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crítica
Alien, el octavo pasajero, ¿o acaso
el noveno?
Cuentan que cuando
Ridley Scott se enteró de que el título en español de su película era
Alien, el octavo pasajero, comentó que cómo no se le había ocurrido
a él colocar ese subtítulo en el nombre internacional. Al parecer, esta
es una de las pocas veces en que la traducción del título de un filme
está correcta. Y es que la tripulación del Nostromo está conformada por
siete integrantes: Dallas (Tom Skerritt), el capitán; la teniente Ripley
(Sigourney Weaver); el científico Ash (Ian Holm); dos oficiales más,
Kane (John Hurt) y Lambert (Veronica Cartwright); y los obreros Parker (Yaphet
Kotto) y Brett (Harry Dean Stanton). Y en un momento del filme, cuando
ya Kane ha ingresado con el intruso pegado a su rostro, alguien
pregunta: “¿Cómo está nuestro nuevo pasajero?” Claro, Alien es el
octavo. Eso, sino contamos al gato, que ya veremos la importancia que
tiene en la narración.
Este filme, que arriba a treinta años de existencia, salido de la mente
de Dan O’Bannon (recuérdese de él El regreso de las muertos vivientes
–1985–), contó con unos de los mejores equipos para dar vida a ese mundo
que nos retrata. El propio guión de O’Bannon (de quien también es la
historia junto con Ronald Shusett), la dirección de Scott, la música de
Jerry Goldsmith y en especial el diseño de imagen de H. R. Giger, en la
creación del monstruo y los ambientes. El excelente trabajo llevado a
cabo por todos ellos hace que el paso de los años, en este caso, no le
pese a la imagen de la película. Para escribir este ensayo volví a ver
el filme entre un grupo de amigos de edades variopintas, en especial 2
jovencitos de 20 y tantos, que están acostumbrados a los efectos
especiales de 2012 y demás superproducciones hoy de moda. Y sin
embargo, para sorpresa de ellos mismos, sentían como si Alien
fuera una película actual. No podían creer que el filme era mayor que
ellos en cuando a edad. Y es que la imagen que se plantea Alien
no está basada tanto en lo que se suele llamar “efectos especiales” como
sí en un diseño de producción de imagen, que pone el acento entre lo
natural y lo artificial, la máquina y el hombre, la naturaleza y la
ciencia, el sujeto y la corporación. Dicotomías clásicas de la ciencia
ficción, género al que este filme (no sin polémicas) pertenece. Amén, de
estar construido de manera “artesanal” (así dirían los jóvenes de hoy,
para quienes diseñar sin una computadora es algo imposible).
El
filme abre mostrándonos al Nostromo, una nave de transporte comercial y
cómo, en un espacio ascéptico, su tripulación va despertando al ritmo de
una voz femenina, que descubrimos es “La Madre”, la computadora central
que rige el sistema operativo de la nave. En esta secuencia inicial se
definen los roles y las clases sociales de la tripulación. Un capitán,
tres oficiales (dos de ellos mujeres), un científico y dos obreros.
Uno negro para más señas. Veremos más adelante, cuando se decida
atender la señal de “emergencia” que les llega intermitentemente, que
algunos trabajan para La Corporación y otros también, por dinero. Los
obreros alegan que, al ser una nave de transporte, no tienen por qué
atender dicha señal, a menos que se les pague. Y cuando se les
pregunta en cuánto tiempo podrían arreglar la avería, mienten sobre la
cantidad de horas: a más, mejor paga.
También comenzamos a ver en esta parte las posiciones de mando de cada
quien y su postura ante La Corporación. Cuando de regreso se informa que
Kane está contaminado, Ripley, la oficial a cargo al estar fuera Dallas,
niega la entrada de sus compañeros. Esto en primera instancia hace que
el espectador sienta cierto desagrado por esta mujer, que para más señas
es bastante masculina en su actuar. Sin embargo Ash, el científico,
desobedece la orden y permite la entrada, por lo que el espectador
siente que este ser es más humano que Ripley. Además, nos hace
ver que Ripley es rigurosa en seguir los protocolos de La Corporación
mientras que Ash es más laxo. Más tarde Dallas y Ripley discuten, porque
éste deja al mando del caso del alien a Ash, de quien Ripley desconfía
por completo. La respuesta de Dallas es que él es el capitán en lo que
se refiere a la conducción de la nave pero Ash es el científico a cargo.
De nuevo, otro oficial con un apego a los protocolos establecidos. Sin
embargo, más adelante veremos cómo cada uno asume su posición ante La
Corporación, de una manera diferente.
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| Trailer original de
Alien |
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Las
relaciones cambian cuando descubrimos que Ash (tan humano que lo
creíamos, preocupado en extremo por Kane), no es más que un robot al que
la compañía colocó ahí para traer al alien a la tierra, con fines de
convertirlo en un arma potencial. La Corporación ahora se nos presenta
en su división de Armamento, y no sólo como una compañía de transporte.
Su dimensión cambia y crece. Este es un gran punto de giro en el filme.
Hasta esos momentos la señal de emergencia, el planeta extraño, el alien,
eran cosas casuales. En especial el alien, era un monstruo
extraño, algo inhumano (de ahí la palabra inglesa alien) contra
quien luchar para salvar sus vidas. Ahora descubrimos que el alien no es
más que un instrumento de La Corporación. Podría decirse incluso, que el
alien es la metáfora de la Corporación misma, para la que la vida humana
vale menos que la fatal arma homicida. El alien debe salvarse a sí
mismo, porque su salvación es la salvación de La Corporación.
Tenemos entonces una tripulación claramente estratificada en roles (aun
cuando éstos cambien luego) y con estrictos protocolos. Una tripulación
que a veces, en especial por el propio diseño del Nostromo, parece casi
deshumanizada. Y tenemos, por otro lado, una criatura animal, que nace
de las entrañas, que se babea, que gime. Gestos éstos que desconocemos
en los humanos de la tripulación. Luego se revertirá esta
concepción y el animal pasa a ser lo corporativo –como ya se dijo– y la
tripulación lo verdaderamente humano, pero desechable. De ahí la
importancia del gato para Ripley y su empeño por salvarlo. En su
relación con Jonesey, Ripley vierte su lado humano, femenino, maternal.
No se trata sólo de salvar su vida sino a la otra vida natural que queda
en la nave. Cuando se cree a salvo, le habla al gato como si de su hijo
se tratase. Ya Jonesey había sido humanizado en el filme, en la escena
en que el alien mata a Brett. Es a través de un impresionante primer
plano de sus ojos, que se refleja el miedo de ver al monstruo. Brett
está de espaldas y lo descubre, gracias a la mirada del gato. Y esto no
es gratuito ya que es la primera vez, que vemos al monstruo en toda su
grandeza (antes sólo lo habíamos visto como una pequeña y macabra figura
salida del vientre de Kane) y quien lo ve no es sino Jonesey.
Hacia el final del filme, vemos más cambios en los roles. El orden de
las muertes es uno de ellos. Ya que no es casual que, hacia las últimas
secuencias y en el tercer acto, sólo sobrevivan Parker, el obrero negro;
Lambert, la otra mujer pero ésta sumisa, tímida y temerosa, incapaz de
tomar decisión alguna, y Ripley, que se ha perfilado como la heroína
desde el comienzo. Ante el inminente final y peligro sólo se salvan (a
medias) las dos mujeres de la tripulación y el obrero negro. Todos los
parias de la Corporación, luchando contra ella. Pues como ya se acotó,
luchar contra el alien es luchar contra la Corporación. Al final, sólo
Ripley y el gato. Y Ripley, por vez primera confronta de manera directa
a su progenitora: La Madre. La Madre tiene unas órdenes, unos
protocolos, los de la Corporación, y Ripley debe enfrentarse a ella para
salvar su vida.
Alien plantea
entonces las clásicas dicotomías del género de la sci-fi de una manera
bastante interesante y compleja. Primero nos crea un mundo de roles
jerárquicos. A través de estos roles se muestra la dualidad entre la
Corporación, como lo mecánico, y la tripulación (parte de ella), como lo
natural. También está el robot versus lo humano. Lo humano mecanizado
versus lo animal corporativo. Para concluir con la clásica dicotomía
entre lo corporativo-transnacional- inhumano versus lo humano-natural y
la individualidad del sujeto. Alien después de todo, confronta
sujeto no alienado versus corporativismo alienante. Y cuando acoto
compleja, lo digo porque para salvarse Ripley sigue todos los
protocolos mientras que el alien es puro instinto animal. Y sin embargo
está claro quién representa qué.
Esto viene a ser confirmado por el diseño de imagen de Giger y el resto
del equipo. El planeta donde se encuentra al alien es mucho más
natural que el Nostromo. Al adentrarse en la nave donde está el
huevo del alien pareciese que se estuviera entrando en las entrañas de
algún animal, mientras que el Nostromo es blanco, perfecto y frío. Y a
medida que avanza el filme, el alien se adueña de las entrañas del
Nostromo, ya que se aloja “allá abajo”, donde sólo llegan los obreros
(esto se recalca en un diálogo), y que es todo oscuridad y pestilencia.
El alien va transformando al Nostromo en su propio hogar, despojándolo
de su perfección, pero con un sentido inverso, para corporativizarlo.
Alien no es
más, y lo es con grandeza, que una película distópica. Si por una lado
tenemos películas de ciencia ficción que plantean futuros utópicos donde
la humanidad será feliz en conjunción con las máquinas y los regímenes
totalitarios (Star Treek –1979–, por citar una de la misma época
y también de aniversario; o Independence Day –Roland Emmerich,
1996–, ya más reciente), Alien pertenece a ese grupo de filmes
que plantean un futuro de distopías, donde el sujeto debe luchar contra
el estado totalitario, muchas veces corporativizado, para salvar su
alteridad. Scott nos presentó otra distopía de culto en la misma onda de
las corporaciones: Blade Runner (1982). Y no podemos dejar de
mencionar THX 1138 (1971) de Lucas y 1984 (del
mismo año, ironías del director) de Michael Radford, por citar tres
clásicos más.
Estamos en el 2009. Aquel futuro planteado en los 60’s y 70’s, ya nos
alcanzó. Y el desastre parece más próximo. Ya lo anuncian para el 2012.
Al menos en Alien nos daban 30 años de gracia. Ahora sólo nos
quedan tres. ¿Nos salvaremos como Jackson Curtis, el prota de 2012,
no por casualidad dirigida por Emmerich? ¿O nos salvaremos como Ripley y
Jonesey?
Bibliografía:
Byers, Thomas, “Commodity Futures” en Alien Zone: Cultural Theory and
Contemporary Science Fiction Cinema, ed. Annette Kuhn, Verso,
Finlandia: 1998 (quinta impresión).
Franklin, H. Bruce, “Visions of the Future in Science Fiction Films from
1970 to 1982” en Alien Zone: Cultural Theory and Contemporary Science
Fiction Cinema, ed.
Annette Kuhn, Verso,
Finlandia: 1998 (quinta impresión).
Consultas diversas en
www.imdb.com.
Patricia Kaiser
patriciakaiser@gmail.com
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