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20 años del estallido de Do
The Right Thing
El 30
de junio de 1989 logró estrenarse en Estados Unidos una película que
hizo temer a los exhibidores que fueran quemados los cines, tal como
ocurre con una pizzería en el filme, después del asesinato de un negro
por policías blancos. Se le atribuía potencial de causar disturbios por
motivos raciales. Do The Right
Thing se titula, y el
director es un cineasta afroestadounidense, nacido en Atlanta y radicado
en Nueva York, que había hecho olas en su época de estudiante con el
corto The Answer (1980), literalmente una respuesta indignada a
El nacimiento de una nación de D. W. Griffith (Birth of
a Nation, 1912). Rechazaba que se le concediera el estatus de
clásico del cine a esa película sin llamar la atención sobre que el
hecho de que es propaganda del Ku Klux Klan. Luego de graduarse había
rodado She’s Gotta Have It (1986), una comedia intimista
que ganó el Premio de la Juventud en Cannes sobre
una mujer que mantiene una relación con tres hombres a la vez, en la que
demostró su buena mano para el erotismo cotidiano y para sacar partido
de la belleza poco convencional en el cine de Nora Darling, tal como
ocurre con Rosie Pérez en Do The Right Thing. Pero fue con esa
otra película, la incendiaria, que Spike Lee demostró quién era Spike
Lee.
Do The Right
Thing es un filme social que termina en tragedia pero comienza como una comedia
irónica. Sus personajes representan, a través de diversos estereotipos,
a los habitantes negros y puertorriqueños de una calle de Brooklyn en la
que hay dos establecimientos comerciales: una pizzería de blancos,
descendientes de italianos, y un mercado de asiáticos, coreanos. Lee,
que escribió, produjo y dirigió el filme, e interpreta al personaje
principal, Mookie, se muestra implacable con su gente. De esta manera
retrata a algunos de los personajes: Smiley (Roger Guenveur Smith) es un
retrasado mental al que presenta en contrapicado, con una iglesia
bautista en el fondo, sosteniendo una de foto de Malcolm X y Martin
Luther King que intenta venderle a sus vecinos con el balbuceo
“M-m-m-malcolm, Ma-ma-ma-martin”; Radio Rahim (Bill Nunn), como su
nombre dice, carga siempre consigo un enorme reproductor en el que suena
atronadoramente el rap jazzeado de Public Enemy (“Fight the Power”) y su
rostro sin expresión sugiere que está idiotizado hasta está más allá del
bien y del mal por la música rebelde; Buggin’ Out (Giancarlo Espósito)
es un defensor recalcitrante de la negritud, que considera un escándalo
que en la pizzería haya una “Pared de la Fama” de fotos de descendientes
de italianos sin ningún afroestadounidense, por lo que llama a un boicot
del local, pero también manifiesta abiertamente un racismo de
contragolpe en un enfrentamiento verbal con un vecino blanco, al que no
quisiera ver más en el barrio.
Con los
ítaloestadounidenses Lee es menos vitriolesco en apariencia, pero hila
más fino en el fondo social de la crítica. En Sal, el dueño de La Famosa
Pizzería de Sal, se percibe claramente el cruce de las líneas que
dividen a las clases y a las razas. Es, por una parte, un empresario
egoísta, que no sólo cobra caro cada pedazo de pizza que vende sino que
ignora que no ha levantado su negocio únicamente con su esfuerzo y el de
sus hijos sino también con el dinero de los consumidores de la
comunidad. Parece incapaz de percibir lo importante que es para él y
para su negocio la gente negra que le rodea. Eso cual se manifiesta
también en la forma como trata a su único empleado fijo, Mookie, y al
viejo Da Mayor, el Tío Tom de la película, a quien le da unas monedas
para que barra la acerca: los desprecia y los considera con actitud
paternalista a la vez.
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| Trailer de
Do The Right Thing |
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El racismo no hace
sino traducir eso. Al igual que Sal se considera mejor que la gente
negra que le rodea, su Pared de la Fama ítaloestadounidense es el
emblema con el que les hace ver a todos sus clientes que él es blanco a
diferencia de ellos. Sin embargo, por la misma razón que necesita que
haya quien coma lo que vende está siempre alerta para contener el
estridente rechazo a los negros de uno de sus hijos y mantener
relaciones cordiales con la comunidad. Incluso parece bajar la guardia
del racismo y el clasismo ante Jade la hermana de Mookie (interpretada
por Joie Lee, la hermana del director), lo cual es un adelanto de los
problemas de las parejas mixtas de los que se ocupará Lee dos años
después en Jungle Fefilfilver (1991). Pero en la relación de Sal con
Buggin’ Out sale a relucir su verdadera identidad de empresario blanco:
el afable pizzero está siempre presto a tomar un bate de beisbol para
romperle la cabeza al radical negro, y de esa manera revela que en el
fondo considera a la gente del vecindario como enemiga.
Por esa tensión
latente entre las clases y las razas, el microcosmos cómico del barrio
del comienzo va revelando lo que realmente es como realidad social: una
granada a la que le quitaron la espoleta hacia 1607, cuando los primeros
esclavos de África fueron llevados a lo que hoy es Estados Unidos. La
estructura del filme no puede ser, por tanto, sino la de la mecha de la
dinamita que se va consumiendo: un crescendo que conduce inexorablemente
al estallido, aunque sea propiciado por una acumulación en apariencia
fortuita de detalles que, por sí mismos, no parecen tener suficiente
peso ni relación entre sí como para causarlo. El subtexto es cómo la
subordinación de los negros se ha mantenido desde la esclavitud hasta la
exclusión de la propiedad de los negocios en los barrios, y cómo sigue
ocupando el lugar privilegiado allí la gente que mantiene ante ellos la
actitud de orgullosos colonizadores extranjeros, con la policía a su
servicio.
Pero Do The
Right Thing no es un filme brillante sólo porque revela el
funcionamiento del mecanismo de los conflictos raciales, y permite
entender la vigencia de los problemas históricos subyacentes. Lo es,
sobre todo, porque no parece desprenderse de la película ninguna
esperanza de que sea posible detener esa dinámica asesina y destructora
con una solución política simple. Tampoco traza una clara línea
divisoria entre personajes buenos y malos que ofrezca luz al respecto,
incluso en el momento de crisis, cuando la tragedia revela sin
ambigüedad de qué lado está la fuerza represora del estado y cuáles es
su objetivo principal. Sin embargo, el desarrollo de la historia tiene
como correlato un descenso del pedestal irónico desde el que Spike Lee
juzga a su gente al comienzo para concluir con un homenaje a la foto de
Martin Luther King y Malcolm X despreciada al principio, y con una cita
de cada uno de ellos, a manera de epílogo.
En la segunda, el
líder islámico explica que la violencia, cuando es necesario usarla para
defenderse, no debe llamarse tal sino inteligencia, y la cinta se
arriesga a mostrar la vigencia de esa postura, que suele tener pocos
seguidores entre la gente de pensamiento liberal, en una secuencia en la
que el propio Lee, como intérprete del personaje de Mookie, actuando con
cabeza fría, arroja un cubo de basura contra el ventanal de la pizzería,
con lo que comienza la destrucción del local en respuesta al asesinato
cometido por la policía. En la primera el ministro bautista dice algo
que a los blancos bienpensantes nos gusta más escuchar: habla de la
inmoralidad de la violencia, de cómo degrada a quienes caen en ella, y
eso también ocurre en el filme. Ambos pensadores tienen razón, a pesar
de que lo que dice uno contradice la opinión del otro y de que ninguno
de los dos termina de aclarar cómo resolver el problema de la
discriminación, que es lo que está en juego. Lo que hay que hacer, por
tanto, no es echarlos al pote de la basura y tildar de retrasado mental
a quien los lee, como ocurre con el personaje de Smiley al comienzo del
filme, sino considerarlos con distancia crítica y ver qué provecho puede
sacarse de ellos. Más importante que seguir una doctrina es pensar cómo
hacer lo correcto en la actualidad, con la ayuda que podrían ofrecer las
ideas del pasado, señala el filme. El título, Do The Right Thing,
significa eso.
DO
THE RIGHT THING
Estados Unidos, 1989
Dirección, guión
y producción:
Spike Lee. Diseño de producción: Wynn Thomas. Fotografía:
Ernest Dickerson. Montaje: Barry Alexander Brown. Sonido:
Skip Lievsay. Música: Bill Lee. Elenco: Spike Lee (Mookie),
Danny Aiello (Sal), Giancarlo Esposito (Buggin’ Out), Bill Nunn (Radio
Harem), Rosie Pérez (Tina), Ossie Davis (Da Mayor), Roger Guenveur (Smiley),
Samuel L. Jackson (Mister Señor Love Daddy), Richard Edson (Vito), John
Turturro (Pino), Miguel Sandoval (agente Ponte), Rick Aiello (agente
Long). Duración: 120 minutos. Formato: 35 mm, 1,85:1,
Dolby SR.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info
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