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Foto: David Hernández Palmar
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Viviendo la medicina visual
 

La historia de la humanidad descansa en la creación material y espiritual de las naciones indígenas. Estas creaciones proveen vida y enseñanzas con tal sinceridad, que trabajar por el reconocimiento de las características que nos han definido como comunidades, como nuestra lengua, costumbres y cosmovisión es fundamental. Como bien es sabido, el cine sobre las culturas indígenas ha sido capitalizado por externos a éstas comunidades y en muchos casos los elementos de identidad de estas culturas han sido comercializados.

En tal sentido las comunidades y pueblos indígenas a través de diversas iniciativas, nos hemos apropiado durante los últimos años del uso de las herramientas audiovisuales como estrategia para visibilización y defensa de nuestros derechos, dejando claro que estamos muy lejos de ser “minoría étnica” y que por contrario a este discurso hegemónico, nosotros los indígenas somos personas que componemos sociedades y naciones con cultura propia que va en contravía de los patrones del consumo desenfrenado. Estas dinámicas se dan dentro de un espacio de reflexión, donde hay conciencia de la necesidad de seguir trabajando en construcción de discursos audiovisuales que interpreten respetuosamente la realidad indígena.

La importancia de estos esfuerzos colectivos es innegable, ya que representa un proceso de identificar, reconocer y trabajar en función de contrarrestar el discurso deformador. Los medios de información siguen siendo instrumentos de penetración y colonización y a esto se le suma la alta concentración de los medios en pocas manos y que imponen la estandarización cultural, la “monoculturalidad”, una sola visión, la que le interesa al poder. Por el contrario, la comunicación indígena, se apuntala como instrumento de cambio de estos formatos. Son lente y voz de los pueblos que se oponen a la destrucción de la biodiversidad y a la desaparición de la cultura de los indígenas.

La producción comunicacional indígena en Venezuela, ha conseguido “empoderarse” de espacios que en otros contextos no es considerable ocuparlos. Pudiendo citar algunos: El Periódico Nünüiki Wayuu (La Voz del Guajiro) editado por Ricardo Semprún, considerado como el primer periódico indígena de Venezuela, fundado en 1972, siendo este escrito exclusivamente en Wayuunaiki (idioma wayuu); la traducción y oficialización del Himno Nacional de Venezuela al Idioma Wayuunaiki (Flor Palmar 2006), Muestra de Cine Indígena de Venezuela (2008); El Diccionario de la Lengua Guajira (Guajiro-Castellano) de Miguel Angel Jusayu; Organización de la I Muestra de Cine Indígena en la Organización Internacional del Trabajo (OIT), entre otros.

Desde luego, aún falta historia por contar y por escribir, ya que estos logros se deben a la constancia de hombres y mujeres quienes tienen tiempo luchando por la auto-representación como indígenas. En tanto el marco político-legal peleado por los indígenas en Venezuela y en otros países, han sido clave para conocer las actividades emprendedoras y de prominencia que estos hermanos y hermanas han tenido desde siempre, para demostrar que lo de la “otredad” y la “unidad dentro de la diversidad”, es un valor ancestral.

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Miguel Ramírez Boscán, Wayuu del Clan Epinayu, activista y vocero dedicado a la comunicación indígena afirma: “El acceso a estos medios aún no es plena y no ha sido fácil, ya que es una transición, dejar de ser los sujetos de los sucesos, donde nos presentaban de manera amarillista y el resultado de eso, son los estereotipos negativos que hay sobre los indígenas que estamos erradicando, por ejemplo: Que si somos violentos, gente sin ley, borrachos, flojos, etc. Pero en la actualidad, debido a la lucha y constancia de hace más de 30 años de nuestros padres, madres, abuelos y abuelas y claro la nuestra propia, hoy en día ocupamos primeras páginas, aparecemos en Tv y Cine, hablamos en la Radio, sobre los trabajos que estamos realizando y compartiendo con todas las personas, nuestras actividades culturales, nuestros esfuerzos, nuestros logros, las superaciones personales. Por eso es que nos urge la construcción de industrias culturales de nuestros propios pueblos, y no es para competir comercialmente con Hollywood, si no para construir otros sentidos de lo que son nuestros ancestros, lo que somos nosotros y lo que aspiramos a ser nosotros y nuestra generación venidera, la apuesta es lograr contrarrestar los chistes malos, las caricaturas que nos hacen a diario y en pantalla grande”.

En el Estado Zulia, hay 5 pueblos indígenas: Japreria, Añú, Barí, Yukpa, Wayuu, siendo estos tres últimos, con territorios que se extienden hasta Colombia, lo que implica que la dinámica que se haga en esas comunidades de alguna manera u otra se vea replicada en Colombia y viceversa. Por lo tanto existe en esta región una diversidad de culturas, lenguas y maneras de concebir la vida, que han sido condicionantes para la gesta de un gran número de realizaciones audiovisuales, tales como Luchamos por la tierra Yukpa de Sabino Romero Ganador del Premio Yabarí 2009 en Venezuela; Luis González y Astrid Arévalo Ayulaa jipü galardonados en el FMTD 2006; La escuela autónoma de Jorge Montiel y Manuel Suárez; Memoria indígena de Gloria Jusayu; Etanpotok ro etomo de Blanca Vanesa Núñez; Kaulayawaa de Elizabeth Pirela; El terminal de pasajeros de Maracaibo de Yanilú Ojeda, que recibió reconocimiento como Mejor Documental en la Quincena del Documental Venezolano 2008; Kataa ou-outa de Patricia Ortega; Wounmainkat de Leiqui Uriana, Miguel Ramírez Boscán, y quien escribe.

De las experiencias significativas del cine indígena de Venezuela en el exterior: En el año 2008, Jepirra, de Leiqui Uriana y Yanilú Ojeda; El hospital, de Uriana, Ojeda y Xavier Larroque; El cartero wayuu, de Alejandra Fonseca, El niño shuá, de Patricia Ortega y Los dueños del agua de Caimi Waiásse, Laura Graham y quien escribe, fueron Selección Oficial de la 18° Edición Festival Presencia Autóctona en Montreal Canadá. De los cinco títulos que representaron a Venezuela ese mismo año, El hospital obtuvo el reconocimiento de Mejor Cinematografía, frente a títulos de Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. De la misma manera Wounmainkat (NuestraTierra), fue el audiovisual que motivó a que por primera vez, se realice en tierras indígenas, la aplicación del taller del Convenio 169 de la OIT, fuera del Alto Comisionado de Naciones Unidas en Ginebra y la Universidad de Deusto.

De los realizadores indígenas cabe destacar dos experiencias muy recientes: Leiqui Uriana, por ser la primera mujer wayuu que en la actualidad estudia cinematografía en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños en Cuba, es productora del Colectivo Creador de la Muestra de Cine Indígena de Venezuela y tiene en su haber más de 34 programas de género documental. Por su parte Elizabeth Pirela, wayuu del clan epiayuu, graduada en letras, hace parte de la Selección Oficial FID Marseille 2010 Festival International du Cinéma Documentaire-Marseille con su cortometraje Majayut y ha hecho una serie de 13 capítulos sobre los Juegos Tradicionales del Pueblo Wayuu.

La necesidad de un espacio intercultural se hace sentir, por cuanto existen realizaciones audiovisuales indigenistas (entendido, como aquellos títulos de contenido indígena y dirigido por una persona no indígena), a quien le toca acercarse, entender y plasmar su “versión de la historia” algunas veces, en el “idioma originario” de ese lugar, de esas personas. Esta tarea se les hace complicada, porque para escribir tendrían que sentir las emociones en esa lengua y ellos sólo las sienten desde la imposibilidad del (“español”) castellano. Pero esta situación no es exclusiva de los realizadores indigenistas, también hay realizadores y realizadoras indígenas quienes son el reflejo de lo que pudieron ser, lo que el proceso colonizador hegemónico y aculturativo les ha quitado y anulado y que por eso están en la reivindicación de su identidad con los aportes de sus trabajos.

En ese contexto, los comunicadores indígenas y quienes nos acompañan, estamos sumergidos en muchísimas dificultades por sobreponernos a los cercos informativos. Mucho se dice del cine zuliano, del cine indígena, pero en el caso de los realizadores y realizadoras indígenas, no todos nos consideramos a nosotros mismos “cineastas”, nos consideramos en este orden: indígenas, voceros y documentalistas. Somos indígenas documentalistas por un tema más semántico, para registrar imágenes no sólo para denunciar, sino también para informar, que se sepa lo que sucede y desde luego que hay el intento de ser imparcial. Pero cada quien se va involucrando y optando por un punto de vista: “desde el pueblo indígena”, habiendo infinidad de títulos que son indicio de lo que ocurre con los pueblos indígenas: informativos, fortalecimiento de la lengua, educativos, reivindicativos, testimoniales, artísticos, entre otros.

Muchos documentalistas indigenistas no están ajenos a la forma y visión en la que trabajan los medios de comunicación, que finalmente actúan por modas y oportunidades económicas y para ellos la situación, por muy progresistas que sean, es sólo un tema. Ciertamente eso es más bueno que malo, ya que mientras más miradas hay sobre el mismo tema, es mejor. La mirada indigenista ha contribuido a que se vean a los indígenas como “peleadores” y “conflictivos”. Pero también es necesario desmitificar desde dónde viene la violencia y eso se muestra en muchos documentales, hay que ir haciendo y mirando otro tipo de documental, otro tipo de cine. Es la única forma de madurar, apenas se está consolidando ese movimiento de cine indígena en el Zulia. No se debe permitir que sólo existan reacciones y que la gente sólo se documente ante los llamados conflictos. Hay miles de cosas más, los aspectos desconocidos de lo que han llamado cine indígena y los aspectos culturales no están divorciadas, son un todo.

La mencionada Muestra de Cine Indígena de Venezuela de 2008 fue consolidada como una retrospectiva en la que se pudo ver cómo ha sido plasmada la diversidad de la identidad cultural de los pueblos indígenas del país. Yanilú Ojeda que forma parte del Colectivo Creador de ésta expresa: “Esta muestra es el espacio en el cual la audiencia, tiene la oportunidad de ver trabajos indígenas realizados por sus propios actores, es decir trabajos audiovisuales hechos por indígenas desde su propia visión, con expresiones diferentes, indígenas que cuentan sus propias historias para no seguir siendo observados por el ojo clínico de un académico. De igual manera el muestrario de títulos recoge el esfuerzo de diferentes directores con sentido crítico, para dar una panorámica general del cine indígena en Venezuela”.

Los indígenas en Venezuela, recién comenzamos a hacer registros audiovisuales de los reflejos de nuestras caras en las aguas de los ríos, en los mares y no en los espejos, muchos de ellos rotos, donde no vemos a los demás, señalando así en este marco, la importancia de tomar en cuenta nuestras características culturales y las necesidades particulares de autodesarrollo en la creación de políticas y proyectos de comunicación que conciernen a las naciones indígenas; con la plena participación de los pueblos indígenas en cada toma de decisión. Es necesario hacer el cumplimiento de diferentes acuerdos e instrumentos internacionales en los que hemos logrado incidir con mucho esfuerzo, como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, la Convención sobre la Diversidad Cultural de la Unesco, el Plan de Acción de Ginebra relacionado a los Pueblos Indígenas y su participación, así como la aplicación del párrafo 22 de los Compromisos de Túnez de prestar atención especial a la situación particular de nuestros pueblos y la conservación de nuestro patrimonio y legado cultural; entre otros.

Repensamos, producimos y difundimos nuestras realidades y apuestas como comunidades y pueblos indígenas, sin descuidar los medios propios y ancestrales, a través del cine, video, frutos radiales, portales web, periódicos, revistas y otros medios que posibilitan mostrarnos desde nuestro sentir como sujetos que aportamos en el tejido social de cada país, con una apuesta de unidad en la diversidad, desde América, con trascendencia mundial.

David Hernández Palmar, Wayuu IIPUANA

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