04/09
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crítica

Al otro lado del mundo
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Matrimonio colonial

 

A veces uno ve en las películas cosas que parece que no podrían seguir ocurriendo, pero ocurren. El más reciente ejemplo en los cines de Venezuela es la tercera adaptación cinematográfica de la novela de W. Somerset Maugham The Painted Veil, de la que toma en inglés el título de la cinta que en español ha sido llamada El otro lado del mundo (2006), escrita por Ron Nyswaner y dirigida por John Curran. Los protagonistas son Edward Norton y Naomi Watts, que también son productores. Es un filme en el que la peste es una de esas metáforas literarias importadas por el cine, en este caso para representar a través de un símbolo de significado evidente el deterioro de una pareja que ha contraído matrimonio sin amarse. Esa epidemia, que es de cólera, azota un poblado rural en China en los años veinte, época en que el país, luego del derrocamiento del último emperador, se hallaba dividido de facto en territorios controlados por varias facciones, dos de las cuales se encaminaban a librar una guerra civil: el Kuomingtang y el Partido Comunista. Las tropas de ambos bandos aparecen en la cinta, que se desarrolla en territorios donde mandaban los nacionalistas.

No sólo los chinos tenían problemas unos con otros sino también con las potencias occidentales, que se enfrentaron con China en las guerras del opio, para obligar al país a permitir el comercio de la droga. También ocuparon partes del territorio, como Hong Kong, e impusieron por la fuerza tratados que les daban derechos comerciales y de navegación. El Kuomintang, sin embargo, debió recurrir al apoyo de las potencias extranjeras para controlar a los caudillos regionales, y también para prepararse para la lucha contra los comunistas. Tenía, además, un problema interno, puesto que la Rusia de la Revolución de Octubre respaldó en un principio al partido en su lucha por la unificación de China, y algunos de sus cuadros se formaron en ese país, como el coronel Yu en la película, interpretado por el gran actor hongkonés Anthony Wong. 

Pero Al otro lado del mundo no es una historia en la que los chinos sean protagonistas sino la pareja inglesa, integrada por un bacteriólogo (Norton) y su esposa (Watts), que se trasladan a la zona donde ha estallado la epidemia, en parte por solidaridad con los humildes y espíritu científico, pero también como un castigo del marido a la infidelidad de la mujer. Ese es un primer problema, el de la perspectiva eurocentrista, según la cual no ocurre en el mundo nada importante si no toca de alguna manera la vida de los occidentales, y es trascendente en la justa medida en que los concierne a ellos.  

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En la película, las relaciones entre Occidente y China tienen un correlato que intenta ser mostrado como positivo. El bacteriólogo le dice al coronel Yu que su ciencia no tiene nada que ver con el problema de los extranjeros, y en la historia representa la punta de lanza de otro conflicto que los involucra a ambos: el de la modernidad contra la superstición y el atraso, que cuenta a Yu en el bando de los progresistas también. Pero la representación de la forma terca como los pobladores rurales se apegan a las prácticas tradicionales que difunden la epidemia se confunde con la estupidez en el filme. Más allá de eso hay un tío Tom chino que sonríe con cara bobalicona a la dama inglesa a cuyo servicio ha sido puesto, a pesar de que es un soldado del Kuomingtang, y cuya fidelidad al ama blanca le lleva a tomar las armas contra sus compatriotas, cuando intentan agredirla. La escena representa en el filme la culminación de un crescendo de odio, y es anticipada por los comentarios xenófobos que se escuchan al paso de los ingleses –en chino, traducidos en los subtítulos–. Esa actitud redondea la clásica representación del colonizado que justifica la colonización: es gente demasiado tonta y violenta como para poder gobernarse a sí misma. Por eso incluso necesita de amos de Europa o Norteamérica, o nacionales formados en el extranjero, como el coronel Yu.  

Si bien contra eso podría argumentarse que en la cinta hay una crítica de las misiones religiosas extranjeras, puesto que el bacteriólogo le aclara a su esposa que las monjas no están en China sólo para hacer el bien sino para arrebatarles los niños a las familias y convertirlos al catolicismo. Pero desde la perspectiva del discurso “progresista” científico del filme eso también forma parte del atraso, porque lo que realmente puede salvar a la gente de ese lugar en la película no es Dios sino la puesta en práctica de medidas sanitarias. Tampoco es un detalle gratuito que las religiosas sean francesas y católicas los protagonistas ingleses, miembros de la iglesia nacional de su país.

El desenlace de la historia de la pareja en el filme es acorde con este pensamiento anacrónico del siglo XIX. Sin embargo, Al otro lado del mundo puede cautivar al espectador crítico, a pesar del pantano ideológico sobre el que se encuentra asentada, por obra de las actuaciones primero. Norton interpreta en la cinta uno de esos personajes que son su fuerte: un hombre, de apariencia débil, pusilánime incluso, en el que en cierto momento de la historia se descubre una insospechada fuerza interior, acompañada, como lo exige la historia, de una crueldad elegante. Watts se mueve también como pez en el agua al interpretar a una mujer que debe asumir diversos rostros, según las circunstancias, lo que en su caso se traduce en una transformación claramente visible de sus rasgos, que culmina con el cambio que la moraleja exige. 

Hay además escenas en la que el odio mutuo en el que se hunde la pareja se expresa a través de detalles de un sadismo digno de Luis Buñuel: el marido decide viajar al pueblo por tierra, en vez de hacerlo por el río, con el único propósito de atormentar a su esposa, y no le pone la vacuna ni se inocula él antes de partir hacia el lugar de la epidemia, y en una escena en la que ella parece seguirle el juego suicida y comienza a comer una ensalada –alimento peligroso porque no ha sido cocinado–, él se sirve también y no le quita los ojos de encima mientras mastica. Esa secuencia sola justifica la película. 

AL OTRO LADO DEL MUNDO
The Painted Veil, Estados Unidos-China, 2006 

Dirección: John Curran. Guión: Ron Nyswaner, basado en la novela homónima de W. Somerset Maugham. Producción: Edward Norton, Naomi Watts, Sara Colleton, Jean-Francois Fonlupt, Bob Yari. Diseño de producción: Tu Yuha. Fotografía: Stuart Dryburgh. Montaje: Alexandre de Franceschi. Sonido: Derek Vanderhorst. Música: Alexandre Desplat. Elenco: Naomi Watts (Kitty Fane), Edward Norton (Walter Fane), Anthony Wong (coronel Yu), Liev Schriber (Charlie Towsend), Toby Jones (Waddington). Duración: 125 minutos. Formato: 35 mm con intermedio digital, 2,35:1 anamórfico, color, SDDS, Dolby Digital.

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info


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