 |
crítica
El espectáculo de la
reconciliación
La
mezcla deporte-espectáculo-política tiene siniestros antecedentes
que se remontan a las Olimpiadas en la Alemania nazi, en 1936. Eso
obliga a considerar con suspicacia Invictus,
filme en el que Clint Eastwood vuelve sobre el tema de la
integración de los diferentes en el seno de una misma comunidad,
como en Gran Torino
(2008). La diferencia es que aquí no se trata de una minoría
aterrorizada por otra sino que le teme a la instauración de la
tiranía de la mayoría, como la llamó John Stuart Mill. Son los
blancos descendientes de holandeses, los afrikaners, en la Suráfrica
posterior al apartheid, donde el Congreso Nacional Africano ganó las
elecciones y Nelson Mandela acaba de llegar a la presidencia.
El Mandela de la película es en
parte “Tata Mandiba”. La primera palabra significa “padre” en lengua
Xhosa y la segunda hace referencia al clan al que pertenece, y por
ende a sus tradición cultural. No es el estadista de la política
internacional el que aparece en Invictus
sino el líder africano. Incluso hace un chiste con eso cuando baila
con una mujer hermosa. Se lamenta de no pertenecer a un pueblo
originario que acepte la poligamia, como ocurre con el actual
presidente de su país, Jacob Zuma. Pero hasta ahí la pincelada
folklórica, que contrapesa un aire de viejo sabio de educación
británica, que toma el té y memoriza poemas victorianos. Más que
conocimiento de su pueblo, y de la cultura occidental y sabiduría
política, el proceder del Mandela del filme parece expresión de
cinismo posmoderno: no puede saberse si realmente cree o no en la
lucha del pueblo, al que llama a arrojar los machetes, los fusiles y
el odio al mar, pero está claro que piensa que la nación necesita
espectáculos con los que pueda creer que se ha liberado y se ha
reconciliado con los antiguos opresores de un día para otro.
Parece cómico el peso que el
personaje atribuye al rugby, siendo presidente de un país que
arrastra espantosos problemas sociales del pasado segregacionista y
afronta la reconstrucción de sus relaciones internacionales, luego
del ostracismo al que le condenó el apartheid. Pero eso no es sino
medida de la conciencia que tiene el personaje de que en el mundo
contemporáneo los espectáculos políticos son más importantes que la
realidad, y que en ese ámbito se decide el éxito o el fracaso de su
proyecto de país arco iris, que intenta ganar la confianza de los
blancos ricos para sacar provecho de ellos en vez de aterrorizarlos
como lo hace Robert Mugabe en Zimbabue. No es tampoco demasiado
diferente de lo que intentan hacer los radicales del ANC en la
película: en medio de la miseria que sigue imperando en Suráfrica,
luego del triunfo electoral de la mayoría negra, piensan en vengarse
simbólicamente de los blancos, humillándolos. Para ellos también es
más eficaz políticamente el espectáculo de la liberación, en vez de
empantanarse en la que parece una tarea casi imposible, a juzgar por
los resultados que se ven en todas partes: construir una nación a la
vez próspera y con igualdad real. En el mundo de Invictus
el poder es la capacidad de
hacer temer o de hacer confiar según convenga, no de cambiar las
cosas.
El
problema con el filme es que se hace partícipe de ese cinismo, en
tanto no es más que una extensión cinematográfica acrítica del
espectáculo deportivo de la reconciliación express. Así como el
rugby da a entender en la cancha que blancos y negros pueden ser
parte del mismo equipo como por arte de magia, aunque las
diferencias sociales sean abismales y nadie haya pagado por los
crímenes que apuntalaron la injusticia, en el filme acaban
codeándose la señora afrikáner y la sirvienta negra, cuando el
equipo nacional se pone adelante en el escore; el guardaespaldas
negro y el guardaespaldas blanco celebran juntos el triunfo, y los
policías blancos de una patrulla también lo festejan junto con un
niño de la calle. Lo que Mandela hizo es para Eastwood lo que había
que hacer, y punto. No puede aspirarse a más. Viva Mandela aunque
los ricos sigan siendo ricos y los pobres, pobres, y denle las
gracias porque el espectáculo que montó haya servido para salvar a
su país del caos y la miseria de Robert Mugabe.
INVICTUS Estados Unidos,
2009
Dirección: Clint Eastwood. Guión: Anthony Peckham basado
en
libro de John Carlin Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game
that Made a Nation. Producción:
Clint Eastwood, Robert Lorenz, Lori McCreary, Mace Neufeld.
Fotografía: Tom Stern. Diseño de producción: James J.
Murakami. Edición: Claire Joel Cox y Gary D. Roach. Música:
Kyle Eastwood y Michael Stevens. Elenco: Morgan Freeman (Nelson
Mandela), Matt Damon (François Pienaar)Duración: 133 minutos.
Formato: Super 35mm. Color, Dolby Digital.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info.ve
Warning: main(http://www.revistavertigo.info.ve/foro/foro1.php?id=invictus3&e=.php) [function.main]: failed to open stream: HTTP request failed! HTTP/1.1 404 Not Found
in /home/vertigo/public_html/foro/invictus3.php on line 367
Warning: main(http://www.revistavertigo.info.ve/foro/foro1.php?id=invictus3&e=.php) [function.main]: failed to open stream: HTTP request failed! HTTP/1.1 404 Not Found
in /home/vertigo/public_html/foro/invictus3.php on line 367
Warning: main() [function.include]: Failed opening 'http://www.revistavertigo.info.ve/foro/foro1.php?id=invictus3&e=.php' for inclusion (include_path='.:/opt/apache/lib/php') in /home/vertigo/public_html/foro/invictus3.php on line 367
|
|
 |  |
|