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crítica
Matrimonio colonial
A
veces uno ve en las películas cosas que parece que no podrían seguir
ocurriendo, pero ocurren. El más reciente ejemplo en los cines de
Venezuela es la tercera adaptación cinematográfica de la novela de W.
Somerset Maugham The Painted Veil, de la que toma en inglés el
título de la cinta que en español ha sido llamada El otro lado del
mundo (2006), escrita por Ron Nyswaner y dirigida por John Curran.
Los protagonistas son Edward Norton y Naomi Watts, que también son
productores. Es un filme en el que la peste es una de esas metáforas
literarias importadas por el cine, en este caso para representar a
través de un símbolo de significado evidente el deterioro de una pareja
que ha contraído matrimonio sin amarse. Esa epidemia, que es de cólera,
azota un poblado rural en China en los años veinte, época en que el
país, luego del derrocamiento del último emperador, se hallaba dividido
de facto en territorios controlados por varias facciones, dos de las
cuales se encaminaban a librar una guerra civil: el Kuomingtang y el
Partido Comunista. Las tropas de ambos bandos aparecen en la cinta, que
se desarrolla en territorios donde mandaban los nacionalistas.
No
sólo los chinos tenían problemas unos con otros sino también con las
potencias occidentales, que se enfrentaron con China en las guerras del
opio, para obligar al país a permitir el comercio de la droga. También
ocuparon partes del territorio, como Hong Kong, e impusieron por la
fuerza tratados que les daban derechos comerciales y de navegación. El
Kuomintang, sin embargo, debió recurrir al apoyo de las potencias
extranjeras para controlar a los caudillos regionales, y también para
prepararse para la lucha contra los comunistas. Tenía, además, un
problema interno, puesto que la Rusia de la Revolución de Octubre
respaldó en un principio al partido en su lucha por la unificación de
China, y algunos de sus cuadros se formaron en ese país, como el coronel
Yu en la película, interpretado por el gran actor hongkonés Anthony Wong.
Pero
Al otro lado del mundo no es una historia en la que los chinos sean
protagonistas sino la pareja inglesa, integrada por un bacteriólogo (Norton)
y su esposa (Watts), que se trasladan a la zona donde ha estallado la
epidemia, en parte por solidaridad con los humildes y espíritu
científico, pero también como un castigo del marido a la infidelidad de
la mujer. Ese es un primer problema, el de la perspectiva eurocentrista,
según la cual no ocurre en el mundo nada importante si no toca de alguna
manera la vida de los occidentales, y es trascendente en la justa medida
en que los concierne a ellos.
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| Trailer de Al otro
lado del mundo |
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En la
película, las relaciones entre Occidente y China tienen un correlato que
intenta ser mostrado como positivo. El bacteriólogo le dice al coronel
Yu que su ciencia no tiene nada que ver con el problema de los
extranjeros, y en la historia representa la punta de lanza de otro
conflicto que los involucra a ambos: el de la modernidad contra la
superstición y el atraso, que cuenta a Yu en el bando de los
progresistas también. Pero la representación de la forma terca como los
pobladores rurales se apegan a las prácticas tradicionales que difunden
la epidemia se confunde con la estupidez en el filme. Más allá de eso
hay un tío Tom chino que sonríe con cara bobalicona a la dama inglesa a
cuyo servicio ha sido puesto, a pesar de que es un soldado del
Kuomingtang, y cuya fidelidad al ama blanca le lleva a tomar las armas
contra sus compatriotas, cuando intentan agredirla. La escena representa
en el filme la culminación de un crescendo de odio, y es anticipada por
los comentarios xenófobos que se escuchan al paso de los ingleses –en
chino, traducidos en los subtítulos–. Esa actitud redondea la clásica
representación del colonizado que justifica la colonización: es gente
demasiado tonta y violenta como para poder gobernarse a sí misma. Por
eso incluso necesita de amos de Europa o Norteamérica, o nacionales
formados en el extranjero, como el coronel Yu.
Si
bien contra eso podría argumentarse que en la cinta hay una crítica de
las misiones religiosas extranjeras, puesto que el bacteriólogo le
aclara a su esposa que las monjas no están en China sólo para hacer el
bien sino para arrebatarles los niños a las familias y convertirlos al
catolicismo. Pero desde la perspectiva del discurso “progresista”
científico del filme eso también forma parte del atraso, porque lo que
realmente puede salvar a la gente de ese lugar en la película no es Dios
sino la puesta en práctica de medidas sanitarias. Tampoco es un detalle
gratuito que las religiosas sean francesas y católicas los protagonistas
ingleses, miembros de la iglesia nacional de su país.
El
desenlace de la historia de la pareja en el filme es acorde con este pensamiento anacrónico del siglo XIX. Sin
embargo, Al otro lado del mundo puede cautivar al
espectador crítico, a pesar del pantano ideológico sobre el que se
encuentra asentada, por obra de las actuaciones primero. Norton
interpreta en la cinta uno de esos personajes que son su fuerte: un
hombre, de apariencia débil, pusilánime incluso, en el que en cierto
momento de la historia se descubre una insospechada fuerza interior,
acompañada, como lo exige la historia, de una crueldad elegante. Watts
se mueve también como pez en el agua al interpretar a una mujer que debe
asumir diversos rostros, según las circunstancias, lo que en su caso se
traduce en una transformación claramente visible de sus rasgos, que
culmina con el cambio que la moraleja exige.
Hay
además escenas en la que el odio mutuo en el que se hunde la pareja se
expresa a través de detalles de un sadismo digno de Luis Buñuel: el
marido decide viajar al pueblo por tierra, en vez de hacerlo por el río,
con el único propósito de atormentar a su esposa, y no le pone la vacuna
ni se inocula él antes de partir hacia el lugar de la epidemia, y en una
escena en la que ella parece seguirle el juego suicida y comienza a
comer una ensalada –alimento peligroso porque no ha sido cocinado–, él
se sirve también y no le quita los ojos de encima mientras mastica. Esa
secuencia sola justifica la película.
AL
OTRO LADO DEL MUNDO
The Painted Veil,
Estados Unidos-China, 2006
Dirección:
John Curran. Guión: Ron Nyswaner, basado en la novela homónima de
W. Somerset Maugham.
Producción:
Edward Norton, Naomi Watts, Sara Colleton, Jean-Francois Fonlupt, Bob
Yari.
Diseño de producción:
Tu Yuha. Fotografía: Stuart Dryburgh. Montaje: Alexandre
de Franceschi. Sonido: Derek Vanderhorst.
Música:
Alexandre Desplat. Elenco: Naomi Watts (Kitty Fane), Edward
Norton (Walter Fane), Anthony Wong (coronel Yu), Liev Schriber (Charlie
Towsend), Toby Jones (Waddington).
Duración:
125 minutos. Formato: 35 mm con intermedio digital, 2,35:1
anamórfico, color, SDDS, Dolby Digital.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info
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