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Butch Cassidy and the Sundance Kid
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Los valientes huyen

 

La muerte de Paul Newman es un buen pretexto para volver a ver Butch Cassidy and the Sundance Kid (1969), que a alguien se le ocurrió titular en español Dos hombres y un destino. El actor, que ganó el premio de la “Academia” estadounidense en 1986 por El color del dinero de Martin Scorsese (The Color of Money), coprotagonizó el filme con Robert Redford, con un guión ganador del Oscar de William Goldman y bajo la dirección de George Roy Hill. En realidad la cinta fue más importante en la carrera de Redford que en la de Newman. El papel del Sundance Kid, que en principio asumió con poco entusiasmo, creyendo que se trataba de un filme comercial más, contribuyó a darle una fama que hasta entonces nunca había tenido. El público respaldó con entusiasmo a Butch Cassidy and the Sundance Kid y la película ganó otros tres Oscar, además del de Goldman: a la mejor partitura original y a la mejor canción, ambas de Burt Bacharach, y a la mejor cinematografía, de Conrad L. Hall. Pero eso no significa que Robert Redford haya tenido razón en cuanto a que sólo era un producto de fácil consumo masivo.  

El filme de Hill, que es uno de los importantes en el llamado crepúsculo del western, en los años sesenta, destaca principalmente por la química entre los actores protagónicos, que se hicieron amigos para toda la vida en el rodaje. Otros dos factores clave de su trascendencia son el tema y una atmósfera particular en la que el realismo se conjuga con un tono onírico y cargado de humor juguetón, con largas citas del cine mudo y un uso insólito de la música.  

Lo más interesante que podría tener la película, vista desde la perspectiva actual, es el tema de los delincuentes simpáticos que huyen en vez de hacer frente a los hombres que envían para capturarlos. Cuando fue estrenada la cinta, no faltó quien quiso ver en aquello una alegoría de los jóvenes que preferían escaparse a Canadá antes que hacer el servicio militar y marchar a combatir en una guerra injusta y en la que podían hallar la muerte como la de Vietnam. Criticar esa guerra no fue la intención, según los realizadores, pero el filme hace una universal reivindicación de la prudencia: el verdadero héroe es el inteligente que evita enfrentarse con un enemigo más numeroso y fuerte para salvar el pellejo, no el que se inmola sin ningún sentido, entablando un combate desigual. A eso hay que agregar que lo que Butch Cassidy y el Sundance Kid sienten en la película por sus perseguidores no es miedo sino respeto. “Esos tipos son buenos”, repite una y otra vez el personaje de Redford. Razón de más para tratar de no caer en sus manos. 

 
Trailer de Butch Cassidy and the Sundance Kid
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También destacan las tres secuencias musicales que constituyen lo más extrañamente atractivo del filme. En la más célebre de ellas, Butch Cassidy monta en una bicicleta a la mujer de su amigo, Etta Place (Katharine Ross), y luego hace una serie de acrobacias en solitario para impresionarla que terminan en caídas inspiradas en las comedias del cine mudo, incluida la persecución por un toro. Parte de ello ocurre al compás de “Gotas de lluvia caen sobre mi cabeza”, de Bacharach (“Raindrops Keep Fallin’ On My Head”). La relación entre una secuencia como esa y un western es tan inexplicable como la referencia a la lluvia en la pieza bajo el sol radiante en que se desarrolla la acción. 

La segunda secuencia musical es un guiño irónico al realismo. Relata el viaje de los héroes –y la heroína– desde el oeste de Estados Unidos hasta Bolivia y se desarrolla con fotografías de época, la mayor parte de Nueva York, intervenidas para agregar los personajes de la película y con unos detalles de animación. Se recurrió también a un viraje al sepia, el mismo tono usado en unos fragmentos de western silente, insertos al comienzo del filme, y que regresa en el plano final. La ironía, por tanto, es doble: se refiere tanto a la historia como a la ficción cinematográfica. No debe olvidarse, además, que Butch Cassidy y el Sundance Kid fueron asaltantes de bancos y de trenes de la vida real. 

La última secuencia musical, acompañada de un vals con tarareo, sin letra, relata los robos cometidos por los dos bandoleros e Etta Place en Bolivia.

Un dato curioso es que Paul Newman compró los derechos para filmar el guión –fue también coproductor ejecutivo de la película– con la idea de interpretar el personaje de Sundance, y por ello el proyecto se titulaba originalmente The Sundance Kid and Butch Cassidy. Al parecer fue principalmente en el rodaje cuando comenzó a brotar el chisporroteante humor del personaje que terminó haciendo en lugar de su serio compañero. Sin esa comicidad, que nunca llega a imponer su tono a la cinta para convertirla propiamente en una comedia, la película no habría llegado a ser el clásico que es. 

Butch Cassidy and The Sundance Kid está disponible en una edición de la serie Fox Studio Classics y cuesta 45 bolívares. El precio incluye el IVA pero no los gastos de envío, si se compra en una tienda venezolana en Internet. El DVD incluye el making off  y entrevistas a Paul Newman, Robert Redford, William Goldman y Burt Bacharach. Es especialmente divertido un montaje de declaraciones que pone de manifiesto una serie de contradicciones en el relato de los cuatro. Se convierte en parte de la mezcla de tragedia y comedia. 

BUTCH CASSIDY AND THE SUNDANCE KID
Estados Unidos, 1969 

Dirección: George Roy Hill. Guión: William Goldman. Producción: John Foreman. Fotografía: Conrad Hall. Montaje: John C. Howard, Richard C. Meyer. Sonido: David Dockendorf, William Edmonson. Música: Burt Bacharach. Elenco: Paul Newman (Butch Cassidy), Robert Redford (Sundance Kid), Katharine Ross (Etta Place). Duración: 110 minutos. Formato: 35 mm anamórfico, 2,35:1, color, y blanco y negro (sepia), mono.

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

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