12/09
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crítica

Alien
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Alien, el octavo pasajero,
¿o acaso el noveno? 


Cuentan que cuando Ridley Scott se enteró de que el título en español de su película era Alien, el octavo pasajero, comentó que cómo no se le había ocurrido a él colocar ese subtítulo en el nombre internacional. Al parecer, esta es una de las pocas veces en que la traducción del título de un filme está correcta.  Y es que la tripulación del Nostromo está conformada por siete integrantes: Dallas (Tom Skerritt), el capitán; la teniente Ripley (Sigourney Weaver); el científico Ash (Ian Holm); dos oficiales más, Kane (John Hurt) y Lambert (Veronica Cartwright); y los obreros Parker (Yaphet Kotto) y Brett (Harry Dean Stanton). Y en un momento del filme, cuando ya Kane ha ingresado con el intruso pegado a su rostro, alguien pregunta: “¿Cómo está nuestro nuevo pasajero?” Claro, Alien es el octavo. Eso, sino contamos al gato, que ya veremos la importancia que tiene en la narración.

Este filme, que arriba a treinta años de existencia, salido de la mente de Dan O’Bannon (recuérdese de él El regreso de las muertos vivientes –1985–), contó con unos de los mejores equipos para dar vida a ese mundo que nos retrata. El propio guión de O’Bannon (de quien también es la historia junto con Ronald Shusett), la dirección de Scott, la música de Jerry Goldsmith y en especial el diseño de imagen de H. R. Giger, en la creación del monstruo y los ambientes. El excelente trabajo llevado  a cabo por todos ellos hace que el paso de los años, en este caso, no le pese a la imagen de la película. Para escribir este ensayo volví a ver el filme entre un grupo de amigos de edades variopintas, en especial 2 jovencitos de 20 y tantos, que están acostumbrados a los efectos especiales de 2012 y demás superproducciones hoy de moda. Y sin embargo, para sorpresa de ellos mismos, sentían como si Alien fuera una película actual. No podían creer que el filme era mayor que ellos en cuando a edad. Y es que la imagen que se plantea Alien no está basada tanto en lo que se suele llamar “efectos especiales” como sí en un diseño de producción de imagen, que pone el acento entre lo natural y lo artificial, la máquina y el hombre, la naturaleza y la ciencia, el sujeto y la corporación. Dicotomías clásicas de la ciencia ficción, género al que este filme (no sin polémicas) pertenece. Amén, de estar construido de manera “artesanal” (así dirían los jóvenes de hoy, para quienes diseñar sin una computadora es algo imposible). 

El filme abre mostrándonos al Nostromo, una nave de transporte comercial y cómo, en un espacio ascéptico, su tripulación va despertando al ritmo de una voz femenina, que descubrimos es “La Madre”, la computadora central que rige el sistema operativo de la nave. En esta secuencia inicial se definen los roles y las clases sociales de la tripulación. Un capitán, tres oficiales (dos de ellos mujeres), un científico y dos obreros. Uno negro para más señas.  Veremos más adelante, cuando se decida atender la señal de “emergencia” que les llega intermitentemente, que algunos trabajan para La Corporación y otros también, por dinero. Los obreros alegan que, al ser una nave de transporte, no tienen por qué atender dicha señal, a menos que se les pague. Y cuando se les pregunta en cuánto tiempo podrían arreglar la avería, mienten sobre la cantidad de horas: a más, mejor paga.  

También comenzamos a ver en esta parte las posiciones de mando de cada quien y su postura ante La Corporación. Cuando de regreso se informa que Kane está contaminado, Ripley, la oficial a cargo al estar fuera Dallas, niega la entrada de sus compañeros. Esto en primera instancia hace que el espectador sienta cierto desagrado por esta mujer, que para más señas es bastante masculina en su actuar. Sin embargo Ash, el científico, desobedece la orden y permite la entrada, por lo que el espectador siente que este ser es más humano que Ripley. Además, nos hace ver que Ripley es rigurosa en seguir los protocolos de La Corporación mientras que Ash es más laxo. Más tarde Dallas y Ripley discuten, porque éste deja al mando del caso del alien a Ash, de quien Ripley desconfía por completo. La respuesta de Dallas es que él es el capitán en lo que se refiere a la conducción de la nave pero Ash es el científico a cargo. De nuevo, otro oficial con un apego a los protocolos establecidos. Sin embargo, más adelante veremos cómo cada uno asume su posición ante La Corporación, de una manera diferente.  

Trailer original de Alien
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Las relaciones cambian cuando descubrimos que Ash (tan humano que lo creíamos, preocupado en extremo por Kane), no es más que un robot al que la compañía colocó ahí para traer al alien a la tierra, con fines de convertirlo en un arma potencial. La Corporación ahora se nos presenta en su división de Armamento, y no sólo como una compañía de transporte. Su dimensión cambia y crece. Este es un gran punto de giro en el filme. Hasta esos momentos la señal de emergencia, el planeta extraño, el alien, eran cosas casuales. En especial el alien, era un monstruo extraño, algo inhumano (de ahí la palabra inglesa alien) contra quien luchar para salvar sus vidas. Ahora descubrimos que el alien no es más que un instrumento de La Corporación. Podría decirse incluso, que el alien es la metáfora de la Corporación misma, para la que la vida humana vale menos que la fatal arma homicida. El alien debe salvarse a sí mismo, porque su salvación es la salvación de La Corporación.  

Tenemos entonces una tripulación claramente estratificada en roles (aun cuando éstos cambien luego) y con estrictos protocolos. Una tripulación que a veces, en especial por el propio diseño del Nostromo, parece casi deshumanizada. Y tenemos, por otro lado, una criatura animal, que nace de las entrañas, que se babea, que gime. Gestos éstos que desconocemos en los humanos de la tripulación. Luego se revertirá esta concepción y el animal pasa a ser lo corporativo –como ya se dijo– y la tripulación lo verdaderamente humano, pero desechable. De ahí la importancia del gato para Ripley y su empeño por salvarlo. En su relación con Jonesey, Ripley vierte su lado humano, femenino, maternal. No se trata sólo de salvar su vida sino a la otra vida natural que queda en la nave. Cuando se cree a salvo, le habla al gato como si de su hijo se tratase. Ya Jonesey había sido humanizado en el filme, en la escena en que el alien mata a Brett. Es a través de un impresionante primer plano de sus ojos, que se refleja el miedo de ver al monstruo. Brett está de espaldas y lo descubre, gracias a la mirada del gato. Y esto no es gratuito ya que es la primera vez, que vemos al monstruo en toda su grandeza (antes sólo lo habíamos visto como una pequeña y macabra figura salida del vientre de Kane) y quien lo ve no es sino Jonesey. 

Hacia el final del filme, vemos más cambios en los roles. El orden de las muertes es uno de ellos. Ya que no es casual que, hacia las últimas secuencias y en el tercer acto, sólo sobrevivan Parker, el obrero negro; Lambert, la otra mujer pero ésta sumisa, tímida y temerosa, incapaz de tomar decisión alguna, y Ripley, que se ha perfilado como la heroína desde el comienzo. Ante el inminente final y peligro sólo se salvan (a medias) las dos mujeres de la tripulación y el obrero negro. Todos los parias de la Corporación, luchando contra ella. Pues como ya se acotó, luchar contra el alien es luchar contra la Corporación. Al final, sólo Ripley y el gato. Y Ripley, por vez primera confronta de manera directa a su progenitora: La Madre. La Madre tiene unas órdenes, unos protocolos, los de la Corporación, y Ripley debe enfrentarse a ella para salvar su vida.  

Alien plantea entonces las clásicas dicotomías del género de la sci-fi de una manera bastante interesante y compleja. Primero nos crea un mundo de roles jerárquicos. A través de estos roles se muestra la dualidad entre la Corporación, como lo mecánico, y la tripulación (parte de ella), como lo natural. También está el robot versus lo humano. Lo humano mecanizado versus lo animal corporativo. Para concluir con la clásica dicotomía entre lo corporativo-transnacional- inhumano versus lo humano-natural y la individualidad del sujeto. Alien después de todo, confronta sujeto no alienado versus corporativismo alienante. Y cuando acoto compleja, lo digo porque para salvarse Ripley sigue todos los protocolos mientras que el alien es puro instinto animal. Y sin embargo está claro quién representa qué. 

Esto viene a ser confirmado por el diseño de imagen de Giger y el resto del equipo. El planeta donde se encuentra al alien es mucho más natural que el Nostromo. Al adentrarse en la nave donde está el huevo del alien pareciese que se estuviera entrando en las entrañas de algún animal, mientras que el Nostromo es blanco, perfecto y frío. Y a medida que avanza el filme, el alien se adueña de las entrañas del Nostromo, ya que se aloja “allá abajo”, donde sólo llegan los obreros (esto se recalca en un diálogo), y que es todo oscuridad y pestilencia. El alien va transformando al Nostromo en su propio hogar, despojándolo de su perfección, pero con un sentido inverso, para corporativizarlo.  

Alien no es más, y lo es con grandeza, que una película distópica. Si por una lado tenemos películas de ciencia ficción que plantean futuros utópicos donde la humanidad será feliz en conjunción con las máquinas y los regímenes totalitarios (Star Treek –1979–, por citar una de la misma época y también de aniversario; o Independence Day –Roland Emmerich, 1996–, ya más reciente), Alien pertenece a ese grupo de filmes que plantean un futuro de distopías, donde el sujeto debe luchar contra el estado totalitario, muchas veces corporativizado, para salvar su alteridad. Scott nos presentó otra distopía de culto en la misma onda de las corporaciones: Blade Runner (1982). Y no podemos dejar de mencionar THX 1138 (1971) de Lucas y 1984 (del mismo año, ironías del director) de Michael Radford, por citar tres clásicos más.  

Estamos en el 2009. Aquel futuro planteado en los 60’s y 70’s, ya nos alcanzó. Y el desastre parece más próximo. Ya lo anuncian para el 2012. Al menos en Alien nos daban 30 años de gracia. Ahora sólo nos quedan tres. ¿Nos salvaremos como Jackson Curtis, el prota de 2012, no por casualidad dirigida por Emmerich? ¿O nos salvaremos como Ripley y Jonesey? 

Bibliografía:

Byers, Thomas, “Commodity Futures” en Alien Zone: Cultural Theory and Contemporary Science Fiction Cinema, ed. Annette Kuhn, Verso, Finlandia: 1998 (quinta impresión).

Franklin, H. Bruce, “Visions of the Future in Science Fiction Films from 1970 to 1982” en Alien Zone: Cultural Theory and Contemporary Science Fiction Cinema, ed. Annette Kuhn, Verso, Finlandia: 1998 (quinta impresión).

Consultas diversas en www.imdb.com.

Patricia Kaiser
patriciakaiser@gmail.com


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