02/09
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crítica

Sleep Dealer
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De braceros y maquilas en un mundo cyber 

Sleep Dealer. Alex Rivera, EE.UU.-México, 2009

Debo decir, que profeso un gran afecto hacia esta película. Fui jurado del Festival Internacional de Cine de Brasilia 2008, donde se coronó con el gran premio, y no fueron pocos mis esfuerzos para que eso se diera. Así que esta crítica se concentrará en hacer explícitos los argumentos que en noviembre pasado esgrimí en la mítica ciudad de Niemeyer, para que ella se alzara con el galardón. Ahora los expongo públicamente. 

Sleep Dealer, ópera prima de Rivera, aborda de manera inteligente y con una propuesta visual muy interesante, dos problemas actuales que afectan al mundo entero y en especial a los países latinoamericanos, con énfasis en México, donde se desarrolla la historia. Por un lado tenemos el control, por parte de un gobierno totalitario y completamente tecnologizado, del recurso natural más importante y que está bien documentado que será la causa de las futuras guerras: el agua. En un pequeño poblado del norte de México, el agua que era la fuente de vida de sus moradores, ahora escasea, ya que los Estados Unidos han construido una represa que seca los campos, y obliga a los campesinos a comprar el preciado líquido. 

Trailer de Sleep Dealer
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En este contexto se encuentran Memo (Luis Fernando Peña, un reconocido actor de novelas mexicanas) y su familia, quienes forman parte de los afectados. Ante esta situación, Memo decide llegar hasta la frontera para buscar un trabajo que le permita enviar remesas a su casa. Acá nuestro protagonista cruza un peligroso umbral, para internarse en un mundo desconocido para él: el de los cybraceros. Y esto nos entrompa con la segunda línea temática del filme: el del trabajo de maquilas cibernéticas que ahorran dinero y problemas al estado más poderoso. 

En palabras de Alex Rivera a propósito de uno de sus cortometrajes anteriores, Why Cybraceros? (EE. UU., 1997): “De acuerdo con el programa Cybracero, el trabajo agrícola norteamericano será realizado en suelo norteamericano, pero los trabajadores mexicanos no necesitarán salir de México. Sólo el trabajo de los mexicanos cruzará las fronteras, los mexicanos ya no necesitarán hacerlo... Empleando conexiones de alta velocidad por Internet, directamente con México, las granjas norteamericanas y los trabajadores mexicanos estarán directamente conectados. Estos trabajadores podrán luego controlar de manera remota a los trabajadores agrícolas robóticos, conocidos como Cybraceros, desde sus pueblos en México…Desde México, un trabajador mexicano observa la señal en vivo por Internet y, a través de las teclas de la computadora, decide cuáles frutos están maduros, qué ramas se deben podar, y qué arbustos se deben regar. Para el trabajador es tan simple como apuntar y hacer clic. Para la industria agrícola norteamericana es trabajo sin obrero. Pensamos que este programa satisfará por igual todas las demandas de los granjeros, trabajadores, almaceneros y ciudadanos promedio norteamericanos. En español, Cybracero significa un trabajador que opera una computadora con sus brazos y sus manos. Pero en la jerga norteamericana, Cybracero significa un trabajador que no presenta ninguna amenaza de convertirse en ciudadano.” (Tomado de www.alexrivera.com).

Así, Memo llega a la fronteriza ciudad de Tijuana y comienza a buscar cómo conectarse a ese hasta ahora, extraño mundo. El primer paso que necesita es implantarse los “nodos”, puertos electrónicos en la piel, que bien nos recuerdan a The Matrix. Para ello va a contar con la ayuda de Luz (Leonor Varela), una extraña chica a quien conoce en el viaje y que está encantada con este inocente joven, a quien decide convertirlo en el protagonista de sus novelas virtuales. Sin el conocimiento de éste, claro.  

Entrevista a Alex Rivera en la Berlinale
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Memo logra un puesto de trabajo en la maquila, y está encargado de colocar tuercas en un gran edificio del moderno oeste estadounidense. Pero como ha sido explicado antes, jamás pondrá un pie en dicha ciudad. La jornada es explotadora. Doce horas o más de trabajo, y de noche. Los cerebros de algunos de sus compañeros no soportan la presión y colapsan. De ahí el nombre de “sleep dealer”, te roban los sueños, te roban la vida.  

Mientras, surge el clásico romance entre Memo y Luz; que se verá resquebrajado cuándo él descubra que ella ha estado escribiendo sobre él, y lo ha hecho público obteniendo ganancias. Su confianza se ha visto traicionada; y ahora ella deberá rescatarla. Porque Luz se ha enamorado también. 

Memo envía dinero a casa, pero tiene en mente un plan mayor. Por otro lado, y sin mayor conexión, Rudy (Jacob Vargas), un clásico militar aviador que ha estado leyendo la vida de Memo, siente un llamado de conciencia. Y sin más, abandona su puesto y decide cruzar el férreo límite que separa a los pobres de los ricos, y conocer al protagonista de la historia. 

Ya Memo está claro en lo que quiere, y que ha sido profetizado con una toma en los inicios del filme, cuando de pie frente a la represa junto a su padre; lanza una piedra contra el muro que les retiene su fuente de vida.  Memo, Luz y ahora Rudy, se unen para destruir la represa. Los dos primeros se internan en la maquila y gracias a la conexión, pueden tener acceso remoto a la represa. Rudy también se conecta y al mando del avión que pilotea, se llega hasta los predios. El plan se acciona y vemos una apoteosis final, casi religiosa, del agua inundando la secas praderas.  No sabemos que ocurrirá después. El poder suele reacomodarse rápidamente. Pero por un día, vemos de nuevo al río de la vida.  

Así planteado, Sleep Dealer utiliza los clásicos efectos (y no sólo visuales) de la ciencia ficción, para plantearnos un argumento contemporáneo y una serie de problemas, políticos y éticos, que trae consigo el progreso de la ciencia. Y también para poner el dedo en la llaga del Imperio, desde sus propios cimientos.

Patricia Kaiser
patriciakaiser@gmail.com

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