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crítica
Pasiones sin fondo
Pasiones peligrosas
(Se, jie, 2007)
es la película de una actriz, Tang Wei, y de personajes que interpretan
a otros personajes en una ficción de actores. La protagonista es una
bella y joven mujer que no es nadie, y que llega a convertirse en actriz
y en guerrillera por azar. A ella le toca interpretar el papel más
importante de su vida en el lecho del jefe de la policía
colaboracionista, que persigue, tortura y asesina a los combatientes de
la resistencia china contra la ocupación japonesa, en la Segunda Guerra
Mundial. En un punto del desarrollo de la historia se introduce una
ruptura en lo que al principio parece ser una trillada historia de amor
y espionaje, y en la narración clásica que le es correlativa, con su
clara explicación de todo lo que sucede. Ocurre cuando irrumpen las
poderosas escenas de sexo con el enemigo. En ellas Tang se luce al hacer
borrosas las distinciones entre el personaje real que es en la ficción,
el que debe interpretar allí por razones políticas y la amante entregada
que también podría ser, incluido el disfrute perverso de hacer el amor
con alguien a quien odia.
La
confusión comienza a estar en el ambiente desde la primera vez que la
protagonista, Wong Chia-chi (Tang), incursiona en el teatro, en la
compañía estudiantil de Kuang Yu-min (Wang Lee-hom). Ella, que nunca
había actuado y que acepta hacer el papel que le ofrecen sin saber muy
bien por qué, se convierte con su interpretación en el pilar para que la
pieza logre cumplir su cometido político: despertar los sentimientos
nacionalistas en el público. Después, cuando comienza la operación de
simulacro de la célula guerrillera para eliminar al jefe de la policía,
Wong resulta ser una intérprete mucho mejor que lo esperado del
personaje de la señora Mak Tai-tai. Rápidamente se gana la confianza de
Yee Tai-tal (Joan Chen), la esposa del señor Yee (Tony Leung), que es el
objetivo.
Se
supone que lo que el espectador ha de presenciar en los encuentros
íntimos entre Wong y Yee es otro teatro. La actuación de ambos en el
lecho se desarrolla, además, como una puesta en escena artificiosa de
las relaciones sexuales, a través de la ejecución de complicadas
posturas. Dentro del teatro que es la escena, por el personaje de Mak
Tai-tai que asume Wong, puede hallarse así otra forma diferente de
interpretar papeles: la que pone de manifiesto el dominio de lo que a
cada quien le toca hacer según una técnica sexual. En esos ejercicios el
otro puede convertirse en un instrumento para obtener placer, además de
alcanzar un objetivo político, sin que ello conduzca a que surja el
deseo más profundo de fundirse con la pareja, abandonando los papeles
que se interpretan en la cama por una u otra razón, contra el cual
advierte el título: Pasiones peligrosas. Sin embargo, abundan en
estas secuencias los primeros planos en los que la actuación da a
entender que sucede lo contrario: los rostros parecen perder sus
máscaras en el éxtasis; los cuerpos se entrelazan y se aprietan
angustiosamente uno contra el otro a la búsqueda de la fusión.
Finalmente, la violencia del primer encuentro entre ambos, en el que Yee
ensaya con la mujer un juego de dominación y un comentario que hace Wong
más adelante, según el cual desearía que mataran al policía cuando le
hace el amor, y ser cubierta por su sangre, le da todavía más
profundidad a la relación entre ambos, en tanto es indicio de placeres
macabros compartidos, de un tipo de excitación que sólo es posible en
una situación como esa, al margen de los diversos intereses que la
rodean.
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Pasiones peligrosas
llega a parecer una obra
maestra mientras todas estas confusiones se mantienen en el aire,
dándole una mayor complejidad en el problema tan simple que expresa el
título. Muestra cómo pueden borrarse las fronteras entre lo que es
fingimiento y lo que no lo es, y abre las puertas a formas de simulación
que mantienen entre sí vínculos oscuros. Y aun hay otra sombra de duda
que arroja la cinta sobre certezas como la de la frase “pasiones
peligrosas”. Se trata de la incertidumbre que siembra en torno a la
política, que también tiene mucho de teatral en el filme, por la
impostura. En el seno de la célula de estudiantes que hacen teatro a la
que ingresa Wong no puede saberse si los gestos con los que Kuang
expresa su compromiso, y con los cuales contagia su entusiasmo
nacionalista a los demás, son expresiones sinceras o una continuación
del teatro fuera del teatro.
Pero
si todo dentro de la célula es también simulación, cabría preguntarse
cuál es su fin, puesto que no es tan claro como el del papel que asume
la protagonista. Quizás podría ser, en el caso de Kuang, seducir a
chicas como Wong Chia-chi. Sin embargo, lo que realmente ocurre es que
el teatro se convierte para él en un obstáculo que le impide mostrar sus
sentimientos a la joven y comprometerse con ellos. Su pose de militante
acaba por convertirlo en un combatiente completamente entregado a la
causa, sin lugar en su vida para otra pasión. En el caso de Wong, da la
impresión que es al revés, pero es lo mismo. Haberse convertido por azar
en una persona que asume papeles de otro, tanto en la escena como en la
política, es lo que parece conducirla hacia los verdaderos sentimientos.
Pero incluso estos se confunden con los diversos papeles que asume en el
lecho, hasta el punto de que siempre está en el aire la pregunta de si
esos deseos, esas pasiones peligrosas nacen naturalmente en ella o de
los personaje que comienza a interpretar a conciencia o sin saberlo, al
igual que Kuang; si surgen de su corazón o son un subproducto de la
simulación del deseo de Yee, o brotan de las técnicas de goce ensayadas
en el lecho o incluso nacen de la imaginación del policía como un ser
odioso y brutal –de lo cual la única evidencia es la que tiene en el
lecho–, que corresponde con el papel que le ha tocado por azar en ese
pequeño teatro que es el grupo de estudiantes que hacen teatro. Aunque
en determinados momentos recurran a la simulación para alcanzar un fin,
ambos personajes terminan siendo “actuados” por las impostaciones en las
que incurren, con o sin conciencia de ello, y ellas terminan de definir
lo que cada quien es. El simulacro forma la realidad de cada uno.
PASIONES PELIGROSAS
Se, jie,
Estados Unidos-China-Taiwán-Hong Kong, 2007
Dirección:
Ang Lee.
Guión:
James Schamus, Wang Hui-ling, basado en la novella homónima de Eileen
Chang. Producción: William Kong, Ang Lee. Diseño de producción
y de vestuario: Pan Lai. Fotografía: Rodrigo Prieto.
Montaje: Tim Squyres.
Sonido:
Eugene Gearty, Drew Kunin, Philip Stockton. Música: Alexandre
Desplat. Elenco: Tang Wei (Wong Chia-chi, Mak Tai-tai), Tony
Leung (señor Yee), Joan Chen (Yee Tai-tai), Wang Lee-hom (Kuan Yu-min).
Duración:
157 minutos. Formato: 35 mm con intermedio digital, 1,85:1,
color, Dolby Digital, DTS.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info
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