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crítica

En Brujas
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Infierno cinematográfico

Una actuación puede ser la diferencia entre un filme regular y una película sobresaliente, o viceversa. En Brujas (In Bruges, 2008), que abrió el Festival de Sundance de este año, es un ejemplo de los segundo. La razón es la participación como protagonista de ese extraño actor llamado Colin Farell, consagrado por su papel en Alexander, de Oliver Stone (2004), que le valió una nominación al Razzie, y que tanto parece gustarle a Joel Schumacher. En la cinta escrita y dirigida por Martin McDonagh, quien tuvo éxito en Broadway con The Pillowman (2003), el irlandés tiene una interpretación “física”, cuyo principal recurso son las muecas en general y de sus gruesas cejas negras en particular. Él y Brendan Gleeson, quien hace un trabajo mucho más sobrio y parejo, tratan de componer así una pareja como la de Stan Laurel y Oliver Hardy, por lo que ese sería el referente de las expresiones faciales de Farell. Pero eso está de más en un filme al que para despertar interés le basta y le sobra con su metáfora del infierno, basada en la arquitectura medieval y en obras de El Bosco y de otros pintores.

Los protagonistas de En Brujas son dos asesinos enviados a la ciudad de Bélgica por su jefe (Ralph Fiennes). Allí deben esperar a que las cosas se calmen en Londres, después del asesinato accidental de un muchachito en una operación destinada a eliminar a un sacerdote. Una vez que la historia comienza en Brujas, luego de un breve prólogo, los planos de gárgolas comienzan a introducir la alegoría del castigo por el pecado cometido. Otro elemento clave en la metáfora es la visita a un museo, en el que Ray (Farrell) y Ken (Gleeson) se espantan primero con un cuadro del siglo XV, en el que un hombre es despellejado vivo, y luego hallan consuelo y placer en la representación del infierno en El jardín de las delicias, de El Bosco, un cuadro que en realidad se halla en el Museo de El Prado, en Madrid. Hay en la escena un juego de cajas chinas: un infierno pictórico dentro de una representación cinematográfica del infierno. Finalmente está la representación de la caída, que en este caso se produce desde lo alto de la torre de una iglesia, además de alusiones a los pecados de la gula, la lujuria, la ira, etcétera.

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La exposición y los demás atractivos turísticos de la ciudad son aprovechados también para hacer un guiño al cine de arte. “Debemos buscar el equilibrio entre cultura y diversión”, dice Ken, a lo que Ray responde: “De algún modo creo que el resultado se va a inclinar un poco a favor de la cultura”. Otras secuencias traen a colación explícitamente el tema del cine dentro del cine. A Ray le llama la atención la filmación de una cinta en la que actúa un enano, y ello sirve de pretexto para vincular las gárgolas y El Bosco con Fellini, el surrealismo e icluso la psicodelia, en un filme que se inscribe en un género en el que el realismo es clave para lograr la verosimilitud, como es el cine de gangsters. El vínculo con el arte delirante se sella cuando se sabe que el enano actúa drogado con tranquilizante para caballos, como explica una chica de la producción de la que Ray se enamora.

Lo que llaman “subtexto” es, en síntesis, siempre más relevante que la historia en el filme, cuyo final violento añade un toque grotesco a la sucesión de ironías. Eso da la medida exacta de la relevancia que podría haber alcanzado esta película, de no ser por el peso que adquieren en ella las cejas de Colin Farell.

EN BRUJAS
In Brugues, Gran Bretaña-Bélgica, 2008

Dirección y guión: Martin McDonagh. Producción: Graham Broadbent, Peter Czernin. Diseño de producción: Michael Carlin. Fotografía: Eigild Bryld. Montaje: Jon Gregory. Música: Carter Burwell. Elenco: Colin Farrell (Ray), Brendan Gleeson (Ken), Elizabeth Berrington (Natalie), Ralph Fiennes (Harry Waters), Clémence Poésy (Chloë). Duración: 107 minutos. Formato: 35 mm anamórfico con intermedio digital, 2,35:1, color, DTS, Dolby Digital.

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

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