10/09
.    portada    .    quiénes somos    .    escriba en Vértigo    .    contáctenos    .
 
crítica

Bastardos sin gloria
Ver todas las críticas

Venganza poética

El cine es el protagonista de Bastardos sin gloria (Ingloriuos Basterds, 2009) de Quentin Tarantino. Encabeza el elenco de asesinos, puesto que las películas, al arder, son capaces de matar más gente en el filme que todos los miembros del grupo que lidera el teniente Aldo “Apache” Raine (Brad Pitt), incluido el sargento Donny Donowitz, alias el Oso Judío (Eli Roth), especialista en romperles la cabeza a los nazis con un bate de beisbol. Así como una digresión relata el prontuario del renegado alemán Hugo Stiglitz (Til Schweiger) y cómo llegó a convertirse en un matador de nazis digno de ser miembro del grupo de Raine, Samuel L. Jackson da una explicación irónicamente didáctica, en voice over, del tipo de homicida que pueden llegar a ser los filmes de nitrato, tan inflamables que ni siquiera se aceptaba que fueran transportados en tranvía. El holocausto sarcástico de Bastardos sin gloria ocurre en un cine, cuya propietaria es uno de los personajes centrales, al igual que otro es un soldado convertido en actor, y hay también una estrella de cine, un crítico asimilado en las fuerzas armadas y un ministro de propaganda amante de las películas. Es también personaje principal el cine, finalmente, porque el proceso de exhibición de la cinta que habrá de anunciar la inminente masacre –un fragmento de película inserta en mitad de un rollo de un filme de ficción de propaganda nazi– es mostrado minuciosamente, desde la realización de los empates con cemento hasta el proceso de preparar la cinta y colocarla en los proyectores, y la mecánica de los cambios de rollo al proyectarla. 

Sólo el protagonismo del cine justifica, además, que después del primero de los cinco episodios Bastardos sin gloria continúe. Al final de esa primera parte, el coronel Hans Landa (Christoph Waltz) apunta con su pistola a Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent), una muchacha judía que huye corriendo por la campiña francesa, después de han ametrallado a su familia, escondida junto con ella bajo el piso de la cabaña de Perrier la Padite (Denis Menochet). Pero no dispara. Un lugar común cinematográfico indica que la deja irse con vida para que pueda conducirlo después a donde está el resto de su gente, para matarla también. Pero eso no tiene sentido porque antes se explica que los Dreyfus son la última familia judía de la comarca que no ha caído en manos del coronel Landa. Shosanna, entonces, no muere única y exclusivamente porque debe reaparecer en un episodio posterior como dueña del cine donde ocurre el desenlace y reencontrarse con Landa. La película necesita perdonarle la vida para seguir adelante. 

Como personaje principal de Bastardos sin gloria el cine es, por tanto, héroe y villano a la vez. El cine malvado es el que hacen los nazis, y es tan cruel y seductor como el coronel de la SS. Shosanna, que le dispara al simpático soldado del ejército alemán Fredrick Zoller (Daniel Brühl) cuando irrumpe en la cabina de proyección, justo en el momento en que está por ponerse en marcha el plan para liquidar a la plana mayor de la Alemania nazi, se apiada de él al verlo en la pantalla, en el filme que está basado en la hazaña que convirtió a Zoller en héroe de guerra: apostado en el campanario de un pueblo, mató él solo a más de 300 soldados aliados y les hizo abandonar el lugar. Insoportable por eso en el mundo real del filme para la mujer judía, que no oculta su disgusto con la presencia de los alemanes como ocupantes de Francia, el Zoller de la pantalla, que se interpreta a sí mismo, es capaz de despertar en ella sentimientos contrarios. 

Trailer de Bastardos sin gloria
Ver todas las críticas

Al recoger esa historia, la película nazi pareciera ser la quintaesencia de lo que es el cine para Tarantino: la hipertrofia de uno de aquellos episodios en los que el arte está más vivo porque realmente ocurre lo que le interesa al cineasta. Las demás son partes muertas, y por tanto prescindibles del filme; aquellas que están subordinadas a las otras y cuya única función es conectarlas, aunque la distinción entre una cosa y la otra sea irónica en Reservoir Dogs (1992). El problema con el filme masacre interminable, obra de la creatividad del ministro a Joseph Goebbels, es que no es sólo una película de guerra como las que podrían gustarle al director de Bastardos sin gloria sino también un arma en el conflicto, creada para subir la moral de los soldados, y en última instancia también, simplemente, para complacer al líder, Adolf Hitler. El mayor éxito del filme es lograr que el führer, quien no cesa de reír al verlo, felicite a su ministro de propaganda.

Ha de entenderse que es nazi también, por la misma razón, el cine hecho con el mismo fin utilitario durante la Segunda Guerra Mundial por los aliados, o por los que luchan en cualquier conflicto, hasta la actualidad. Ese objetivo político, ajeno por naturaleza al cine, corrompe también las imágenes filmadas por Shosanna Dreyfus para anunciarles a los nazis que ha llegado su fin. Por eso las imágenes de ese filme se deforman grotescamente en la película en el momento en que alcanzan su objetivo. 

A esa forma de justicia poética que hace que siempre ganen los buenos en el cine bélico de propaganda, tan bastarda como la pandilla del teniente Raine, Tarantino contrapone otra manera de entender la relación entre el arte y la vida que se desprende del tema del filme. Venganza poética podría ser llamada. Su magia quizás esté emparentada con el poder de robar el alma que algunas culturas atribuyen a la imagen. El conjuro sería capaz de matar todo aquello de pervertidamente histórico puede haber en las ficciones que se pretenden basadas en la historia con fines de propaganda para que ellas puedan vivir puramente otra vida como cine. Bastardos sin gloria se divierte con la idea, planteando una versión de los hechos que no puede haber ocurrido, puesto que no se corresponde con la Segunda Guerra Mundial, tal como sucedió en realidad. Pero aun así el juego debe estar presente para que se trate de auténtica venganza poética: el efecto propagandístico de lo real, para que pueda ser neutralizado, debe ser evocado a través de ambientes, personajes y acciones que tengan un referente real en alguna medida identificable, más allá de todo juego cinematográfico que se haga a partir de ello.

Muere la historia, y el cine se venga así de la realidad de la propaganda. Pero para que pueda vivir plenamente como cine requiere también que el cuerpo –el corpus– de aquello que constituye el cine para los amantes de las películas vuelva a vivir de nuevo en cada filme. Lo que da vida al cine es en esta película, como en Kill Bill, la posibilidad de crear cosas nuevas cortando, pegando y mezclando las obras del pasado. Por ejemplo, en el episodio del bar de Bastardos sin gloria, en el que el spaghetti western y el cine bélico cristalizan en un resultado que es más que la suma de las partes. La otra vía es la de Grindhouse: replicar en el filme la experiencia de los que vieron las películas en las que se inspira la película, tal como fueron vistas en el pasado, en ese caso como un programa doble de copias deterioradas por el exceso de proyecciones, incluidos los trailers. Si el artista ya no aspira a ser un pequeño dios, como quería el poeta Vicente Huidobro, al menos puede llegar a ser un doctor Frankenstein e incluso, en casos excepcionales, como el de Tarantino, un verdadero Prometeo del videoclub. 

BASTARDOS SIN GLORIA
Inglorious Basterds
, Estados Unidos-Alemania, 2009 

Dirección y guión: Quentin Tarantino. Producción: Lawrence Bender. Diseño de producción: David Wasco. Fotografía: Robert Richardson. Montaje: Sally Menke. Sonido: Ann Scibelli. Música: Ennio Morricone. Elenco: Brad Pitt (teniente Aldo Raine), Mélanie Laurent (Shosanna Dreyfus), Christoph Waltz (coronel Hans Landa), Eli Roth (sargento Donnie Donowitz), Michael Fassbender (teniente Archie Hicox), Diane Kruger (Bridget von Hammersmark), Daniel Brül (Frederick Zoller), Til Schweiger (sargento Hugo Stiglitz), Denis Menochet (Perrier la Padite). Duración: 153 minutos. Formato: 35 mm anamórfico con intermedio digital, 2,35:1, color, SDDS, Dolby Digital, DTS.

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info


Warning: main(http://www.revistavertigo.info.ve/foro/foro1.php?id=bastardossingloria&e=.php) [function.main]: failed to open stream: HTTP request failed! HTTP/1.1 404 Not Found in /home/vertigo/public_html/foro/bastardossingloria.php on line 454

Warning: main(http://www.revistavertigo.info.ve/foro/foro1.php?id=bastardossingloria&e=.php) [function.main]: failed to open stream: HTTP request failed! HTTP/1.1 404 Not Found in /home/vertigo/public_html/foro/bastardossingloria.php on line 454

Warning: main() [function.include]: Failed opening 'http://www.revistavertigo.info.ve/foro/foro1.php?id=bastardossingloria&e=.php' for inclusion (include_path='.:/opt/apache/lib/php') in /home/vertigo/public_html/foro/bastardossingloria.php on line 454
Ver todas las críticas
Máster en critica cinematografica
.    portada    .    noticias    .    artículos    .    criticas    .    videos    .    imágenes en línea    .
Copyright © 2007-. REVISTA VERTIGO. Caracas. Venezuela. Producido por: Seventeen Design