06/09
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crítica

Terminator: Salvation
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De la persecución
a la guerra


A pesar de sus defectos, Terminator: Salvation (2009) refunda la serie iniciada por James Cameron en 1984 con The Terminator. La película que acaba de estrenarse, al igual que la primera, es un filme en el que los problemas apenas están esbozados y predomina abrumadoramente la acción. Sin embargo, hay un nuevo concepto. La representación inicial del cyborg era como una máquina de aspecto humano, programada para la consecución de un objetivo y que no se detiene hasta alcanzarlo o ser destruida –“El Terminator está afuera. No puedes negociarse con él, no puede razonarse con él. No siente piedad, ni remordimiento ni miedo, y no va a detenerse en lo absoluto, nunca, hasta que estés muerta”, le dice Kyle Reese a Sarah Connor en ese filme–. En cambio, ahora se entra en el terreno transitado antes por los replicantes de Blade Runner (1984): el cyborg es una criatura mitad humana mitad máquina, que incluso puede desconocer su verdadera identidad y, aunque fue creada con un fin, puede rebelarse contra él y escoger su destino. El correlato de ello es un cambio en el tipo de historia. Ya no se trata de personajes que son perseguidos implacablemente por una criatura, que deben huir, defenderse o morir sin otra alternativa, y a los que todos consideran como paranoicos por lo que cuentan al respecto, sino de una guerra en la que hay quienes creen que no deben elegir entre un bando y el otro, mientras que hacerlo significa para otros, como para el cyborg, definir su identidad: ser persona y no robot. 

Lo humano en los organismos cibernéticos, que es uno de los principales problemas tratados en el filme, constituye una diversidad de aspectos de profundidad creciente. Lo más superficial es su identificación con el corazón, lo cual sólo replica el lugar común de Hollywood del triunfo de los “instintos” o algún tipo misterioso de intuición sobre la razón –la “fuerza” en La guerra de las galaxias, por ejemplo–. Le sigue en profundidad humana la memoria, como ocurre con las criaturas de Blade Runner. El cyborg Marcus Wright (Sam Worthington) sabe que en el pasado fue un criminal condenado a muerte, resucitado por medio de la tecnología de Cyberdyne Systems, y sus recuerdos son ciertos, a diferencia de los de los replicantes. Por eso, cuando descubre que es también una máquina rechaza que se le identifique como tal. 

Si es más ingenua Terminator: Salvation que la cinta de Ridley Scott al descartar la posibilidad de que el pasado recordado que sustenta la elección de la identidad del cyborg sea falso, la película de McG considera dos dimensiones de lo humano que no están presentes en ese otro filme. En primer lugar, la capacidad de sacrificar la vida por una causa que la trasciende –algo de lo que son incapaces los terminators, cuya programación les impide autodestruirse, aunque en esa dirección conduzca al cyborg su humanización progresiva por el contacto con las personas en Terminator: Judgment Day (1991)–. En segundo término, la posibilidad de redimirse a través del sacrificio. 

Trailer de Terminator: Salvation
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Marcus Wright fue un asesino, ejecutado el crimen que cometió, y la decisión de entregar su cuerpo al experimento que le devuelve la vida como cyborg está acompañada de una voluntad de hacer el bien, que incluso le lleva a actuar en contra del plan que trazaron para él los que lo resucitaron. Hay un trasfondo cristiano en la redención por el sacrificio, pero lo que importa realmente es que ninguna máquina o podría hacer jamás una cosa parecida, a pesar de que Skynet, la red que las controla tiene conciencia de sí como las personas. Las máquinas sin incapaces de reprogramarse de esa manera para darle un sentido trascendente a su existencia. 

El otro gran tema de la serie Terminator es la historia. Los viajes al pasado ponen de relieve una paradoja: los acontecimientos tienen una lógica tan mecánica como el funcionamiento de las máquinas –la concepción de la historia en los filmes es como una máquina del tiempo en ese sentido– pero es gracias a la concatenación rígida de los hechos que puede ser cambiada la historia. En las películas de Terminator la alternación de un hecho detiene una serie de acontecimientos que se sabe que han de ocurrir necesariamente si el cambio no se produjera, porque se conoce el futuro. Pero a la vez genera otra cadena de acontecimientos, que también puede conocerse y cambiarse. En otras palabras, los hombres y las máquinas pueden influir en el mecanismo que hace que sucedan las cosas, y alterar en cierta medida su curso a conciencia, pero son incapaces de controlarlo más allá de eso a pesar de lo que saben.

Es por esa razón que vale la pena continuar librando la guerra contra las máquinas y es necesario también que haya un personaje como John Connor, que mantenga en pie una esperanza que se basa en el hecho de que el futuro está determinado pero no decidido por la máquina de la historia. Y eso marca otra diferencia entre los humanos y las máquinas: cualquier persona consciente de la historia puede actuar para alterar en cierta medida el rumbo de las cosas, lo que también puede hacer Skynet, la red que controla a todas las máquinas. Pero cada ser humano, que considerado individualmente, es infinitamente menos poderoso que Skynet, está a la par de la red en ese sentido. Por la misma razón, finalmente, ningún ser humano en particular puede ejercer control del destino de la humanidad, salvo por libre consentimiento de quienes se le sometan. 

Lo anterior conduce a otro problema que continúa planteado en Terminator: Salvation en los mismos términos que en las películas anteriores: el de la progresiva mecanización, y por ende deshumanización, de quienes se forjan como personas en la lucha contra las máquinas. Eso empieza con la capacidad de soportar dolor físico y el desconocimiento del amor por parte de Reese en la primera película, y continúa en la transformación de Sarah Connor de mesera con mal de amores del primer filme en una soldado con una misión: proteger la vida de su hijo, John Connor, no por instintos maternales sino porque sabe que va a convertirse en el líder inspirador de la lucha de la humanidad contra las máquinas. Eso es contrario, además, al proceso de humanización del cyborg por la convivencia con el niño, como se dijo antes. En Terminator: Salvation hay un conflicto entre John Connor, que constituye el líder espiritual y político de la resistencia, y los militares que conducen la lucha, que han impuesto relaciones de obediencia y proceden con mecánico apego a las estrategias que trazan sin considerar las pérdidas humanas, lo que les hace semejantes a las máquinas, que toman gente prisionera para usarla como escudo de su principal base de operaciones. Eso pone de relieve que lo propiamente humano en el mundo de las películas de la serie es la autoridad política que ejerce Connor como líder espiritual, no el comando militar. Por el contrario, militarizarse significa perder la humanidad y convertirse en máquina.

Lo lamentable en Terminator: Salvation, al igual que en las tres cintas anteriores, es que haya un predominio tan abrumador de la acción, que en este caso incluye las inefables persecuciones con camiones y motos además de la guerra. En la cuarta entrega, si bien se prescinde de autocitas molestas como las de las frases de Terminator: Judgment Day en Terminator: Rise of the Machines (2003), se abusa en cambio del “homenaje” a las cintas sobre la guerra de Vietnam, en particular de Apocalypse Now (1979). Incluso se inserta un trailer disimulado de Transformers: Revenge of the Fallen, a pesar de que es una cinta de otras casas productoras, lo que hace sospechar de oscuros acuerdos. 

En un largometraje cyberpunk japonés de animación, como los de la serie Ghost in the Shell, por ejemplo, que también trata de los cyborgs, los problemas de la relación hombre-máquina y la historia hubiesen tenido probablemente un tratamiento mucho más amplio, profundo y complicado hasta lo incomprensible. Pero Hollywood no aprende de las películas que hace, y supone equivocadamente que con la fórmula de la acción, reforzada con el tópico de las referencias que mantienen viva la expectativa por los productos que vendrán y la vigencia de su catálogo en el mercado, puede vencer la resistencia de los que aspiran a hacer y a ver las películas de otra manera. La maquinaria de los estudios, afortunadamente, tampoco puede controlar la historia del cine.

TERMINATOR: SALVATION
Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, 2009 

Dirección: McG. Guión: John D. Brancato, Michael Ferris. Producción: Derek Anderson, Moritz Borman, Victor Kubicek, Jeffey Silver. Diseño de producción: Martin Laing. Supervisión de efectos especiales: Charles Gibson. Fotografía: Shane Hurlbult. Montaje: Conrad Buff. Música: Danny Elfman. Elenco: Christian Bale (John Connor), Sam Worthington (Marcus Wright), Moon Bloodgood (Blair Williams), Helena Bonham Carter (Serena Kogan), Anton Yelchin (Kyle Reese), Jadagrace (Star Child), Bryce Dallas Howard (Kate Connor). Duración: 115 minutos. Formato: 35 mm, 2,35:1, color, SDDS, Dolby Digital, DTS.

Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info

Comentarios
Total publicados: 3



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