconociendo a aquellos hombres y
mujeres que prestan su vida para hacernos soñar (a veces a tener
pesadillas). Lamento que de las dos últimas décadas no tenga grandes
nombres. Algo para mi propia reflexión sobre el cine nacional.
1. Mayra Alejandra en Carmen la que contaba 16
años (Chalbaud, 1980). La mujer más sensual del cine venezolano
cuando baja, con esas caderas, aquellas escalinatas del barrio con
cayena en el pelo incluida. Ni Bizet se imaginó una Carmen que sudara
tanto sexo.
2. Toco Gómez en Los tracaleros de Lugo
(1977) y en Aventurera de Pablo de la Barra. Doble premio para un
gran actor de comedia. En la primera por representar a ese típico
estafador, el pícaro de la comedia italiana. En la segunda por su gran
papel de luchador enmascarado venido a menos, sin que él mismo lo sepa.
3. Tomás Henríquez en La balandra Isabel llegó
esta tarde (Christensen, 1950). Un pequeño personaje, pero con una
contundencia… La escena de la lectura del tabaco está entre las mejores
del cine nacional.
4. Orlando Urdaneta en Canción mansa para un
pueblo bravo (Giancarlo Carrer, 1976). Su actuación está a la altura
del texto que representa y de la película misma (una de las mejores del
cine nacional).
5. Orlando Zarramera por Soy un delincuente
de Clemente de la Cerda (1976). Salido de la calles y regresando a
ellas, luego de la muerte de Clemente. La muerte del director se llevó a
un gran actor.
6. Luigi Sciamanna por Mar blindado (Uzcátegui,
2009). Gran actor de teatro que en este corto, sin palabras y sólo con
su gestualidad, nos introduce en el mundo interior del personaje. En los
cortometrajes también encontramos grandes interpretaciones.
7. Víctor Cuica en Se solicita muchacha de
buena presencia y motorizado con moto propia (Anzola, 1977). El
mejor motorizado del mundo. La escena de la ida a la playa representa de
la mejor manera el domingo de las clases populares.
8. Elba Escobar en De cómo Anita Camacho quiso
levantarse a Marino Méndez (Anzola,1986). Tan bien quedó Elba de cachifa que lo ha repetido en mil películas más después. La más
reciente, Un lugar lejano de Novoa.
9. Hilda Vera en El pez que fuma (Chalbaud,
1977). La mejor matrona del cine venezolano. Y una de nuestras mejores
actrices.
10. María Luisa Mosquera en Macu, la mujer del
policía (Hoogesteijn, 1987). Para no tener experiencia como actriz,
ella da la talla a un personaje complejo.
11. Laureano Olivares por Sicario (Novoa,
1991). Excelente debut, que lo ha marcado.
Alfonso Molina, crítico de cine
Es muy difícil elegir sólo 10 actuaciones. Algunas notables quedarán
por fuera.
Aquí está mi selección:
1. Hilda Vera en El pez que fuma de Román Chalbaud (1977).
2. Cosme Cortázar en Jericó de Luis Alberto Lamata (1991).
3. Daniel Alvarado en Macu, la mujer del policía de Solveig
Hoogesteijn (1987).
4. Elaiza Gil en El tinte de la fama de Alejandro Bellame
(2008).
5. Juvenal Vielma en Taita Boves de Luis Alberto Lamata (2010).
6. Elba Escobar en
Golpes a mi puerta de
Alejandro Saderman (1993).
7. Miguel Ángel Landa en Sagrado y obsceno de Román Chalbaud
(1975).
8. Erich Wildpret en Muerte en alto contraste de César Bolívar
(2010).
9. Lourdes Valera en El enemigo de Luis Alberto Lamata (2008).
10. Doris Wells en Oriana de Fina Torres (1985).
Claudia Nazoa, guionista
1. Hilda Vera en El pez que fuma.. Esas "autopistas de hombres"
de las que alardeaba La Garza nos hicieron reír y pensar y se
convirtieron en un lema.
2. Eva Blanco en La oveja negra, una madre de tragedia griega
en el submundo caraqueño, un homenaje entrañable de Román a la Patria
del Cine.
3. Elba Escobar siempre y sobre todo en cueros, conmovedora y
vulnerable en De mujer a mujer de Mauricio Walerstein.
4. Orlando Urdaneta siempre, y sobre todo como villano digno de
compasión y desprecio en Juegos bajo la luna de Mauricio
Walerstein (2000).
5. Todos los actores en la gran escena final de País portátil
de Antonio Llerandi e Iván Feo, de lejos una de las más memorables del
cine venezolano.
6. Edgar Ramírez como el recluta colombiano analfabeto de Punto y
raya (2004). Al verlo
entendí que llegaría a donde está llegando.
7. Erich Wildpredt y su grito estremecedor de regreso a la vida en
Un lugar lejano de José Ramón Novoa (2009).
8. La increíble actriz sureña Marcela Kloosterboer, como el hada de
las soledades en Un lugar lejano.
9. Andy Montañez moribundo, en la estremecedora secuencia final de
La boda de Thaelman Urgelles (1982).
10. Yorlis Domínguez, la niña de 12 años protagonista de Maroa
de Solveig Hoogesteijn, un coctel de Sonia Braga con Shirley Temple
gritándole su rabia y su esperanza a su maestro de música.
Alejandra Szeplaki, cineasta
Supongo que no estaremos de acuerdo en algunas o en ninguna, pero de
eso se trata el juego y eso es lo interesante de la encuesta.
1. Daniel Alvarado en Macu, la mujer del policía, con la
interpretación de Ismael. Sólo la mirada de Daniel Alvarado hace
temblar, Ismael es una imagen icónica del PM.
Cuando pienso en cine venezolano es una de las primeras que vienen a mi
cabeza, por esto creo que es uno de los personajes mas representativos
del cine nacional.
2. Hilda Vera como la garza en El pez que fuma.
3. Amalia Pérez Díaz en Disparen a matar
(1990).
4. Cosme Cortázar en Jericó.
5. Beatriz Valdés en Manuela Sáenz.
6. María Alejandra Martín en Ifigenia
(1986).
7. Doris Wells en Oriana.
8. Mariano Álvarez como Bolívar en Manuela Sáenz.
9 Orlando Urdaneta en Canción mansa para un pueblo bravo.
10. Hilda Blanco en La oveja negra.
Los cuatro actores de 100 años de perdón: Daniel Lugo, Orlando Urdaneta,
Mariano Álvarez, Aroldo Betancourt.
Cómo no mencionar a Miguel Ángel Landa, Laureano Olivares, Orlando
Urdaneta, Asdrúbal Meléndez, Pedro Lander, Arturo Calderón, Elba
escobar, Alejo Felipe, Mimí Lazo, Víctor Cuica, Héctor Myerston, Javier
Zapata, Zarramera, .... y tantos otros actores que dan vida a este acto
de heroísmo que se llama cine venezolano.
Pablo Gamba, director de Vértigo
 |
 |
 |
|
Erich Wildpret en Un lugar lejano
|
 |
|
 |
|
|
1. Argenis Ledezma en
Ledezma, el caso Mamera.
Después de haber inventado esta encuesta caí en cuenta de que de las
tres imágenes del cine venezolano que más me persiguen ninguna
corresponde a un filme de ficción. No me cabe duda, sin embargo, de que
son personajes, los más fuertes, además, que he visto en las películas
nacionales: Barné Yavarí reclamándonos en su lengua y con su forma de
vestir a todos los
caraqueños
en Yo hablo a Caracas
de Carlos Azpúrua (1978), Manuel
Taborda dibujando los grilletes que las compañías petroleras les ponían
a los trabajadores como castigo en Testimonio de un obrero
petrolero de Jesús Enrique Guédez
(1978), y sobre todo Argenis Ledezma, más conocido como el distinguido
Ledezma, ex agente de la Policía Metropolitana y ex combatiente del
ejército contra la guerrilla, pidiéndoles perdón a las madres de los
muchachos que asesinó por celos en Ledezma, el caso mamera
(1081)
la película por la que metieron preso a Luis Correa.
Creo que
esas tres imágenes expresan una de las principales urgencias del cine
venezolano a todo lo largo de su historia y en especial en aquella
época: desenmascarar la falsedad en el país. La hipocresía de
Ledezma, hablándole directamente a la cámara, en un escenario que lo
señala como amo y señor del penal, así como quizás lo fue también del
barrio en el que cometió sus crímenes, es la más escalofriante mentira
que he visto en la pantalla.
2. Cosme Cortázar en Jericó.
3. Erich Wildpret en Un
lugar lejano de José Ramón Novoa.
4. María Luisa Mosquera en Macu
(1987) de Solveig Hoogesteijn. Creo que la necesidad de decir verdades
de algunas películas venezolanas a la que antes hice referencia, y
también de distinguirse de la televisión, el medio de comunicación
dominante, ha encontrado una respuesta acertada en el uso de actores no profesionales. En el caso de Mosquera, las imperfecciones de
su forma de hablar aportan aquella cosa que parece irreductible a las
codificaciones de la ficción que es imprescindible para darle
verosimilitud al personaje de un filme realista. Son los intersticios por los que la vida se
filtra en el filme.
5. Orlando Zarramera en Soy un delincuente.
6. Miguel Ferrari como Héctor, el travesti en el
que Marilyn Monroe reencarna en El tinte de la fama.
7. Mayra Alejandra en Carmen la que contaba
16 años de Román Chalbaud. Logra esa cosa tan difícil que es bajar
un mito del cielo de la literatura, sublimado incluso más por la ópera,
y ponerlo a andar por las calles, y que uno se lo crea y se divierta.
8. Orlando Urdaneta en Canción mansa para un
pueblo bravo de Giancarlo Carrer.
9. Víctor Cuica en Se solicita muchacha de
buena presencia y motorizado con moto propia
de Alfredo Anzola (1977). Podrían añadirse otros músicos que han hecho
papeles en el cine venezolano y que han agregado ese algo de no actores
que para mí contribuye tanto a la verosimilitud en ciertos casos. Me
refiero a Simón
Díaz en La empresa perdona un momento de locura
de Mauricio Walerstein (1978) y “Torombolo”
Víctor Mayo en 3 noches de
Fernando Venturini (2001), por ejemplo. El toque de
Cuica es ese aire cool del músico de jazz que es en la vida real, y que uno puede percibir en
sus mejores actuaciones.
10. Asdrúbal Meléndez donde lo pongan. Es otro
que, cuando pienso en actores de cine venezolano, su recuerdo me
persigue como él a los protagonistas de Manoa (1980), filme donde
interpreta los personajes que se cruzan en su camino.
 |
 |
 |
Nelson Núñez Agregado: 18 Enero 2010 / 4:14 AM
Cosme Cortázar en Jericó. En mi opinión la mejor actuación en la historia del cine venezolano.
Simón Díaz en La empresa perdona un momento de locura. Su actuación es de un naturalismo sorprendente.
Daniel Alvarado en Desnudo con naranjas.
Iván Feo haciendo de policía en Macu y Colt Commando (con el mismo look y la misma convicción)
Paul Antillano como el Ex-funcionario de la Digepol convertido en próspero empresario del negocio de los pollos en Sagrado y Obsceno.
Victor Cuica como Victor Cuica en cualquier película de Alfredo Anzola...hilarante (lo mismo se podría decir de su compinche José Rodríguez "el enano" en las mismas películas de Anzola)
Juan Carlos Gené y Verónica Oddó en Golpes a mi puerta.
|
 |
 |
| La revista Vértigo es un lugar para expresarse e intercambiar ideas en libertad. No debe usarse para ofender a los demás ni para distraer la atención del tema de debate con opiniones y comentarios fuera de lugar. El editor intervendrá, si es necesario, para hacer que estas normas sean respetadas por todos. |
|
|