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videopatías
Lucille Ball en la oscuridad
The
Dark Corner
(1946), dirigida por Henry Hathaway, tiene como principal atractivo la
participación de Lucille Ball en una historia que contrasta con la sit
com que la hizo famosa, I Love Lucy, se transmitió por televisión en
Estados Unidos desde 1951 hasta 1957. El personaje que interpreta en el
filme la simpática e inofensiva esposa típica de la TV, que en la vida
real combatía la xenofobia de la que era víctima su marido y coestrella,
el músico cubano Desi Arnaz, y que fue investigada por el Comité de
Actividades Antiestadounidenses porque votó en 1936 por el Partido
Comunista, se enreda con un ex presidiario devenido detective
alcohólico. El investigador privado se ve inmerso en una trama donde
algunos detalles de las cosas que ocurren le hacen presentir que le
están tendiendo poco a poco una trampa, lo cual no es sólo paranoia sino
realidad, puesto que terminan acusándolo de un crimen que no cometió, lo
cual es un lugar común del género. Ball encarna una típica secretaria de
film noir, mano derecha y verdadero amor de su jefe, un personaje
al que hace sobresalir por su ternura maternal y sacando partido de la
poca de profundidad que tiene: es hija de un umpire de las grandes
ligas, a lo que corresponde un doble amor por el béisbol y por las
reglas, por actuar correcta y deportivamente.
Si
bien The Dark Corner no es un clásico del cine negro –no está,
por ejemplo, entre los filmes citados en el texto de cabecera sobre el
género en español, el de Carlos Heredero y Antonio Santamarina– tiene
otras dos fortalezas. La primera es que propiamente no hay una femme
fatale, sino un atractivo contraste entre dos mujeres de diferente
belleza: la refinada Mari Cathcart (Cathy Downs), de facciones
gélidamente perfectas que atraen a su marido, el millonario galerista
Hardy Cathcart, por su parecido con una pintura, y Kathleeen, la
secretaria que termina enamorada del detective, cuya calidez se siente
en la mirada de sus grandes ojos y en sus abrazos, y que a la vez
manifiesta cierta ordinariez al vestir, propia de quien no tiene mucha
idea de lo que puede ser la elegancia que compran los ricos. Mari es una
pieza de colección para hombres acaudalados, o quienes quieren
estafarlos, mientras que Kathleen es una self made woman, capaz
de hacer su trabajo con precisión profesional y de ponerle límites al
detective, tanto como jefe como en plan de enamorado.
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El
otro detalle sobresaliente, que es más importante, es el contraste entre
la belleza del arte del que viven los Cathcart y la estética de film
noir de la película. Además de incluir los detalles de rigor, como
el desarrollo de la acción casi totalmente de noche, las sombras que
hace la luz al penetrar por ventanas con persianas y el detalle
expresionista de una niña andrajosa, que cada vez que aparece toca un
molesto pito, hay en la fotografía un alto contraste de luces y sombras,
y un uso de las siluetas de los personajes que pasan del otro lado de
vidrios esmerilados que terminan de darle al filme un aire de cómic. Lo
atractivo, desde la perspectiva actual, es que es el resultado de
procedimientos que no tienen nada que ver con los efectos especiales ni
con la combinación de actuación y animación, como se ha hecho en los
últimos años. Pero es claramente una evocación de las historietas, que
incluye la forma de pelear del protagonista y una acrobacia que hace
para evitar que le atropellen.
Al
final de la película, dos policías contemplan detenidamente una
escultura clásica en la galería de Chathcart y uno de ellos se pregunta:
“¿Quién pagaría por esto?” The Dark Corner es para ellos: una
pieza de arte dirigida a aquellos que no son capaces de hacerse la idea
de que alguien pueda pagar millones de dólares por una pintura o una
estatua firmadas.
La
película está disponible para la compra por Internet en sitios de
Venezuela. Cuesta 45 bolívares, a los que hay que sumar el IVA y los
gastos de envío.
THE DARK CORNER
Estados Unidos, 1946
Dirección:
Henry Hathaway. Guión: Jay Dratler, Bernard Schoenfeld.
Producción:
Fred Kohlmar. Fotografía: Joseph McDonald.
Montaje:
J. Watson Webb. Sonido: W. D. Flick, Harry M. Leonard. Música:
Cyril Mockridge. Elenco: Lucille Ball (Kathleen), Clifton Webb
(Hardy Cathcart), William Bendix (Staufer), Mark Stevens (Bradford
Galt), Kurt Kreuger (Anthony Jardine), Cathy Downs (Mari Cathcart).
Duración: 99 minutos. Formato: 35 mm, 1,37:1, blanco y negro,
mono.
Pablo Gamba
pablogamba@revistavertigo.info
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