crítica
Suráfrica: un caso de estudio
o el perdón y la unidad en Invictus
Acaba de llegar a nuestro país la nueva y poderosa cinta de Clint
Eastwood, Invictus (2009). Se estrena en nuestras salas en un año
de grandes expectativas para Venezuela, un 2010 signado por fuertes
conflictos en todos los órdenes de nuestra vida nacional: desde lo
político, económico y social hasta lo ético y moral. Es por esto que
Invictus califica como un interesante caso a estudiar para
contrastar las situaciones de esa película con la realidad de nuestro
país, donde las libertades y la cohesión nacional son sujetas a
polémicos debates. En la Suráfrica de hace 15 años el odio entre los
diferentes grupos étnicos y políticos estaba a la orden del día. Un
preso político, Nelson Mandela, sumó voluntades para la reconciliación,
e inspirar así una nación unida en democracia.
Invictus es una película que se inscribe en
los dos primeros años de la presidencia de Nelson Mandela en una
Suráfrica polarizada por las diferencias raciales y marcada por un
bloqueo internacional, dada su histórica política segregacionista
llamada apartheid que se legaliza en el 1948 y que perdura hasta 1994
–año en el que para el entonces presidente De Klerk logra realizar las
primeras elecciones presidenciales universales en las que Mandela
resulta electo, recién salido de 27 años de prisión.
Madeba, nombre también atribuido por su clan,
recibe una Suráfrica muy desmoralizada. El apartheid contaba con una
serie de leyes que alejaban cualquier noción de estado de derecho al
negro o al caído en desgracia. Además había creado unos muy pobres
distritos especiales y mini-estados para albergar a esos negros y hasta
a los “proscritos”, ya que el apartheid discriminó no sólo por razones
raciales sino también por causas ideológicas y políticas.
El plan de Mandela fue trabajar con todos y cada
uno de los surafricanos, no descalificó ni desdeñó la ayuda de nadie;
quería unir a su propio país, ganar para esa unidad las aproximadamente
42 millones de personas en una estrategia que más que política era
humana. Se trataba de inspirar a la nación arco iris –donde todos los
colores tienen cabida–. Además, abrirse política y económicamente al
mundo. Para ello decidió utilizar el rugby, el deporte de los blancos,
en oposición al fútbol de los negros, como herramienta para juntar
emociones y deseos de grandeza nacional, aprovechando el campeonato
mundial de ese deporte en tierras surafricanas en 1995. El lema de esa
campaña fue: un equipo, un país.
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Invictus comienza mostrándonos de manera elocuente, dos
canchas deportivas enfrentadas, en una de rugby los blancos incrédulos y
en la otra de fútbol improvisado, los negros; entre ellas se extiende
una carretera que es atravesada a lo largo por la comitiva del recién
electo Mandela en su primer día en el cargo de la presidencia de su
país. Esta primera secuencia nos contextualiza gráficamente la situación
social. De allí en adelante sólo nos refuerza, un poco anecdóticamente,
sobre la profunda segregación, sin muchos artificios.
El guión de Anthony Peckham está inspirado en el libro del escritor y
periodista John Carlin Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game
that Made a Nation –en castellano: El factor humano–. La
aproximacón de Peckham, aunque gira efectivamente en torno al rugby y se
centra en los esfuerzos morales por alcanzar la copa mundial, no se
trata de deportes. Trata del cómo un hombre que con casi 30 años de dura
prisión sale a perdonar y a trabajar en maneras creativas de lograr la
reconciliación entre los surafricanos.
Sin grandes aspavientos Eastwood muestra interés en mostrarnos
historias y personajes aparentemente sencillos y hasta estoicos, con
profundas huellas en su pasado y con objetivos mucho más grandes que
ellos mismos desde su pequeñez o irrelevancia –como el entrenador
Frankie Dunn quien, con severos problemas de comunicación con su hija,
acepta entrenar a una mujer joven como boxeadora en Million Dollar
Baby (2004); o Christine Collins quien lucha con toda su fuerza por
recuperar a su hijo secuestrado y sustituido por un impostor en
Changelling (El Sustituto, 2008), o el viejo ex marine Walt
Kowalski quien finalmente defiende, casi sin querer, a su barrio de la
delincuencia en Gran Torino (2008)–. Personajes que al final y al
cabo, a pesar de sí mismos, se crecen ante las adversidades con la ética
de hacer lo que es correcto, lo que se debe hacer.
Eastwood se encargó de darle una pequeña dosis de ese toque intimista
que le caracteriza, aunque con menor grado de compenetración hacia los
dramas de cada personaje en Invictus. Este es un relato directo
con narrativa secuencial, con un Mandela reflexivo como eje del relato y
artífice indiscutible del cambio. En este sentido, él se encarga de
repartir sencillas frases “evangelizadoras” a lo largo de toda la
película que le atribuyen una aureola de santo como referente moral que,
si no fuese por el contenido tan pertinente para nuestra realidad
latinoamericana, correría el riesgo de percibirse como un recurso
sobrecontado. Así le escuchamos decir: “Si no puedo cambiar cuando las
circunstancias lo demandan, entonces cómo puedo hacer que los otros
cambien” o “Todos debemos exceder nuestras propias expectativas”.
Para encarnar a este símbolo de la libertad internacional, Morgan
Freeman no requirió más que un simple peinado. Sorprende gratamente cómo
logra con acento, voz pausada, caminar encorvado, semblante sereno y con
la ausencia de todo maquillaje, interpretar a una persona real, tan
significativa para muchos y que todavía está con vida. Gracias a este
trabajo, Freeman está nominado a los premios Oscar de este año como
mejor actor en un rol protagónico.
Matt Damon interpreta al capitán del equipo de rugby Springboks,
Francois Pienaar, quien es llamado por el presidente para compartir la
inspiración que se necesita para llevar a la nación al triunfo en la
copa mundial de 1995. El actor ganó unos kilogramos adicionales de masa
muscular y se aproximó al personaje con circunspección, dejando la
emoción sólo para el campo de juego. Por esta interpretación de hombre
sencillo y persistente capitán está nominado a los Oscars como mejor
actor en un papel secundario.
Pienaar motivó al equipo para no atiborrarse y tumbar al jugador
contrario más fuerte, ya que eso descuidaba el marcaje a los demás
jugadores contrarios y distraía el trabajo en equipo. Lo más importante
era el alcanzar el objetivo con determinación, es una prueba de
carácter; espejo éste en el que todos debemos vernos como ejercicio.
El éxito de Invictus radica en su asertividad, en la apelación
a valores elevados de inspiración, en la evocación de un ejemplo de
lucha cívica en estos tiempos de oportunidad para nuestras sociedades,
amenazadas por voces que corroen la armonía entre ciudadanos que
necesitan más bien comulgar en un solo país democrático con la
diversidad de sus habitantes y formas de pensar.
Mandela no les dijo a los jugadores de rugby –todos de raza blanca a
excepción de Chester Williams–: sifrinos “escuálildos”, quédense en su
porción de ciudad. Por el contrario, les invitó a dictar clínicas
deportivas a los niños marginados en los distritos pobres por todo el
país.
Tampoco buscó represalias por sus 27 años como uno de los numerosos
presos políticos, ni culpó a los colonos boers holandeses ni a los
imperialistas ingleses de las desgracias heredadas en su mandato. Madiba
sostenía que todos son llamados a colaborar sin importar el pasado.
“¡¡¡…Un país, un equipo, todos ganamos….!!! “
"¡Viva la libertad! El sol nunca ha iluminado un logro humano más
glorioso." "No es valiente aquel que no tiene miedo sino el que sabe
conquistarlo." Nelson Mandela.
(Citas de Mandela: http://es.wikiquote.org/wiki/Nelson_Mandela)
INVICTUS Estados Unidos,
2009 Warner Bros Pictures
Dirección: Clint Eastwood. Guión: Anthony Peckham del
libro de John Carlin Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game
that Made a Nation - El factor humano. Producción:
Clint Eastwood, Robert Lorenz, Lori McCreary, Mace Neufeld.
Fotografía: Tom Stern. Diseño de producción: James J.
Murakami. Edición: Claire Joel Cox y Gary D. Roach. Música:
Kyle Eastwood y Michael Stevens. Elenco: Morgan Freeman (Nelson
Mandela), Matt Damon (François Pienaar). Duración: 133 minutos.
Formato: Super 35mm. Color, Dolby Digital.
Ender Pérez
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