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crítica
Utopía del arte comunitario
Podría decirse que Be Kind Rewind (2008) provee de un mito
fundacional al cine comunitario, que está tan de moda en la actualidad
en Venezuela como concepto. No es de otra cosa de lo que trata el filme
escrito y dirigido Michel Gondry: de esa intrigante manifestación de la
cultura popular actual. ¿Por qué la gente común y corriente habría de
lanzarse a hacer películas de ficción o documentales si para eso están
Hollywood y la TV? ¿Cuál es el beneficio que ese gasto de energías les
produce, si no es dinero?
Be
Kind Rewind se
desarrolla en un vecindario en decadencia en Nueva Jersey, Estados
Unidos, en el que el progreso es la amenaza de que las viviendas y
pequeños comercios sean demolidos por el “desarrollo” urbanístico, y el
negocio de alquiler de cintas de video del señor Fletcher (Danny Glover)
corre peligro de desaparecer por el DVD. En consonancia con eso, es una
vieja cámara de VHS el instrumento que desempolvan Jerry (Jack Black) y
Mike (Mos Def) para grabar películas, no las avanzadas microcámaras
digitales. El cine comunitario no es cosa de tecnología en el filme.
Su
impulso fundamental proviene, por un lado, de la locura de los
protagonistas, que son seres quebrados, incapaces de ajustarse a la
realidad. Ese es un rasgo característico de los personajes de Michel
Gondry. Pero si bien la causa inmediata de la existencia de las
películas hechas por la gente es una consecuencia mágica de esa locura
–de los delirios paranoicos de Jerry, cuyo cuerpo, imantado en un
frustrado atentado contra una instalación eléctrica borra todos los
casetes de la tienda–, eso tiene un paralelo en lo que las empresas de
la construcción se proponen hacer con el vecindario y en el
desplazamiento de la cinta de video de las tiendas por el disco, que
está acompañado en la película por un recorte de la diversidad de los
géneros y de títulos. Una forma de vida es la que está siendo borrada
literalmente, sin que haya nada de mágico en ello.
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| Trailer de
Be Kind Rewind |
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Si
bien el humor del filme se afinca en cómo Jerry, Mike y Alma (Melonie
Diaz), la chica que se les une, realizan versiones caseras de filmes
como Ghost Busters (1984), Robocop (1987), Conduciendo
a Miss Daisy (Driving Miss Daisy, 1989), El rey león (Lion
King, 1994) y Una pareja explosiva (Rush Hour, 1998),
lo importante es la metáfora de la reapropiación de las que la gente
considera como sus películas. Al ofrecer las cintas que han
grabado los tres héroes ponen el dedo en la llaga del conflicto con los
intereses empresariales, que son también los que amenazan la existencia
del vecindario –la municipalidad, que es una institución de gobierno
local, tiene en el filme el aspecto de una compañía privada dedicada al
negocio de la construcción y trata al ciudadano Fletcher como a un
usuario problemático–. Los propietarios de los derechos de las
intervienen para suprimir las versiones ilegales. Demandan al videoclub
por una cifra delirante y destruyen, pasándoles por encima una
aplanadora, como si se tratara de un aplastamiento simbólico además de
real, las obras de arte creadas por Jerry, Mike y Alma, inspirados en
Hollywood, para el disfrute de los vecinos. Pero una vez que se ha
encendido la mecha de la creatividad popular, hace falta más que una
aplanadora para apagar la llama. La gente decide entonces reapropiarse,
no de los productos de la industria cultural que les son vedados sino de
su vida como comunidad, a través de un arte que indiscutiblemente nació
del pueblo y no hay duda de que le pertenece: el jazz.
Recuperar e inventar se confunden en la biopic comunitaria del pianista
y organista Fats Waller a cuya realización se entrega el vecindario,
tomándole la palabra a Fletcher, quien asegura que el músico nació en
Nueva Jersey, en el edificio donde funciona el videoclub, y no en
Harlem, como dice la historia. Ese tiempo inventado tiene algo que no es
propiamente del pasado ni tampoco del presente. Lo que se concibe como
posibilidad es lógicamente inherente al futuro aunque se juegue con el
reloj para situarlo en una época que ya pasó. Ese deber ser, más que lo
que fue, se hace manifiesto también en la forma como la gente del
barrio, al representar como suyo un pasado que ocurrió en Harlem, escoge
cómo quiere ser vista en el presente y en el futuro: como una
colectividad en la que predominan los negros, al igual que en la cuna
neoyorquina del jazz, a contramano de la representación oficial de la
sociedad estadounidense en el cine y en la televisión, que es
predominantemente de clase media y, por supuesto, blanca.
En
esa misma dirección hacia la utopía marcha el arte de Gondry al
representar el filme comunitario dentro de la película comercial. No
sólo pasa del intento infructuoso de suprimir los recuerdos de la amada
Clementine de la mente de Joel, el protagonista de El resplandor
eterno de una mente sin recuerdos (Eternal Sunshine of the
Spotless Mind, 2004), al borrado de esa parte de la memoria de la
comunidad que se halla en las cintas del videoclub y que resurge en las
versiones caseras, sino también de los juegos privados con la animación
y la imaginación de La science des rêves (2006) a la puesta de
esos mismos recursos expresivos en manos de la comunidad, para que
construya la historia que imagina en la ficción. Los planos de las
calles de la época actual con siluetas de carros antiguos, el fabuloso
órgano del filme y los vehículos que construye la gente para la
película, entre otras imágenes de la cinta, son una metáfora del poder
transformador del arte si se le dejara andar suelto, en manos del
pueblo, por la ciudad.
AMIGO DE LOCURA
Be
Kind Rewind,
Reino Unido-Estados Unidos, 2008
Dirección y guión:
Michel Gondry. Producción: Michel Gondry, Georges Bermann, Julie
Fong. Diseño de producción: Dan Leigh. Dirección de arte:
James Donahue. Fotografía: Ellen Kuras. Montaje: Jeff
Buchanan.
Sonido:
Pawel Wdowczak. Música: Jean-Michel Bernard. Elenco: Jack
Black (Jerry), Mos Def (Mike), Danny Glover (señor Fletcher), Mia Farrow
(señorita Falewicz), Melonie Diaz (Alma), Chandler Parker (Craig), Irv
Gooch (Wilson), Arjay Smith (Manny).
Duración:
102 minutos. Formato: 35 mm y video exhibido en 35 mm anamórfico,
2,35:1, color, DTS, SDDS, Dolby Digital.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info
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