 |
crítica
 |
|
De la persecución a la guerra
A
pesar de sus defectos, Terminator: Salvation (2009) refunda la
serie iniciada por James Cameron en 1984 con The Terminator. La
película que acaba de estrenarse, al igual que la primera, es un filme
en el que los problemas apenas están esbozados y predomina
abrumadoramente la acción. Sin embargo, hay un nuevo concepto. La
representación inicial del cyborg era como una máquina de aspecto
humano, programada para la consecución de un objetivo y que no se
detiene hasta alcanzarlo o ser destruida –“El Terminator está afuera. No
puedes negociarse con él, no puede razonarse con él. No siente piedad,
ni remordimiento ni miedo, y no va a detenerse en lo absoluto, nunca,
hasta que estés muerta”, le dice Kyle Reese a Sarah Connor en ese
filme–. En cambio, ahora se entra en el terreno transitado antes por los
replicantes de Blade Runner (1984): el cyborg es una criatura
mitad humana mitad máquina, que incluso puede desconocer su verdadera
identidad y, aunque fue creada con un fin, puede rebelarse contra él y
escoger su destino. El correlato de ello es un cambio en el tipo de
historia. Ya no se trata de personajes que son perseguidos
implacablemente por una criatura, que deben huir, defenderse o morir sin
otra alternativa, y a los que todos consideran como paranoicos por lo
que cuentan al respecto, sino de una guerra en la que hay quienes creen
que no deben elegir entre un bando y el otro, mientras que hacerlo
significa para otros, como para el cyborg, definir su identidad: ser
persona y no robot.
Lo
humano en los organismos cibernéticos, que es uno de los principales
problemas tratados en el filme, constituye una diversidad de aspectos de
profundidad creciente. Lo más superficial es su identificación con el
corazón, lo cual sólo replica el lugar común de Hollywood del triunfo de
los “instintos” o algún tipo misterioso de intuición sobre la razón –la
“fuerza” en La guerra de las galaxias, por ejemplo–. Le sigue en
profundidad humana la memoria, como ocurre con las criaturas de Blade
Runner. El cyborg Marcus Wright (Sam Worthington) sabe que en el
pasado fue un criminal condenado a muerte, resucitado por medio de la
tecnología de Cyberdyne Systems, y sus recuerdos son ciertos, a
diferencia de los de los replicantes. Por eso, cuando descubre que es
también una máquina rechaza que se le identifique como tal.
Si es
más ingenua Terminator: Salvation que la cinta de Ridley Scott al
descartar la posibilidad de que el pasado recordado que sustenta la
elección de la identidad del cyborg sea falso, la película de McG
considera dos dimensiones de lo humano que no están presentes en ese
otro filme. En primer lugar, la capacidad de sacrificar la vida por una
causa que la trasciende –algo de lo que son incapaces los terminators,
cuya programación les impide autodestruirse, aunque en esa dirección
conduzca al cyborg su humanización progresiva por el contacto con las
personas en Terminator: Judgment Day (1991)–. En segundo término,
la posibilidad de redimirse a través del sacrificio.
 |
|
 |
| Trailer de
Terminator: Salvation |
 |
|
 |
|
|
|
Marcus Wright fue un asesino, ejecutado el crimen que cometió, y la
decisión de entregar su cuerpo al experimento que le devuelve la vida
como cyborg está acompañada de una voluntad de hacer el bien, que
incluso le lleva a actuar en contra del plan que trazaron para él los
que lo resucitaron. Hay un trasfondo cristiano en la redención por el
sacrificio, pero lo que importa realmente es que ninguna máquina o
podría hacer jamás una cosa parecida, a pesar de que Skynet, la red que
las controla tiene conciencia de sí como las personas. Las máquinas sin
incapaces de reprogramarse de esa manera para darle un sentido
trascendente a su existencia.
El
otro gran tema de la serie Terminator es la historia. Los viajes
al pasado ponen de relieve una paradoja: los acontecimientos tienen una
lógica tan mecánica como el funcionamiento de las máquinas –la
concepción de la historia en los filmes es como una máquina del tiempo
en ese sentido– pero es gracias a la concatenación rígida de los
hechos que puede ser cambiada la historia. En las películas de
Terminator la alternación de un hecho detiene una serie de
acontecimientos que se sabe que han de ocurrir necesariamente si el
cambio no se produjera, porque se conoce el futuro. Pero a la vez genera
otra cadena de acontecimientos, que también puede conocerse y cambiarse.
En otras palabras, los hombres y las máquinas pueden influir en el
mecanismo que hace que sucedan las cosas, y alterar en cierta medida su
curso a conciencia, pero son incapaces de
controlarlo más allá de eso a pesar de lo que saben.
Es
por esa razón que vale la pena continuar librando la guerra contra las
máquinas y es necesario también que haya un personaje como John Connor,
que mantenga en pie una esperanza que se basa en el hecho de que el
futuro está determinado pero no decidido por la máquina de la historia.
Y eso marca otra diferencia entre los humanos y las máquinas: cualquier
persona consciente de la historia puede actuar para alterar en cierta
medida el rumbo de las cosas, lo que también puede hacer Skynet, la red
que controla a todas las máquinas. Pero cada ser humano, que considerado
individualmente, es infinitamente menos poderoso que Skynet, está a la
par de la red en ese sentido. Por la misma razón, finalmente, ningún ser
humano en particular puede ejercer control del destino de la humanidad,
salvo por libre consentimiento de quienes se le sometan.
Lo
anterior conduce a otro problema que continúa planteado en
Terminator: Salvation en los mismos términos que en las películas
anteriores: el de la progresiva mecanización, y por ende
deshumanización, de quienes se forjan como personas en la lucha contra
las máquinas. Eso empieza con la capacidad de soportar dolor físico y el
desconocimiento del amor por parte de Reese en la primera película, y
continúa en la transformación de Sarah Connor de mesera con mal de
amores del primer filme en una soldado con una misión: proteger la vida
de su hijo, John Connor, no por instintos maternales sino porque sabe
que va a convertirse en el líder inspirador de la lucha de la humanidad
contra las máquinas. Eso es contrario, además, al proceso de
humanización del cyborg por la convivencia con el niño, como se dijo
antes. En Terminator: Salvation hay un conflicto entre John
Connor, que constituye el líder espiritual y político de la resistencia,
y los militares que conducen la lucha, que han impuesto relaciones de
obediencia y proceden con mecánico apego a las estrategias que trazan
sin considerar las pérdidas humanas, lo que les hace semejantes a las
máquinas, que toman gente prisionera para usarla como escudo de su
principal base de operaciones. Eso pone de relieve que lo propiamente
humano en el mundo de las películas de la serie es la autoridad política
que ejerce Connor como líder espiritual, no el comando militar. Por el
contrario, militarizarse significa perder la humanidad y convertirse en
máquina.
Lo
lamentable en Terminator: Salvation, al igual que en las tres
cintas anteriores, es que haya un predominio tan abrumador de la acción,
que en este caso incluye las inefables persecuciones con camiones y
motos además de la guerra. En la cuarta entrega, si bien se prescinde de
autocitas molestas como las de las frases de Terminator: Judgment Day
en Terminator: Rise of the Machines (2003), se abusa en
cambio del “homenaje” a las cintas sobre la guerra de Vietnam, en
particular de Apocalypse Now (1979). Incluso se inserta un
trailer disimulado de Transformers: Revenge of the Fallen, a
pesar de que es una cinta de otras casas productoras, lo que hace
sospechar de oscuros acuerdos.
En un
largometraje cyberpunk japonés de animación, como los de la serie
Ghost in the Shell, por ejemplo, que también trata de los cyborgs,
los problemas de la relación hombre-máquina y la historia hubiesen
tenido probablemente un tratamiento mucho más amplio, profundo y
complicado hasta lo incomprensible. Pero Hollywood no aprende de las
películas que hace, y supone equivocadamente que con la fórmula de la
acción, reforzada con el tópico de las referencias que mantienen viva la
expectativa por los productos que vendrán y la vigencia de su catálogo
en el mercado, puede vencer la resistencia de los que aspiran a hacer y
a ver las películas de otra manera. La maquinaria de los estudios,
afortunadamente, tampoco puede controlar la historia del cine.
TERMINATOR: SALVATION
Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, 2009
Dirección:
McG.
Guión:
John D. Brancato, Michael Ferris.
Producción:
Derek Anderson, Moritz Borman, Victor Kubicek, Jeffey Silver. Diseño
de producción: Martin Laing. Supervisión de efectos especiales:
Charles Gibson. Fotografía: Shane Hurlbult. Montaje:
Conrad Buff. Música: Danny Elfman.
Elenco:
Christian Bale (John Connor), Sam Worthington (Marcus Wright), Moon
Bloodgood (Blair Williams), Helena Bonham Carter (Serena Kogan), Anton
Yelchin (Kyle Reese), Jadagrace (Star Child), Bryce Dallas Howard (Kate
Connor). Duración: 115 minutos. Formato: 35 mm, 2,35:1,
color, SDDS, Dolby Digital, DTS.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info
| La revista Vértigo es un lugar para expresarse e intercambiar ideas en libertad. No debe usarse para ofender a los demás ni para distraer la atención del tema de debate con opiniones y comentarios fuera de lugar. El editor intervendrá, si es necesario, para hacer que estas normas sean respetadas por todos. |
|
|